4 · Las paredes de la casa

¡BLAM!

Y tras ese sonido, mi instinto hizo ponerme contra la pared.

Con uno de los palpos pude sentir a las cinco personas que nos encontrábamos en el salón y también pude trazar algunos cuartos contiguos, sin embargo, de alguna manera que se escapaba a mi tacto no podía dibujar toda la casa en mi cabeza. Y había algo más, otra presencia que no podía distinguir. Era como si dejara sus huellas dibujadas en el piso antes de que…

-¡Se está acercando a nosotros!

Todos voltearon a verme con incertidumbre en respuesta a mi grito y a mi lo único que se me ocurrió fue tomar de la mano a Tristán quien tomó a Juliana y así sucesivamente creamos una pequeña cadena humana. Me concentré en sentir la estructura de la pared, su composición y los materiales que la hacían ser. Era como hablar con ella para pedirle permiso de tomar parte de sus moléculas y combinarlas con las de cada uno de nosotros para que las hiciéramos nuestras y nos escondiera. Lo único que necesitamos hacer era que nos quedáramos en silencio, entonces  fue cuando la puerta crujió de nuevo y entró un… un… no sé qué era. Respiraba estruendosamente y caminó por la habitación hasta llegar al hombre sobre la mesa, lo inspeccionó con desdén y luego volvió su cara hacia donde nos encontrábamos. Cerré los ojos y me concentré en diluirnos en la pared hasta perder el aliento, dejar de ser seres vivos y que la cosa esa que nos buscaba no nos pudiera encontrar. Sentí las pisadas del monstruo humanoide dando vueltas por la habitación hasta que se alejó por una de las puertas. Cuando su presencia se fue más allá de donde podía dibujar la casa solté a Tristán y caímos todos al suelo, nadie se quejó del golpe; todos se palparon su cuerpo para comprobar que estaban completos. Tristán soltó una carcajada y me tomó de la cara.

-Pero por supuesto, tu carta no mentía, eres una tejedora del espacio -dijo sorprendido- creía que todos los de tu raza estaban desaparecidos.

-¿Una tejedora del espacio? -Era la segunda vez que me llamaban así, en el mismo día y nunca en mi vida nadie lo había hecho.

-Claro, los tejedores del espacio, hijos de la gran diosa Ixchel. Al principio no estaba seguro porque lo único que sabía de ustedes era lo que había leído en un viejo compendio de canciones de cuna y algunos artículos de arcaicas revistas de antropología fantástica pero al ver lo que acabas de hacer no me cabe la menor duda que existes.

-Pero… -interrumpió Isaac con severidad- es demasiada curiosidad que todos seamos los últimos, ¿no? He consultado los hilos del tiempo y no puedo encontrar otra firma de energía similar a la de ninguno de ustedes.

-Pues… de hecho… creo que lo que acaba de suceder no es del todo sólo culpa de Ixchel -añadió Tristán- Juliana nos mantuvo con vida mientras éramos parte de la pared, ella mantuvo nuestra integridad molecular mientras que Ixchel nos hizo ser parte de ese mismo espacio. En otras palabras, una nos consiguió el lugar y la otra hizo el acto.

 

Todo aquello era demasiada información para mi infante cabeza. No era posible que yo pudiera hacer eso, sobre todo cuando era tan mala jugando a las escondidillas. Pero había algo que carcomía más mi atención y eso era lo ocurrido con el hombre de la mesa. Me volví hacia él y los demás me siguieron sin continuar la discusión de nuestras habilidades. Ya más de cerca notamos que el hombre no tenía dos pares de ojos pero sí un palpo izquierdo. Su brazo derecho estaba lleno de tatuajes casi tridimensionales y tenía la mirada perdida. No muerta, perdida; sus ojos estaban totalmente en blanco y su mano izquierda sujetaba con fuerza pelos arrancados a algún animal.

Otro portazo interrumpió nuestra búsqueda de respuestas, uno más lejano. Me incliné al suelo y pude sentir de nuevo la presencia del monstruo a unas cuantas habitaciones. Era como si la casa cambiara de forma por sí sola. Miré a todos con preocupación y corrimos al recibidor gigante de la entrada. La puerta estaba tan cerrada que hasta podríamos jurar que sólo estaba pintada en la pared. Ni siquiera nuestras habilidades nos dejaban manipular aquél cachito de espacio. Los arrastrados pasos del monstruo se acercaban a nosotros y del otro lado del recibidor aparecieron dos escaleras que subían a un corredor con dos puertas en cada extremo, poco después aparecieron dos puertas más en el centro. en cada puerta se dibujaba un símbolo en el marco. Cuando los símbolos se hicieron completamente visibles las cartas que nos habían llevado a aquella mansión vibraron y en ellas aparecieron los mismos símbolos: En la mía había un triángulo con dos puntos, en la de Tristán un círculo con un triángulo interior, en la de Juliana había un cuadrado con dos círculos adentro y la de Isaac tenía una red compuesta por triángulos, círculos y cuadrados. Conforme sentía más cerca la presencia del monstruo el pánico me fue inundando. Buscando seguridad volví a tomar a Tristán de la mano y corrí con él a la puerta más cercana que sin querer noté que era la de mi símbolo. Cuando crucé su umbral pude sentir como me arrebataron a Tristán de la mano y él estaba del otro lado como si hubiera chocado con una barrera invisible.

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