Archivos de la categoría Fósforos

Historias cortas y autocontenidas, aquí hay de todo para todos.

La ciudad bajo tus pies

(Sacado de la guía para conocer el Distrito Arcano)

Hubo un tiempo en el que se necesitaba un lugar donde resguardar a todos los que habían desarrollado alguna habilidad paranormal. Has escuchado este tipo de historias en más de una ocasión: el profesor que quiso enseñarles a todos los iguales a él a usar sus poderes y entender quien son, la escuela de magia a la que sólo se llega por tren, cachitos de tiempo congelado donde se repite el mismo día una y otra vez, incontables ciudades subterráneas y muchos otros lugares como la ciudad que -si te encuentras leyendo éste folleto- se encuentra bajo tus pies.

La fundación del Distrito Arcano, sin embargo, tiene su historia en la necesidad de un refugio para quienes su magia y apariencia depende del arte. La vida antes de que el Distrito existiera no era fácil, uno tenía que mantenerse escondido y fingir que era otra persona para no ser juzgado por quien no entiende. Sí, sí, otra de esas historias. Hay quienes lo tenían más sencillo ya que su apariencia podía encajar en la sociedad sin problema pero para los que habían cambiado a alguna “monstruosidad difícil de explicar” no era llevadero el tener que esforzarse en ser invisible ante el mundo.

Fue así que el consejo de los cuervos juntó a los representantes de cada sector y les regaló una hoja en blanco en la que podían crear su propio barrio en una dimensión alterna que corría al mismo tiempo que la nuestra.

Y al principio todo funcionó.

Hasta que salió la oposición de ideas sobre los barrios de los otros, sobre la ubicación de cada uno, sobre el viaje de regreso a Allá Lejos y todas las comodidades que la gente quería pero no estaba dispuesta a adecuar a su nueva ciudad. Sin el orden necesario, todos querían tener más que los demás y con el choque de ideales no era posible crear un paraíso para todos por igual. En la rebelión resultante, la ciudad terminó incendiada y fue así que el concilio de las Bellas Artes nació para mantener al arte fuera de las manos del caos.

El Distrito Arcano se reconstruyó en otra página como una ciudad gemela a la de Allá Lejos con su entrada a la dimensión temporal donde se encuentra por el sistema de metro de ambas ciudades.

El llavero de la estrella es quien te da la bienvenida.

Que disfrutes tu estancia y que nunca necesites ser invisible.

Zarzamora y lo que no se terminó de contar.

Hace cuatro años y un par de meses -pinche tiempo que prisa tienes- estaba yo ayudando a mi madre a entretejer una historia sobre una brujita que no encontraba su escoba, que tenía dos corazones, que le gustaba cantar, que perseguía ciegamente la espalda Orfeo -aunque el mito le advirtiera que eso no iba a acabar bien- y que una enfermedad que amenazaba con matarla.

Pocos meses después lo mismo le sucedió a mi madre y la amenaza se cumplió,  así que la palabras dejaron de caer de su cabeza  a la pantalla y la historia se quedó a medio hilar.

Éste es el inicio de ese algo que quizá algún día acabe. O quizá no porque sólo ella sabía lo que quería contar pero me encontré los apuntes entre mis textos, al hacerlo casi pude escucharlos rogarme porque los compartiera y no encontré una buena razón para decirles que no, así que de eso se trata el fósforo de este mes, espero lo disfruten. 

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¿Cuándo te bajaste del metro?

Nadaba en un mar de gente que esperaba lo mismo que yo, que algo llegara y nos llevara de pronto. Que se parara ante nosotros, abriera sus puertas y poco después nos dejara en otro mundo, en otra vida o al menos, en esta ocasión, en otra estación dentro de la misma ciudad. El tren llegó y el oleaje nos empujó adentro. Ahí un alma en pena empezó a gritar “Si mire… señor, señorita, en esta ocasión le vengo ofreciendo” y sacó los chocolates que nadie compró.

“La gente invisible que fuera de este vagón no existe” pensé al notar como la dejaban pasar como si no estuviera ahí. Cuando esa frase llegó a mi cabeza el tren se detuvo a la mitad de la nada y apagó las luces.

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El último cigarro

Daniel se encontraba sentado al lado de Julio en el trigésimo cumpleaños de María. Compartían la última cajetilla de cigarros de la noche. A las 4 de la mañana es difícil conseguir más, así que eran el tesoro de la noche.

Julio le prendió uno y con él, prendió el suyo. Por alguna razón Daniel se sonrojó. Impresionado, le dio una fumada con la que su mente se nubló y empezó a divagar entre el humo.

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En la ciudad de Allá Lejos

(Tomado de las anotaciones del moleskine de cierta mujer que puede -o no- tener buenas razones para querer destruir el Café de Nadie.)

La capital de éste país es la ciudad de Allá Lejos, también es la tercera ciudad más grande y la segunda más habitada del mundo. Mucha gente la detesta por estar tan llena de gente, de contaminación, de delincuencia, pero también mucha gente la ama porque le encuentra el lado entrañable.

Creo que es como todo, entre más grande sea tiene más cosas buenas y más cosas malas. Sólo es cuestión de saber por dónde, cómo y con qué tacones caminar.

Aunque he visitado ciudades mejor cuidadas, más impactantes y mejor organizadas; y vaya que he visitado muchas ya que mi profesión me hace viajar bastante por todas ellas, ésta ciudad siempre tendrá un espacio en mi corazón por haberme ayudado cuando estaba perdida y no tenía a donde ir.

