Archivos de la categoría Cachito de Vida

Anécdotas ñoñas sobre el humor involuntario de la vida en general.
El slice of life, que le llaman.

El Quinqué en vivo

Faltan unos días para salirnos de la pantalla por primera vez y que en vez de cruzar palabras crucemos miradas, sonrisas e historias.

Vengan a La Mole en el WTC, en la Ciudad de México, del 18 al 20 Septiembre a hablar sobre ustedes, sobre mí, sobre el bosque, la mujer detrás de la niebla (Posters de la obra “Iseldis” incluídos), a hacer dibujitos y todo lo que quieran.

Seguro que la pasamos genial.

También, el 2 de Octubre sucederá  esto:

Flyer

Con libros, comida y la voz encontrada.

Yo que ustedes iba a todo, se va a poner padre 🙂

¿De qué hablamos cuando hablamos de miedo?

Si H.P. Lovecraft todavía estuviera vivo… en carne y hueso, pues, porque todos sabemos que sigue ahí escondido entre sus renglones, este año cumpliría 125 años.

Esos son muchos años de estar causando miedo con lo que hayas escrito.

Hace unos días los de Penumbria organizaron un picnic en tierras Lovecraftianas para celebrar el horror con pláticas, películas y demás en donde me gustó escuchar a la gente hablar sobre el miedo.

Soy de los que cree que los monstruos, fantasmas, la muerte, la destrucción, la sangre y la matadera no son lo que da miedo aunque Hollywood se haya encargado de catalogarlos a todos como “terror”.

El miedo es lo que nos podría pasar en lo desconocido. Y más que eso, el no saber qué es lo que hay más allá. La incertidumbre que causa el no ver qué es lo que te  llena de curiosidad, lo que te llama a avanzar sin saber qué desgracias (o maravillas) te esperan si te atreves.

Es por eso que el miedo, como el amor, es ciego pero no sordo.

Y la campanita suena, en algún lado, llamándote. Allá donde no puedes alcanzarla. Allá donde será demasiado tarde para regresar.

Todos los días haz algo que te de miedo.

Sólo espero que no involucre hacer pactos con demonios, hadas ancestrales de la mitología irlandesa que sólo quieran caos, perder la cordura y dejar la vida atrás.

Las cosas diferentes y otros resultados

Seguro has escuchado más de una vez la frase “para que las cosas salgan de otra manera, haz lo que nunca haz hecho” o el famoso “salte de tu zona de comfort”

El problema con esa zona, creo, es que te conviertes tú mismo en el gato de Schrödinger que realmente la caja de cartón donde estás atrapado es tu piel y tu existencia  misma.

Nadie sabe si estás vivo cuando sigues ahí dentro, ni tú mismo a decir verdad, lo digo por la experiencia propia que es lo que vengo a contar en éste cachito. He escrito por muchos años, más de diez, al menos. Y siempre he intentado lo mismo, enviar correos, entrar a concursos, esperar resultados. Es algo frustrante y muy deprimente que la vida se te vaya en esperar, debo admitir.

Van diez días de que empezó la campaña de Voz de Papel y han sido una locura de hacer cosas que nunca había hecho -empezando por la campaña misma-. Mi voz salió en el radio en Bizarro.fm (que en algún momento debe estar la repetición descargable para quien se la perdió), voy a estar en una convención con todo y mesa, salí a pegar posters, a repartir volantes, a correr la voz.

En resumen, a pedir ayuda.

Y la verdad ha sido de lo más divertido. Uno se siente vivo, como que sirve de algo y se tiene una razón de ser. Aún más cuando los terceros te apoyan y te enteras que sinceramente disfrutan de lo que haces.

Así que, por lo pronto, aquí ya sé que el gato sí está vivo. Ya hasta lo saqué, destruí la caja y espero que no se vuelva a meter a otra nunca.

Gracias a todos por leer, por vivir y por sonreír al hacer las dos cosas.

A encontrar todo lo perdido

Si son lectores asiduos a mis palabras quizá no necesiten que les cuente mucho sobre quién es el lobo de papel y por qué es que le escribí todo un libro a un personaje que nació de un usename en tuiter.

 

Me gusta que el tiempo ponga sobre el renglón cosas como esta, que cuando quiero compartir la peocupación sobre las cosas perdidas haya quien piense que recuperar lo perdido sería buena idea y quien incluso también cree algo, aunque sea poquito al respecto.

 

Es una de las razones por las que empecé éste blog, también.

 

Por que aquí no necesito de un algoritmo para que tú, que estás leyendo esto, puedas leerlo. Para que lo que se cuenta no se pierda en el scroll infinito y parezca que nunca se dijo lo que se dijo.

 

Recordar tiene su encanto.

 

Y bueno, para lo que originalmente inicié ésta entrada que sí tiene que ver con lo perdido pero más en un libro que en lo que se perdió en el internet (el internet, el internet, el internet el interneeeet~ *baila como un alguien*)
Ay, ya pues… muero de la emoción, los nervios y estoy contento porque el lobito que vive en esas páginas encuentre su voz entre todo lo que está perdido, ¿quieres saber cómo lo hace?

