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Al estilo del whodidit: ésta noche tendremos un asesinato, cuatro invitaciones, una mansión que parece tener vida propia y un misterio que amenaza con destruirlo todo.

Escrita a cuatro manos por Ian Colín Roditi e Irving Banda.

Esto que tú eres

Al abrir los ojos sintió que no podía enfocar bien, la luz era como la de de esa hora del día en que por más que enciendes las luces no alumbran mas y por más luz que haya está oscuro. Se incorporó y trató de observar a su alrededor, no había más que neblina y el suelo era como de ladrillos pintados que se extendían donde el horizonte alcanzaba a ver. Al examinar mejor el suelo descubrió, para su sorpresa, que ahí se dibujaba una rosa de los vientos con… algo… diferente. Los puntos cardinales eran los símbolos de las puertas de la casa donde los había convocado su extraño anfitrión.  

Pum, pum, pum, le hacía la cabeza cada vez que la movía con brusquedad.

En una de la puntas de esa rosa estaba el símbolo de la puerta que le correspondía, el cual empezó a crepitar en cuanto se acercó a él.

-Ixchel, no temas –escuchó que le decía una voz que provenía de todos lados.

-¿Quien esta ahí? –preguntó asustada– ¿Qué quieres de mí?

-Escucha Ixchel, hay poco tiempo, estas en el punto de comunión de las 4 fuerzas. El anfitrión es un ser muy poderoso y peligroso que debemos detener, yo soy la guardiana de la casa de Anansi donde todos ustedes fueron convocados, desde hace tiempo he tratado de contactarlos a ustedes, los últimos tejedores, para advertirles sobre el peligro que se avecina pero fue demasiado tarde, gracias  al destino he encontrado una segunda oportunidad al traerte aquí.

-Pero yo que puedo hacer –le respondió asustada – Estoy perdida no puedo encontrar a los demás y apenas si puedo entender lo que me dices.

-Escucha muy bien lo que te voy a decir –Dijo con más severidad la voz –para poder detener a este rufián primero debes de tomar posesión de la casa del espacio, la casa que te pertenece y asi podrás abrir el portal para que todos converjan aquí en la plaza de la realidad. Para lograr eso debes de acercarte a  ella y probar que eres digna de tomar control de la casa.  Esto a través de un gran sacrificio que te permitirá abrir las puertas de la casa.

Eso suena muy complicado –pensó Ixchel –¿Qué puede sacrificar alguien que prácticamente no tiene nada? –se preguntó a sí misma.

Al entender eso se acercó a la casa del espacio, que se hacia mas nitida a cada paso que daba: era una casa alta con tres torres, techos de dos aguas con tejas verdes y amarillas que formaban un entramado de una belleza peculiar. Todas las ventanas estaban cerradas y tapiadas como si la casa se protegiera de un huracán, en el porche había varios objetos tirados, parecía que un cartógrafo había huido de ahí dejando todos sus instrumentos de medición en el piso. Había brújulas, compases, un astrolabio partido a la mitad, varias cuerdas de medición y otros objetos que no reconocía pero que podía intuir servían para medir cosas. Ixchel no tenía idea de que era lo que tenía que sacrificar para tomar posesión de esa casa, de hecho no tenía idea de querer tener una casa extraña y de qué tenía que hacer para poder mantenerla. Le sorprendía mucho lo rápido que habían cambiado sus prioridades en cuestión de horas y ahora tenía que decidir qué sacrificar para poder tomar posesión de algo que hasta hace unos segundos no sabía que quería. Los nervios no dejaban de hacer estragos en su cabeza mientras seguía viendo los objetos del porche de los cuales le llamó la atención un taumatropo de una jaula y una ave, lo tomó entre sus manos y empezó a jugar con él.

Pum, pum, pum, le volvió a hacer la cabeza cuando se dío cuenta de que era lo que podía sacrificar.

