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En la isla de Angharad hay un pequeño circo-teatro que monta la obra de “Iseldis” de ciudad en ciudad. En la misma isla hay una ciudad impenetrable, un grupo de gente que busca destruir las artes arcanas, maestros arcanos que temen a la aparición de una mujer que podría destruirlo todo y una mujer que interpreta al personaje de Iseldis sin recordar de dónde viene y qué tenía que hacer antes de que el circo la adoptara.
Todos estos hilos están unidos a la telaraña que es el misterio de la mujer detrás de la niebla.

La niebla le da paso a una mansión y un asesinato.

Como habrán leído, “La mujer detrás de la niebla” terminó el mes pasado y bajo petición de  que compilara toda la historia para que pudiera leerse en otros dispositivos fuera de la web vengo a traerles el ebook (versión .mobi ) que puede conseguirse de dos maneras para apoyar a que se sigan contando historias a la luz del Quinqué.

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Por otro lado, la imagen de aquí arribita viene a invitarlos a una nueva historia aquí a la luz del Quinqué; capítulos mensuales llenos de misterios, un asesinato, cuatro personas, anfitriones anónimos y una gran mansión que parece tener vida propia. 

Escrita a cuatro manos entre yo -el Ian que ya conocen- e Irving.

Espero se queden aquí durante todo el recorrido, se va a poner bueno el asunto 🙂

Epílogo · Oportunidad etérica

Dahlia… Dahlia… escúchame.

Al escuchar aquellas palabras, Dahlia sintió la presión de la oscuridad sobre ella, pero también sentía cómo la caricia del Viento aligeraba su peso.

−¿Éter? −dijo recostada sobre la oscuridad, sin abrir los ojos.

Bienvenida de nuevo resopló el Viento.

−¿Estoy muerta? −preguntó con una sonrisa.

Depende… resopló el Éter.

−¿De qué? −preguntó ella abriendo los ojos para mirar la luz verde en el horizonte y descubrir que esta vez estaba mucho más cerca.

¿Quieres estar muerta y descansar en paz? Soltó las palabras el impaciente Viento.

−¿Tengo otra opción? −cuestionó Dahlia mirando hacia arriba.

Sí, que nos ayudes a luchar sopló traviesamente el Viento con intención de  levantarla del suelo.

−¿Contra quién? −preguntó extrañada− Saben que no soy muy hábil, que nunca he librado una sola batalla.

Sí, pero eres un alma libre, no tienes cuerpo, nuestro pacto con el mundo no te afecta, nada te ata a él. Nosotros podemos darte un cuerpo nuevo, sólo tendrías que bañarte en mi corriente. No sería un cuerpo de carne y hueso como el que alguna vez tuviste, ni funcionaría igual, pero podrías ser una persona tangible si así lo deseas y tendrías una vista especial: la nuestra.

Nosotros te enseñaríamos a usar ese nuevo cuerpo y te entrenaríamos para la batalla. Antes de decidir, debes saber que el Gremio quería matarlos, a ti y al bleizen de fuego, para poder llevar a cabo el exterminio de Angharad silenciosamente, para que nunca nadie supiera lo que sucedió. Su ignorancia y su soberbia no tienen límites: quieren destruir todo aquello que tenga que ver con nuestras artes arcanas: las ciudades, personas y demás; quieren que todas las razas de todos los continentes, no sólo de Angharad, olviden que existimos. No se han dado cuenta que los bleizen son una raza privilegiada. El agua, el viento, el fuego y la tierra son el Éter dividido en cuatro. Yo puedo ser sin ellos, pero los elementales no pueden existir sin mí. Están hechos de esta corriente, por eso no pueden aprender a usar las artes, porque ellas son su esencia.

−¿Y el ejército de Kali y Bhel? −preguntó rápidamente antes de siquiera pensar en su oferta. −¿Qué no se acabó la guerra, ya?

Piénsalo, si supiéramos que ganarán… ¿estaríamos aquí pidiéndote ayuda?

−¿Han muerto muchos? −interrogó una vez más, esperando escuchar que el Circo del Alma y sus integrantes se encontraban con bien. Se puso de pie rápidamente y dudó si avanzar o no.

¿Tu ciudad y todos sus habitantes no te parecen suficientes? Rugió el Viento en tono de reproche. Del ejército de los dos hermanos, murieron unos cuantos soldados, pero una cantidad muy pequeña en comparación a los bleizens que volvieron a mí cauce. Eso hizo que retrocedieran, pero volverán a atacar y necesitamos estar listos para entonces.