Siempre hay algo que hacer en ella. No importa a donde mires, algo está sucediendo. Hay en el sur una colonia con un gran parque, llena de artistas, que me recuerda un poco al callejón donde empezó toda mi historia. También, tiene un gran teatro de las bellas artes en el centro, justo afuera de una estación del metro que es una réplica de la entrada a una estación del metro de una ciudad cercana a la ciudad de Donde Nunca.

Si la pudiera comparar con alguna otra, diría que lo más cercano es a la ciudad de Donde Nunca, en un país del otro lado del océano donde se habla otro idioma. Ambas son mayormente nubladas (una por que todo el tiempo llueve y la otra por el smog), húmedas, tienen una gran red del metro que distribuye a su población de un lado a otro y lo más importante: debajo del metro existe una ciudad paralela, el Distrito Arcano, construida por y para gente como nosotros. Gente que se esconde del ojo humano de las maneras más inteligentes, sutiles y… “a la vista” posibles.

Llevo más de treinta años habitando en ella cuando mi carrera no me mantiene viajando para entretener al mundo de los que no son como nosotros. En ella encontré un hogar y una justificación para mi hambre, una razón para mi existencia, el arte no es para personas que lo entreguen al mundo, personas que lo dejan pasar y no lo devoran, es para nosotros.

Nosotros somos el arte y nosotros lo hacemos ser.

 *****

(En alguna otra página de la misma libreta)

Gracias a la llave-estrella por dejarme entrar y al pequeño fantasma que me la regaló. Que sin ella no hubiera aprendido sobre la fuerza que ahora poseo, no sería capaz de reclamar lo que alguna vez fue mío, lo que extraño y aquel callejón donde te perdí al ganar esta hambre insaciable. Por eso mismo, El Café de Nadie debe caer. Si yo perdí todo lo que fui para ser lo que ahora soy, el mundo puede todo lo que tú quieres.

El mundo sabrá de nosotros, querido, aunque sea lo último que haga.

Larga vida al arte en manos del arte.

Emily La’vie

Fui solo un expectador

Una parte de mi pudo evitarlo pero no hice nada, sólo observé ahí, en silencio.

Pude verla a través de la ventana como caminó hjasta ese punto y su gran sonrisa que sin problemas le daba la vuelta al mundo para llegar hasta el otro extremo de su boca se transformó en miedo.

El pánico la inundó por toda la vida que estaba a punto de caerle encima.

No era muy grande, la vida, de hecho ni siquiera se si llamarle vida.

Era una bestia, una como esas que se dedican a absorber la vida de los demás con la intención de recuperar la que perdió miles de años atrás no estoy muy seguro cómo clasificarla.

La mujer iba tan segura de sí misma, como siempre; no es la primera vez que la observo. No se si será la última. Nunca le importó pasar por encima de la gente y dejar atrás todo lo que le estorbaba. Por eso siempre estaba sola. Supongo que por eso le dio miedo al ver lo que estaba por caerle encima.

Era ella misma, sus ambiciones, sus deseos y sus ganas de comerse al mundo la mataron para poder avanzar y pisotear sin que tuviera remordimientos de conciencia.

Desde entonces no sonríe.

Aún la veo a la vuelta de la esquina, en el café, en el transporte público y en el centro comercial.

Pero ese día fue el último que la observé.

Una guerra sin apellidos

¿Esto es mi casa? No es la usual bodega de vinos abandonada donde suelo vivir; es una gran mansión, docenas de cuartos, un colosal salón, un comedor, todo un monstruo de gente adinerada. Definitivamente nada comparada con mi actual vivienda. ¿Por qué siento esa familiaridad como la que se siente en mi bodega? Espera, ya lo recuerdo, era donde habitaba cuando mis padres aún tenían vida.

Éramos la última familia de chamanes de un clan muy importante, los Aevar.

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Ropa pintada

Llevo una hora aquí sentado en la acera de enfrente de ese edificio azul con gris; ella no ha tendido su ropa hoy.

Quizá me tiren de loco, pero creo que me he enamorado de una mujer, por la forma en que cuelga su ropa desde aquel balcón en el tercer piso.

Dos semanas de ver infinidad de balcones por una hora entera, todos exhibiendo sus ropas colgadas, me hace pensar cómo es que cada uno de esos espacios puede reflejar la personalidad del dueño.

Es como si la que estuviera colgada fuera ella y su vida diaria.  La vida de uno en una soga, ¡Ja! ¿Cuántas veces se han sentido así?

Como si las sogas fueran las calles y las ropas, las personas. Mira, la del piso 6 va de fiesta. Y al parecer a un lugar muy caro: ese vestido no se lo pone uno nomás por nomás.

El señor del 4 se queda en casa a ver el fútbol.

Ella, mi niña, pinta. Va en busca de un ángel azul mientras le pone color a su lienzo, dándole forma a su imagen mental de ese momento, con su material favorito: El óleo. Es una persona ordenada a su manera que si uno ve por primera vez su balcón, pensaría que es un desorden de mujer; pero en dos semanas le he encontrado mucho orden. Extraño, pero orden después de todo.

Una persona de complexión no muy ancha ni alta a la vista de su talla de ropa; simple, comunicativa y artista. Cómo si colgara su ropa a pinceladas.

¿Cómo? No, no la he visto de cercas en persona, ni he entablado conversación con ella. De hecho, hoy no espero a que cuelgue su ropa. Llegué muy temprano para nuestro primer encuentro.

Como un lienzo

Ante de empezar tengo que contarles que este cuento se desarrolla mucho antes de todo lo que sucede en La mujer detrás de la niebla.

Es un cuento que nació mucho antes de que escribiera todo lo que es aquella historia, antes de que fuera una novela llena de capítulos (y por esa razón lo pongo aparte), básicamente es la noche en que Elliot conoció a su mujer.

Sí, esa mujer.

Bueno, aquí va:

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