En eso la puerta de la casa se abrió.

VII · Laberinto vivo

La ilusión se rompió y la oscuridad los había envuelto a todos una vez más cuando escucharon el grito. Isaac trató de levantarse y encontrar una manera de salir de aquello, la telaraña del tiempo le decía que sí había una salida pero estaba tan oscuro que no encontraba dónde. Golpeó todo lo que pudo hasta que se cansó y se dejó caer por el cansancio. De repente escuchó como si un espejo se cuarteara, era fácil encontrar de dónde provenía eso ya que un rayo de luz entraba de la rajada cada vez más grande. Cuando la oscuridad se rompió pudo ver que algo se acercaba a él, no podía distinguirlo porque su vista todavía no se acostumbraba a la luz, porque la oscuridad estaba quitándole toda la energía que la permitía estar en pie.

-Vamos, es hora de encontrar qué sucede –dijo una voz que le sonó familiar-. Salgamos de aquí.

Sintió que un par de brazos lo ayudaron a ponerse en pie y aquello lo llenó de energía. Incluso su vista se recuperó en un instante.

-¿Tristán? –dijo lleno de felicidad.

-Así es… -dijo el hombre de anteojos- y Juliana también. Vamos a buscar a Ixchel y salir de aquí. No puedo sentir su energía, pero estoy seguro que está escondida en alguna parte de ésta mansión.

-¿Qué fue lo que pasó? –Le pregunté cuando la oscuridad se terminó de romper y los tres nos encontrábamos en el recibidor de la casa una vez más.

-Al parecer hay alguien más dentro de la casa. Alguien que puede controlar la forma de sus pasillos y cuartos a su gusto. Alguien que quiere lo que es nuestro y está dispuesto a matarnos para conseguirlo –dijo Tristán al acomodarse los anteojos sobre su nariz-. Lo que no sabe es que se topó con la gente equivocada, tú sabes lo que dicen “metete con el toro y tendrás los cuernos”.

-¿Y qué vamos a hacer al respecto? –dijo Isaac al mirar la incomodidad con que Juliana los observaba a ambos.

-Juliana tiene una idea –dijo Tristán.

-¿Yo? –dijo ella aún más incómoda- No es gran cosa, tenemos la teoría de que la casa no es más que un gran laberinto esperando a ser resuelto. Y al poder manipular algunas de sus características tenemos una gran ventaja. Sólo tenemos que encontrar a Ixchel y hacerlo sin que quien está detrás de todo este se dé cuenta.

-Suena más fácil de lo que seguro es –admitió Isaac con pesadumbre.

-Y yo pienso hacerlo aún más difícil –dijo una cuarta voz que al parecer no provenía de ningún lugar y de todos al mismo tiempo- no van a ir a ninguna parte.

El salón comenzó a temblar inmediatamente, las puertas y ventanas estaban siendo borradas una a una pero había algo raro en todo aquello. Algo que los tres que buscaban refugio de aquél desastre podían notar gracias a la materia, la energía y los hilos del tiempo; parecía que la casa estaba resistiéndose a aquél cambio.

Su presentimiento se confirmó cuando en una de las paredes vacías se escribió una nota por si sola.

 

“Necesito que confíen en mí un poco”

 

Debajo de dicho letrero había una pequeña puerta abierta.

¿Deberíamos? –preguntó Juliana en voz alta sin ver a sus compañeros.

El letrero cambió a una sola palabra.

 

“Rápido”

 

-Sólo hay una manera de saberlo –dijo Tristán al jalar a sus compañeros de la mano- pero creo que la casa misma nos está intentando ayudar. Sólo creo.

La puerta desapareció a sus espaldas y alguien, en algún lado, no estaba muy contento al respecto.