Está bien, acepto. Aunque sigo sin entender porqué yo −dijo avanzado lentamente hacia el río, pues la presión de la oscuridad trataba de aplastarla para hacerla parte de su negrura. El Viento cálido la empujó suavemente  a su nueva vida.

             Porque tú eres Iseldis.

             Tienes que regresar a proteger lo que es tuyo.

XX · Sólo ceniza

Total, no tengo nada que perder. Pensó Dahlia recordando que cuando se unió al circo dijo exactamente las mismas palabras antes de abordar el tren. Abrió las puertas y se adentró a lo que en sus recuerdos era un glorioso salón real.

−¿Quien está ahí? −dijo la voz que había estado buscando.

−Dah… Dahlia. −contestó nerviosa, pues la había tomado por sorpresa.

−Todavía estás aquí… −dijo una figura que, al ponerse de pie, la luz de la luna dejó ver que no era una sombra.

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XIX · Dentro del misterio impenetrable

−¿Entonces a ti también te persigue el Gremio? −preguntó Dahlia mientras veía el terreno que sobrevolaban, ya habían visto grupos uniformados de blanco peleando contra otros de negro.
−Sí, desde hace como dos meses, sí. −dijo Alieth separando su mirada del camino para verla a ella− Pero he luchado contra ellos, no se transformaron en bestias como tu me has contado.
Dahlia no entendía porqué si Alieth se había enterado de todas las mentiras que le había dicho, la estaba ayudando a llegar a Enör con tanto empeño. Enör estaba mucho más lejos de lo que suponía, pero el placer de ver todo el trayecto desde el cielo, nunca dejó de impresionar a Dahlia.
−Es curioso que todo este caos y esta guerra sean porque salí de mi ciudad, ¿no? −dijo Dahlia sin separar la vista de los grupos en pugna abajo en la isla− Supongo que por eso a los míos no les gustaba salir de Enör.
−Y aquí estamos huyendo de esa guerra −dijo Alieth riéndose de su mala broma.
−Sí… −dijo Dahlia tristemente −Que patético. ¿Por qué terminó todo así?
−¿Cómo esperabas que terminara? −le preguntó interesada en aquella pregunta.

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XVIII · La noche en la que el show continuó

El Circo del Alma estaba en silencio profundo. La carpa principal erguida imponía su presencia en el lugar, todo estaba bien montado, los puestos y toldos adyacentes estaban acomodados como si tuvieran ahí más de un día. Ni siquiera Karad, que siempre es el último en ir a dormir, estaba despierto. Al notar esto, Dahlia convenció a Alieth de que pasara la noche en su camerino, podría descansar y a la mañana siguiente obtendría todas las respuestas que quisiera. Las dos siluetas femeninas eran como un par de sombras que navegaban a través del silencio y la oscuridad de la noche.

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XVII · Ver desde adentro

Los preparativos para el nuevo viaje habían requerido más tiempo del pensado, llevándose consigo las horas de sueño de los integrantes del circo. Habían estado demasiado ocupados alistándose, viendo cómo partía la ilusión creada por Bhel y esperando a ver si el ejército del Gremio mordía el anzuelo. Para cuando el circo ilusión se topó con ellos, el original ya había desaparecido de la vista humana, de nuevo bajo el mismo decreto que la adivina utilizaba desde que necesitaron no ser vistos.

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XVI · El show debe continuar

−… Hoy no ha sucedido nada fuera de lo normal. La última función salió muy bien y pues… los vi a ustedes y ya saben lo demás. –dijo Dahlia con tono de agradecimiento a los tres estudiantes de la Torre que la habían visitado. Habían escuchado sobre su vida durante varias horas. Se sentía satisfecha y relajada sin notar lo avanzada que estaba la noche fuera de su pequeño toldo. Contarle tus problemas a un desconocido sí sirve después de todo. Pensó alegre sin darse cuenta que precisamente eso se le estaba haciendo costumbre.

Los tres jóvenes que habían sido oyentes la miraban con expectación. No se habían dado cuenta de que, aunque no era el final, estaban al día de la historia y por aquella noche, no había más que contar.

−¿Y qué sigue? ¿Qué vas a hacer? −preguntó Aven más interesado en la historia del pintor que en la actual intangibilidad de la mujer. Sus amigos lo voltearon a ver con los ojos bien abiertos, era una pregunta de doble filo que les podría enseñar un poco más de aquella historia, pero también podría significar estar entrometiéndose en terrenos que no les incumbía.

−No sé… −suspiró la mujer− Creo que seguir aquí, me gusta el circo y su gente.