 

El final de todas las historias

Fables es un cómic que me acompañó durante trece años y que esta semana llegó al final de su publicación. Muchas últimas historias se contaron durante el último número y sin embargo todavía hay tanto que contar.

Así es como funciona la vida para algunos, ¿no?

Nunca hay relamente un final, simplemente uno decide dónde empieza, dónde deja de contar y hasta donde uno deja vivir a la historia para que cuente lo que quiera a los que la escucharon cuando se contó.

Eso es algo que me gustó mucho de cómo acabaron con Fables, mas que un final fue la celebración de una historia que siempre trató sobre saber con quién cuentas, sobre estar quien sabe estar y sobre todo, sobre las decisiones correctas.

Y leerla, sin duda, es una de las mejores que he hecho.

Sobre donas, conexiones y la fe en la humanidad

“No eres ningún extraño, leemos a los mismos autores” dijo alguien a quien le pedí un favor y que nunca he visto en la vida. Y entonces pienso, ¿cuantos  extraños tienes en tu vida que dicen conocerte, que te ven a diario (o no te ven nunca pero dicen ser parte de tu vida), que comparten tus días y sin embargo tener una conexión con ellos es de lo más difícil?

Es bien extraño y padre eso de conectar puntos.

En estos días pasé varias veces de un “mira, esto está padre”, “fui muy fan de lo que hiciste” con una persona que contestó “ah, órale, gracias” y el eslabón se rompió a un “que bueno que viniste, me gusta mucho lo que has hecho” con otra persona y que un par de horas después, entre el mar de millones de gente lo vuelvas a topar y te digan “hello again” con una sonrisa que te expresa un sincero gusto por verte de nuevo. O que después de platicar un minuto con otra te pidan un abrazo, sin saber quién eres al agradecer por sentirse vistos.

Por otro lado, hay un grupo en facebook que nació para reunir a los que apoyamos a cierta cantautoracompositora  en el que –al parecer- todos tenemos este tipo de hambre emocional si así quieren llamarlo. Y la interacción ha sido algo que yo jamás había visto, la gente se atreve a contar sus problemas, dan de los mejores consejos que he leído, cuando piden ayuda al menos un par la da (o a veces más de un par), cuando proponen una ociosidad se participa y nadie se queja y/o exige una explicación de porqué y cuál es el motivo ulterior de hacerlo. De esa manera he visto gente que se mudó de ciudad con ayuda, un montón de amistades nacer –un par conmigo incluso-, he recibido por correo un disco de música desde Alemania, un par de postales de otros países, trabajé con una chica en Escocia de lo más agradable y aunque nadie está aquí los considero más familia que la propia, escasa y poco presente familia que hace su vida en otras historias que no son la mía.

Así también tengo a mi manada que están físicamente cerquita: con quien puedo chismear con una cerveza, con quien puedo hablar de cómo y por qué funciona la música, con quien puedo viajar a ñoñear durísimo, con quien nos contamos cómo nos funciona la vida en nuestras ciudades que aunque están separadas los dos vivimos en ambas y compartir los mundos que leemos, con quien tener asilo cuando viajo a donde nací, con quien ser gordo de sillón y netflix. Todos ellos hacen que tejer la alfombra de la vida diaria y la cotidianidad se ponga padre, que las ausencias de los que dicen estar y no lo hagan no se note. Porque es obvio que habrá quien no acepte el abrazo, la dona o la sonrisa que ofrezcas con buena intención temiendo a que sea una trampa, cuando el mundo se pone feo es fácil perderle la fe a las buenas acciones y muy decepcionante que después te las cobren.

Toma la dona y tenle un poquito de fe a la humanidad, se pone padre a veces.

Y si la música es buena, baila.

De lo que hablamos cuando hablamos intensamente

Creo que lo más padre de la última película de Pixar es cuando al verla, también ves para tus adentros y entiendes por qué sucede lo que te sucede.

Entiendes el por qué del vacío del montón de islas que se te cayeron recientemente, de lo mal valoradas que tienes algunas emociones queriendo que se comporten todas como la felicidad (o alguna otra de tu elección).

Y entiendes que cuando todas juegan juntas, es más divertido.

Conecte los puntos, o los humanos.

Ya hemos leído, visto y escuchado mucha crítica sobre si Sense8 es una buena o mala serie.

Así que les dejaré mi chiste para los que ya la vieron y mantendré esto corto para los que no:

No leas más y vela, hazte de tu propia opinión y deja que aquella historia te cuente lo que A TI te tenga que contar.

Tenle paciencia.

Sí, quizá empieza algo lento porque empezar así es casi siempre, parece que no hay nada y al mismo tiempo hay mucho por hacer y por saber.

Algunas series nos han malacostumbrado a quererlo todo de golpe, pero si dejas que las escenas se vayan tejiendo su importancia, que descubras que quienes te están contando la historia te demuestren quienes son debajo de esa primera impresión, vas a disfrutar de un excelente capítulo 4 o con el 10 qué es lo que nos hace ser humanos y tener una conexión con todo lo que nos rodea.

Deja que te sorprenda, antes de quejarte de que no es lo que quieres que sea.

Déjala ser.