VI · La Realidad Absoluta

Desde hace mucho tiempo lo he deseado… o bueno, siempre he querido tener esa capacidad absoluta de poder modelar mi futuro a mi antojo. Yo nací con la habilidad de ver cómo las cosas se relacionan entre sí, supongamos que las consecuencias del efecto mariposa no solo tienen que suceder al otro lado del mundo, también suceden a unos metros. Entonces cada acción, cada decisión afecta el entorno de una manera importante. Si en la mañana hubieras dado vuelta en esquina a la derecha la persona de a tu lado se movería un poco para abrirte paso, esa acción a su vez la distraerá de voltear a la derecha donde al otro lado de la acera hubiera visto como un perro callejero trata de robar las sobras de hotdogs de un carrito. Si todo esto no hubiera pasado esa persona habría notado al perro y lo hubiera adoptado, quien en un futuro lo salvaría de una fuga de gas.

Lastima que no lo hizo.

Y…

Bueno, mi don es ese. El de poder ver todos esos camino aleatorios que se trazan a través de las decisiones, al principio era abrumador pero de alguna manera aprendí a filtrarlos y solo poder notar los caminos que me interesaban. Día a día me preguntaba si esos caminos eran definitivos, si esas relaciones podrían ser cambiadas al antojo como un gran algoritmo que diera el resultado que quiero y así poder moldear el destino.

Con el tiempo noté que esos caminos están compuestos de cuatro factores: tiempo, espacio, materia y energía.

Y esto es lo que me trae al día de hoy a esta mansión. He descubierto que existen personas que pueden tejer estos factores a su antojo, aunque no tienen el control sobre el destino en sí, influyen en cómo se teje.

De alguna manera debía de obtener ese poder.

En la década de los cincuentas conocí a un físico alemán (tejedor de energía no muy brillante en su juventud) que se hizo famoso por descubrir la relación entre materia y energía, me demostró que gracias a mi don podía obtener control sobre estos factores siempre y cuando pudiese obtener lo elemental de estos individuos. Según él, sólo debía de trazar los caminos en reversa para convertirme en el anti-elemento de cada uno de ellos y así absorberlos, es una lástima que Albert no sobrevivió para poder explicarme la integración de estos cuatro elementos fundamentales, si lo hubiera hecho tal vez todos cambiaríamos esos caminos a nuestro antojo.

Lo cual no me convenía porque yo quiero ser el único capaz de hacer eso.

Es por eso que he convocado a los tejedores a esta casa, para arrebatarles sus poderes y alimentar los míos como el tejedor absoluto del destino. Mi pan es muy simple, solo tengo que lograr que ellos se destruyan entre sí y que el contenedor que les arrojé pueda absorber todo para canalizarlo hacia mí.

Aunque este grupo es muy similar a los anteriores, me preocupa demasiado, hay dos tejedores muy poderosos y con mucha experiencia que contrastan con la de las tejedoras. Será mejor que me apresure a deshacerme de ellos.

 

****

 

– ¿Lo es? –Lancé la pregunta que resonó en cada uno de los cuartos buscando responderle a quien aseguraba que era una mentira.

Tristán que sostenía en los brazos a una Juliana enloquecida, notó que ese cuerpo no emanaba energía, que al contrario se la estaba absorbiendo como un hoyo negro. Sintió como perdía sus fuerzas, sus recuerdos, su sabiduría, trato de soltar a la falsa Juliana pero en un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta que era él quien estaba siendo abrazado por un anti-Tristán, su copia al carbón, lo único que se le ocurrió hacer fue sobrecargar el flujo de energía hacia el impostor.

–¿Quieres tener todo esto? Pues abre bien la boca –gritó Tristán mientras aumentaba el flujo de energía hacia el impostor quien no pudo contener tanto poder y terminó explotando, llenando la habitación de luz por un instante y arrojando a Tristán al vestíbulo de la mansión.

– ¡No, no lo puedo resistir más! –Escuchó Tristán justo en el momento en el que dejó de percibir la energía de uno de los tejedores.

V · Tal vez, quizá, no.