−Pero… ¿y tus sueños? ¡Tienes que volver! −demandó Vhan molesto. La apatía con la que hablaba aquella mujer que, por lo menos él, admiraba hasta hace unos momentos le daba lástima. De cierta forma la consideraba patética, si por él fuera, correría a buscar respuestas, no a encerrarse en un circo donde se sentía especie en extinción. Pero recordó que así era como él funcionaba, no podía hacer que todo el mundo pensara como su cabeza solía hacerlo.

Dahlia mostró una leve sonrisa de asentimiento.

−No sé como regresar. –dijo avergonzada.

−¡Preguntando! ¡No puedes quedarte a esperar que las respuestas lleguen a ti! Eso nunca va a pasar… ¡Tienes que ir a perseguirlas! −explotó en furia Vhan− Si llego a conocer al pintor ese…

−Vhan… basta, el pintor no hizo nada. −dijo Rheud exasperado por la agresividad de su amigo− Es más, él está haciendo lo que tú dices… buscando sus respuestas.

La discusión de los aprendices fue interrumpida por las cortinas de la pequeña carpa que se abrieron a sus espaldas. Voriana y Bramms se sorprendieron de que los jóvenes aún estuvieran con ella. El festival nocturno tenía casi una hora de haber sido cerrado.  Lo único que quedaba fuera, era la carpa principal desmantelada, casi lista para iniciar el viaje a su siguiente destino a primera hora del siguiente día.

−Siento interrumpir su conversación, pero ya es un poco tarde muchachos. −dijo Voriana− No es por correrlos, pero tenemos que viajar mañana temprano y descansar es algo que todos apreciaríamos.

Lo había dicho tan rápido que tomó por sorpresa a los tres estudiantes, que con cara de haber visto un fantasma, escucharon más atentamente lo que la adivina estaba diciendo. Rheud notó un reloj de arena que se encontraba en una esquina de la carpa.

−Perdonen, perdimos noción del tiempo, en un momento nos vamos. −dijo Rheud poniéndose de pie para hacer una pequeña reverencia− Gracias por la función, nos gustó mucho a todos.

−Me da gusto que la hayan disfrutado. Gracias a ustedes por venir. –añadió la adivina contenta por el halago− Dahlia, en cuanto te desocupes, Karad quiere verte.

Las cortinas se cerraron de nuevo, dejando a la enöriana sola con los estudiantes. Se miraron unos segundos tratando de recordar lo que habían dicho antes del contratiempo. Sin decir nada, Aven y Vhan se pusieron también de pie.

−Fue un placer conocerte. −dijo Rheud haciendo otra reverencia− Espero vuelvan pronto a Kynthelig para que nos cuentes qué pasó después. Y pues… ¡Que tengan buen viaje! ¡Cuídense mucho!

−El placer fue mío −respondió Dahlia− Gracias por escucharme.

Los otros dos asintieron y se despidieron con una sonrisa. Salieron de la carpa dejando la cortina abierta. Dahlia se quedó sentada, recapitulando todo lo que había contado. Con un suspiro se puso de pie y arregló sus ropas para acudir al llamado del director.

−Oye… −escuchó una voz que la llamó desde afuera. Al voltear, vio que se trataba de Vhan.

−¿Qué pasó? ¿Olvidaste algo? −dijo ella acercándose a las cortinas para salir.

−Cuando nos volvamos a ver, espero que hayas ido a arreglar todo y pueda darte un abrazo. –dijo Vhan nervioso− Es todo.

Antes de que Dahlia pudiera siquiera abrir la boca, el aprendiz de arcano corrió lejos de ella para alcanzar a sus amigos. En ningún momento volteó la mirada para ver si ella seguía viéndolo mientras se alejaban.

−Yo espero que nos volvamos a ver.  −dijo ella pensando en voz alta cuando los vio desaparecer de su vista.

 

Al ver todo el circo desmantelado sintió un vuelco en el estomago, su seguridad estaba a punto de extinguirse, por lo menos hasta que llegaran al otro pueblo y realmente los pudieran proteger como en Kynthelig lo habían hecho. En cuanto salió de su toldo, Tallod y un par de enanos se prestaron para desarmar la única carpa que quedaba de pie. Todos los demás estaban encargándose de subir todo al último vagón de la caravana destinado para eso. Éste era uno de esos pocos momentos en los que agradecía no poder tocar nada, ya que no le asignaban ninguna tarea en específico a la hora de empacar el circo y viajar. Con esa libertad caminó hacia el primer vagón donde estaba la gran mesa en la que solían cenar todas las noches. Si de por sí ya traía un nudo en el estómago por ese sentimiento de que algo malo se aproximaba, ver lo que sucedía en aquella mesa lo empeoró todo. Karad estaba dándole la espalda y frente a él estaba Bramms, con la cara de niño regañado que suele poner cuando lo sorprenden en alguna de sus travesuras.

