Archivos de la categoría La mujer detrás de la niebla

En la isla de Angharad hay un pequeño circo-teatro que monta la obra de “Iseldis” de ciudad en ciudad. En la misma isla hay una ciudad impenetrable, un grupo de gente que busca destruir las artes arcanas, maestros arcanos que temen a la aparición de una mujer que podría destruirlo todo y una mujer que interpreta al personaje de Iseldis sin recordar de dónde viene y qué tenía que hacer antes de que el circo la adoptara.
Todos estos hilos están unidos a la telaraña que es el misterio de la mujer detrás de la niebla.

XIII · Donde a uno no lo quieren

La caravana del circo avanzó a toda velocidad por el camino a Briah. De no ser por la invisibilidad que Voriana había decretado a todo el tren, el viaje hubiera sido mucho más largo ya que hubieran tenido que transitar por terrenos circundantes a los caminos, los cuales, dicho sea de paso, tal cual la adivina había previsto, estaban plagados de  personas con el mismo uniforme blanco que portaba la bestia de hielo que los había atacado, mismos que para el circo servían como señal de que debían desviarse. Era muy probable que no pudieran ser vistos, pero no querían dejar entrar la posibilidad hasta tener una estrategia a seguir. Conforme avanzaban entre bosques y llanuras veían que el número de gente de blanco iba disminuyendo considerablemente, se concentraban en los poblados como si fueran una infección que apenas empezara a contaminar la gran isla de Angharad.

Seguir leyendo XIII · Donde a uno no lo quieren

XI · Tres reglas y una despedida

El sol estaba en lo más alto, escondido detrás de un par de nubes perdidas que pasaban por ahí. Eso hacía que el día fuera perfecto para el circo, aunque un aire de nostalgia rondaba entre sus integrantes. Desde aquél día en que los enanos robaron el cartel, la presencia de Ellioth en los ensayos diarios se hizo casi obligatoria, Les había agarrado tanto cariño a todos en el circo que no faltó ni un sólo día. Sabía que en algún momento tendrían que separarse y recorrer caminos distintos, así que decidió aprovechar el tiempo que podía tener su compañía. A todos los participantes en la obra les agradaba tener público durante sus ensayos, la presencia de Ellioth los hacía sentir que no eran una proyección tecnomágica abandonada que se repetía una y otra vez sin que nadie la viera.

Seguir leyendo XI · Tres reglas y una despedida

IX · Admisión doble

El circo estaba a oscuras, poca gente transitaba por los pasillos del carnaval nocturno aunque la fiesta todavía seguía en el foro de la entrada. Las carpas estaban en su mayoría cerradas, pero una lucecita salía de una de ellas, como si no se hubiera dado cuenta que la fiesta se había movido de lugar. Dahlia había estado contándole su historia al trío de estudiantes durante la noche.  Para ellos, la fiesta estaba en sus palabras más que en lo que sucediera fuera.

Seguir leyendo IX · Admisión doble

VIII · Maestro del color

−¿Alieth? ¿Se llama Alieth? −preguntó Dahlia señalando el cuadro.

El pintor observó el retrato sin responder y luego miró a la enöriana con cierta repulsión.

−¿Quién eres? −dijo haciendo ver que estaba molesto.

−Yo soy… Dahlia… Dahlia Dunod. −dijo un tanto intimidada.

−¿Y qué te trae por aquí, Dahlia? ¿De dónde vienes, qué quieres? −preguntó el pintor aún incrédulo y desconfiado.

Seguir leyendo VIII · Maestro del color

VII · La vista del Éter

El circo se instaló en las afueras de Wynn, tal cual Karad había dicho. Cuando la caravana se detuvo, Voriana invitó a Dahlia a salir para que los demás integrantes del circo la conocieran. Después, podrían ir todos a buscar algo que desayunar y, si lo deseaban, descubrir las calles del pueblo. Al salir, sólo pudo ver a un par de enanos fuera de sus camarotes, eran como personas normales pero mucho más pequeños y un poco gordos. Los examinó rápidamente y reconoció enseguida a Fenez, y éste a ella, lo que provocó en él un gesto de gran sorpresa. La pequeña mujercita que lo acompañaba se presentó a sí misma como Kalia, segundos después salieron otros cinco enanos y pronunciaron su nombre uno a uno: Tenez, Menez, Renez, Malia y Balia.

−¿Acaso todos los enanos se llaman igual? −preguntó Dahlia tratando de no reírse ante la ridiculez que acababa de escuchar.

Seguir leyendo VII · La vista del Éter

VI · Esperanza

Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a Voriana, se encontraba en los maternales brazos de la adivina que la miraba fijamente con sus ojos violeta que expresaban una gran compasión. De súbito se dio cuenta de algo muy importante: podía abrazarla, ¿eso significaba que la pesadilla había terminado? En respuesta a sus pensamientos bastó una cálida sonrisa que acompañara la mirada de la adivina para que Dahlia se rompiera emocionalmente. Escondiendo la cara en el regazo de la adivina, se entregó al llanto queriendo olvidar todo lo que había visto.

Seguir leyendo VI · Esperanza

V · En las puertas de su alma

No tengo nada que perder, ¿o sí? Pensó la enöriana mientras subía al carruaje que la llevaría a donde fuera que fuesen.

El carro-terraza era bastante amplio. Al frente se encontraba un panel de cristal con manchas de luz, que supuso eran los comandos que dirigían toda la tira de vehículos enganchados. Ahí, frente a aquel cristal, se encontraba el señor que le abrió el paso para subir dándole la bienvenida a lo que él llamó: “El Circo del Alma”.

Seguir leyendo V · En las puertas de su alma

IV · Intangible

Cuando desperté me sentía mucho más ligera, lista para un nuevo día. El estómago me rugía. ¿Quién abrió las cortinas? ¿Habrán preparado el desayuno ya?  Pensaba mientras trataba de abrir los ojos para acceder al mundo que me esperaba fuera de la oscuridad de mis párpados cerrados.

−¡Maldi… −quería maldecir a quien fuera que hubiera abierto las cortinas,  al abrir los ojos y descubrir dónde me encontraba, noté que sería algo inútil.

Seguir leyendo IV · Intangible