Isaac ayudó a Tristán a ponerse de pie para después golpear una pared invisible que no le permitía pasar al cuarto donde Ixchel había entrado. Para el tercer golpe la puerta se cerró en sus narices. Por el impulso cayó al suelo de un sentón y fue ahí, en ese momento que trató de llamar a sus otros dos compañeros, cuando escuchó otras dos puertas cerrarse. Sólo quedaba una abierta a unos metros de él. Se puso de pie y se acercó a dicha puerta para observarla como si fuera un espejo.

–¿Qué clase de trampa es esta? –pensó en voz alta y obviamente, para su decepción, nadie le contestó. Lo que sí llegó a sus oídos fue cómo la casa cambiaba de forma una vez más a sus espaldas. Dio media vuelta para examinar la nueva apariencia del pasillo y se encontró a la mitad de un pequeño cuarto sin ventanas cuya única salida era aquella puerta que seguía abierta, anunciando una red abstracta hecha de figuras geométricas.

–Está bien… –dijo Isaac burlándose de su situación– si tú insistes.

Y la puerta se cerró a sus espaldas.  

El nuevo cuarto era obscuro para los cuatro. Se intentaron llamar entre sí para descubrir su completa soledad. Unos pasos más adelante la negrura se pobló para volver a dejar ver el salón donde habían dejado atrás al cadáver. Sólo que en esta ocasión estaba vivo, leyendo y sentado en el marco de uno de los ventanales.

Ixchel estuvo tentadísima a acercarse para averiguar cómo era posible de que estuviera vivo quien hasta hace unos momentos estaba más que muerto pero la entrada intempestiva de un tercero al cuarto la interrumpió.  Los dos hombres discutían sobre la telaraña del tiempo, sobre la muerte y el destino hasta que debido a un erro de cálculos el hombre antes muerto acabó muerto a manos del otro. Cuando este dio retrocedió, Ixchel claramente pudo reconocer a Isaac. Se quedó congelada al tratar de asimilar lo que acababa de presenciar. ¿Qué estaba sucediendo?

 

Juliana también tuvo toda la intención de acercarse y preguntarle a aquél hombre quién era. A ella la interrumpió una pequeña niña que caminó lentamente hacia él, se trepó en el marco de la ventana y se acostó sobre su regazo. El hombre sonrió con cariño y la despeinó, dejándole ver a Juliana que aquella niña era Ixchel.

Al acercarse un poco más el pánico la inundó.

Lo que había sido Ixchel había mutado en una araña gigante que usaba el cuerpo del hombre como nido para ella y un millón de arañitas que tenían mucho muerto de dónde alimentarse. Quiso correr, quiso gritar, pero una densa telaraña la mantenía en su lugar. En su cabeza sólo se repetían sus posibles acciones una y otra vez: De alguna manera tenía que escapar, tenía que matar a la araña, tenía que avisarle a los demás del peligro. Eso es lo que tenía que hacer.

 

Cuando Tristán se dio cuenta de dónde estaba lo único que vio fue a Juliana enterrarle un atizador de hierro en el pecho al hombre muerto. Lo hacía una y otra y otra vez mientras le gritaba que tenía que morir, que no se los iba a comer a todos. Cuando ella dejó caer el atizador él corrió a abrazarla para tratar de tranquilizarla.

 

Isaac se sentía fuera de lugar en aquél cuarto. Estaba acostado sobre la mesa del muerto. De alguna manera estaba observando el lugar desde los ojos del cadáver y tenía a un Tristán desquiciado a muy pocos centímetros, sintiendo cómo le absorbía la vida hasta matarlo.

–¡Todo esto es una mentira! –gritó como si eso fuera a detener lo que fuera que estaba sucediendo y escuchó como sus palabras se replicaron en un eco que le sonó a tres voces que acababa de conocer cuando llegó a la mansión.

Y entonces, una quinta voz les contestó:

–¿Lo es?  