Ella avanzó hacia el carro lentamente con la esperanza de que algo sucediera y cambiara las cosas, lo que sea que fueran. No quería que sus presentimientos se hicieran realidad y los regañaran por contemplar la posibilidad de irse del circo, no sabría qué cara poner ante ellos si eso sucediera. La mirada triste que la vio acercarse para subirse al vagón  hizo latir su corazón más rápido que lo que el mismo tren del podría ir jamás. El director la volteó a ver con una gran sonrisa como si su carta triunfal hubiera llegado.

−Que bueno que llegas, Dahlia −dijo el director poniéndose al lado de Bramms, el tono de voz tan serio que había usado encajaba con el momento que se estaba armando en su cabeza a la perfección− Estamos discutiendo el plan a seguir, Bhel no tardará en llegar para crear los espejos que nos ayudarán a escapar.

−¿Y me necesitas para algo? −dijo ella aún asustada.

−Algo por el estilo… −se interrumpió para mirar de reojo a Bramms, si su mirada hubiera sido una espada, estaría partido en dos− Tu amigo aquí me ha hecho notar que no sabemos qué opinas de todo esto.

−¿Yo? −dijo volteando a ver a Bramms en busca de qué decir, el ser de fuego solo bajó la cabeza en silencio.

−No, tú no, la otra enöriana que Voriana se preocupa tanto por defender. −dijo Karad sarcásticamente.

−Estoy muy agradecida de que hagan tanto por mí. −dijo mirando al suelo− Pero no se me hace justo que yo me quede sentada esperando a que se solucione todo.

El director se carcajeó al escucharla y le dio unas palmadas en la espalda a Bramms dejando recargado su brazo sobre su hombro.

−Entonces era cierto lo que Bramms decía −dijo aún riéndose.

−¿Qué? −dijo ella

−Eso… que te sentías incómoda, que pidiéramos tu opinión. −dijo mucho más relajado- Pero tú no te preocupes por eso, fue decisión de Bhel y no eres la única que se quedará sentada esperando a que se solucione todo, estamos todos contigo.

−E… ¿en serio? −titubeo Dahlia antes de estallar− ¡Pero si ni me conoce!

−Pero a Voriana sí y han sido amigos toda la vida, se preocupa mucho por ti porque él y Voriana siempre han compartido sus problemas más allá de lo normal −dijo molesto, tanto que si Dahlia lo conociera mejor, podría decir que estaba celoso.

−Solo tenemos un pequeño inconveniente con el plan –interrumpió Bramms, quien ya conocía los ataques de celos de Karad.

−¿Y ese es…? −preguntó ella sin darse cuenta de nada.

−Que no sabemos si el maestro de Bhel tiene una barrera protegiendo Zhür como la tienen aquí. −dijo Karad regresando a su tono normal de hablar− Sólo tenemos la suposición de que así será, porque si no, ¿de qué otra manera nos podría proteger?

−Si es así, yo no podré entrar a Zhür –dijo Bramms con la voz de tristeza que ella esperaba escuchar desde que los vio a lo lejos.

−¿Y qué haremos si no puedes entrar? −dijo ella tratando de encontrar una solución. ¿Cuál es el plan “B”?

−Tendría que irme a donde me pueda esconder −sus palabras habían sido como un disparo contra ella, sabía lo que significaban, si no se decidía pronto la dejaría atrás.

−Podrías esconderte en un lugar cerca y una vez que averigüemos que todo está a salvo alguien vaya a recogerte a ese lugar, ¿no? –dijo ella tratando de ganarse un poco más de tiempo.

−Eso es lo que yo opino también −dijo Karad− Pero no se me ocurre dónde.

−Ellioth, en una de sus cartas, había dicho que había una casa cerca del pueblo, donde viven los sabios. Con un poco de suerte, esa casa no entra en el rango de protección del maestro de Bhel. −sugirió sintiéndose poseedora de la mejor idea del mundo.

−Pero… −quiso discutir Bramms.

−¡Es muy buena idea! −interrumpió Karad− Dicen que son amigables, no creo que se nieguen a ayudarnos.

−Hay que preguntarle a Voriana a ver qué opina, ¿no? −dijo Bramms sin saber qué decir, por un lado no le gustaba mucho la idea, ya que no podría ejercer presión para que Dahlia decidiera.