4 · Las paredes de la casa

¡BLAM!

Y tras ese sonido, mi instinto hizo ponerme contra la pared.

Con uno de los palpos pude sentir a las cinco personas que nos encontrábamos en el salón y también pude trazar algunos cuartos contiguos, sin embargo, de alguna manera que se escapaba a mi tacto no podía dibujar toda la casa en mi cabeza. Y había algo más, otra presencia que no podía distinguir. Era como si dejara sus huellas dibujadas en el piso antes de que…

-¡Se está acercando a nosotros!

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Dos para las once

Apenas daban las 11 en punto cuando escuche al cartero cerrar de golpe el buzón. Me encontraba bajando la escalera de mármol que conduce al recibidor de mi casa que por cierto es gigante -o al menos eso me parecía hasta entonces-, corrí con prisa a la calle para ver qué era lo que el cartero había traído, justo antes de salir me acordé de ponerme mi túnica y tuve que esperar un poco más para acudir al buzón. Regresé al vestíbulo, abrí la puerta del armario y ahí estaba: una túnica de color escarlata con líneas azul rey y una capucha que a diferencia de las capuchas normales tenía dos hendiduras a los lados para que mis pedipalpos pudieran estar cómodos. ¿Pedipalpos? ¡Ay que tonta! Es cierto no les he contado nada de mí, me llamo Ixchel, el apellido no importa, al menos no para mí ya que para mis padres lo es todo y por eso trato de no darle importancia en mi nombre. Digamos que nací  con ciertas características especiales que han causado que viva confinada a esta gran mansión. El caso es que por azares del destino y un poquito la avaricia de mis padres que tuvieron a bien pedir una gran fortuna a cambio del cuidado y la crianza de la hija de una diosa o algo así. O eso es lo que me dicen para no sentirme mal por mi aspecto, el cual no me causa gran problema porque en realidad me divierto mucho con estas cualidades las cuales me hacen parecer mucho a una araña: Tengo dos pares de ojos (no cuatro lo que es un gran alivio) y como a ellas, tampoco no me sirven de nada, tengo muy mala visión y sobre todo cuando la luz es más brillante pero gracias a mis pedipalpos puedo moverme sin tropezar o chocar con las cosas. Los pedipalpos son dos extensiones que salen por detrás de mis mejillas llenos de pelitos con los que puedo sentir de todo: los cambios de ánimo de las personas, los cambios de presión ambientales, me hacen sensible a muchos químicos, a vibraciones y demás cosas. Aunque a veces no es tan bueno porque siempre estoy tan atenta a mi entorno que no me pongo atención a mí misma, como en aquella ocasión que previne una gran tormenta y por estar atenta a eso casi me caigo en una alcantarilla abierta.

¡Ah sí el buzón!

Me puse la túnica, me acomode la capucha, con cuidado saque mis palpos y me dispuse a salir al patio para ver qué nuevas había traído el cartero cuando de repente en el segundo piso de la casa sentí los pasos cortos y apresurados de mi madre. Seguro viene molesta por algo y ese algo definitivamente soy yo, corrí de vuelta al armario que en su interior tenía un doble fondo que me servía de escondite y a la vez de base secreta de mi organización de espías de la cual los únicos miembros somos mi gecko y yo. Me quede quietecita con una de mis mejillas pegadas en la pared, permitiendo así sentir prácticamente todo lo que pasa en la casa, cosa que a veces me termina agotando por la cantidad de información que tengo que procesar en un solo momento. Pude sentir como mi madre me buscó por todo el vestíbulo alzando los sillones, buscándome bajo la mesa, cuchicheando maldiciones al no poder encontrarme y claro podía entender su enojo ya que una hora atrás había convertido el baño principal en una especie de Normandía al haberse librado ahí una de las más épicas y grandes batallas de mi organización contra su némesis el Dr. Zoltac. Misión que, cabe aclarar, requirió: Cinco cubetas de tierra de maceta, cuatro de agua y todas las lombrices que pude encontrar ya que ellas eran el ejército enemigo.