−Yo voy a buscarla −dijo Karad cuando ya  bajaba del vagón− ¡Quédense ahí! ¡No se vayan a ir!

Los dos restantes en el vagón mantuvieron un dialogo de miradas en silencio hasta que el director se hubiera perdido de vista.

−¡Estaba tan asustada! −le dijo para romper el silencio.

−¡Yo también! −le contestó soltando todo el aire que traía dentro.

−¿Tú porqué? –dijo ella al no esperar esa respuesta.

−¡Pensé que se habían enterado de nuestro plan! −dijo sonrojado.

−¡Sí! −dijo ella entre risas− ¡Yo también!

−Que sonsos −dijo él, más alegre.

−Ya sé… mi corazón estaba a punto de dejar de latir del miedo.

−Y… − dijo él de repente− ¿tú irías por mí con los sabios?

−No creo que me dejen ir sola si se supone que soy lo que protegen. ¿No crees?

−¿De qué sirve hacerles caso si nos vamos a escapar? −dijo él tentando su suerte. La mujer suspiró sin saber qué decir, miro al caminó por donde Karad se había ido y vio que ya venía de regreso y con compañía, Bhel se les unió para empezar a ejecutar todo como estaba planeado. Sentía que el tiempo que se le acababa, pero no se atrevía a contestar lo que fuera que quisiera salir de su boca. Lo volteó a ver y aquella mirada de niño esperando que le dijeran que sí para realizar una travesura la cautivó.

−Está bien. −dijo mirándolo a los ojos sin saber si eso era lo que quería contestar.

−¿En serio? −dijo él con una sonrisa que fácilmente podría estirársele hasta las orejas.

−Sí, −dijo feliz por verlo tan alegre, pero le preocupaba un poco la cercanía− ahora cambiemos de tema que ahí vienen.

−Si pudiera, te abrazaría bien fuerte −dijo emocionadísimo con la sonrisota en la cara. Los dos trataron de acomodarse para recibir a los tres que se acercaban rápidamente hacia ellos.

−¿Qué tal? −pregunto la adivina desde abajo cuando estuvo lo suficientemente cerca, se oía muy emocionada también− ¿Ya están listos? Vengan con nosotros, vamos a organizarnos bien para que esto salga de la mejor manera.

−Listísimos −dijeron los dos al unísono antes de bajar del vagón y unirse al grupo.

XV · El plan a seguir

−Por lo que me cuentan… no creo que enfrentar al ejército del gremio, solos, sea buena idea. −Dijo Bhel rascándose la barba con una mano− Necesitamos ayuda.

−¿Nosotros? −dijo Fenez que se había unido al grupo recientemente, se veía un tanto fuera de lugar al no saber de qué estaban hablando.

−¡Claro! ¿Acaso creen que los voy a dejar solos? −dijo el director de la torre mientras caminaban por los pasillos de la torre. Bhel iba a la cabeza del grupo, guiándolo hacia pisos arriba según ellos creían. Pero cuando bajaron un par de pisos, caminaban hasta el otro lado del gran edificio, luego volvieron a subir un par más por otro lado, todos menos Voriana se sentían absolutamente perdidos. Siguieron al hombre de pelo blanco por unos minutos hasta llegar a un piso muy amplio y lleno de gente que dejaba ver las puertas abiertas hacia el exterior.

−Vayan e instálense donde quieran −dijo Bhel deteniéndose en las puertas de la torre volteando a ver a todo el grupo del circo.

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Como un lienzo

Ante de empezar tengo que contarles que este cuento se desarrolla mucho antes de todo lo que sucede en La mujer detrás de la niebla.

Es un cuento que nació mucho antes de que escribiera todo lo que es aquella historia, antes de que fuera una novela llena de capítulos (y por esa razón lo pongo aparte), básicamente es la noche en que Elliot conoció a su mujer.

Sí, esa mujer.

Bueno, aquí va:

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XIV · Lo que el viento sabe

¿Éste jardín otra vez? Pensó la enöriana al descubrirse una vez en el mundo de sus sueños. A lo lejos, donde termina del jardín flotante, podía observar la neblina subir y dispersarse por un cielo tan gris que anunciaba que algo no estaba bien. A través de la niebla todavía alcanzaba ver el castillo en ruinas decorando el fondo del lúgubre escenario.

Como un relámpago en su mente,  llegaron los recuerdos de lo que había sucedido antes de descubrirse en ese lugar y se puso pálida al darse cuenta que soñar es lo último que debería estar haciendo.

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