En cuanto mi madre se cansó de buscarme, subió por las escaleras y cerró su cuarto de un portazo. Salí de mi escondite y por fin pude abrir la puerta de la entrada para salir a buscar el buzón que estaba lleno de catálogos, de cuentas por vencer y una que otra propaganda de tiendas departamentales. Me decepcione un poco al ver que no había llegado mi edición mensual de mini-espías la cual había estado esperando toda la semana porque ya solo faltaba la última pieza de mi catalejo portátil.

Entré con el montón de correspondencia a la casa y lo aventé en la mesita del vestíbulo. En ese momento se asomó, como reclamándome por no haberle puesto atención, un sobre sin remitente. Lo abrí como quien abre un regalo sorpresa, dentro había una hoja con letras verdes apenas legibles, por lo que tuve que usar uno de mis pedipalpos para averiguar su contenido, esa tinta tenía una composición química muy extraña nunca había percibido algo así era casi etéreo, y decía lo siguiente:

Ixchel, Tejedora del espacio.

Esta cordialmente invitada a cenar esta noche en la Mansión Anansi, su presencia es indispensable para discutir entre los demás asistentes la importancia del tiempo.

Será una noche única, como usted.

Atentamente,

El anfitrión

No pude evitar soltar la carcajada.

¿Yo tejedora de algo? o sea si mi nombre es el de la diosa maya del tejido pero nada que ver, yo siempre me he considerado más espectadora que creadora y además, ¿cómo una niña de 12 años como yo se iba a poder escabullirse a la mansión esa de Ananke, Anani o lo que sea? Y sobre todo en la noche. Eso sí, muero de curiosidad, algo tengo que hacer para escabullirme y acudir a esa reunión. Podría iniciar un mini incendio en la cochera y escabullirme en la conmoción o tal vez salir por la ventana y deslizarme por la cañería. O solo esperar a que mis padres se duerman y salir por la puerta del frente tomar un taxi y llegar.

Dios que emoción es la primera vez que salgo sola de casa y además de noche.

La casona esa era más grande que la mansión donde vivo, curiosamente la puerta estaba abierta, cuando entre vi un vestíbulo tres veces más grande que el mío, mis palpos estaban saturados de sensaciones algunas conocidas y otras muy peculiares, me disponía a poner mi mejilla en la pared para hacer un mapa mental de la casa cuando de repente escucho unas voces tras un puerta del vestíbulo, al empujarla crujió y dos personas voltearon a verme sorprendidas.

Me empezaron a bombardear con preguntas sobre mí, sobre cómo había llegado ahí y sobre todo por qué creía que me había llegado esa carta. En eso nos interrumpió la llegada de un cuarto invitado y justo en ese momento en el que nos disponíamos a bombardearlo de preguntas a él, mis palpos se sobre-excitaron como si de repente alguna energía llegará a un pico y cayera como en la pendiente de una montaña rusa. Sonó un golpe sordo y todos mi pelitos vibraron, voltee a la mesa del centro del salón y ahí estaba un bulto inerte lleno de tatuajes, inexpresivo, muerto.

1 · Magia mundana

El día a día tiene su encanto. No, no, no me malentiendas. No estoy queriendo tapar algún pesimismo ni ser estúpidamente optimista para negar que mucho del mundo está del carajo. A lo que voy es que, el hecho de que el mundo se mantenga como está y no se caiga es casi obra de magia. O bueno, no casi. La magia vive mantenida sobre una telaraña cuyos hilos son historias que nos contamos a nosotros mismos para tratar de que los personajes en ella se vean un poco más interesantes, para que la vida nos ponga atención y nos pregunte “¿qué sigue?”, para saber que existimos. Seguir leyendo 1 · Magia mundana