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Al estilo del whodidit: ésta noche tendremos un asesinato, cuatro invitaciones, una mansión que parece tener vida propia y un misterio que amenaza con destruirlo todo.

Escrita a cuatro manos por Ian Colín Roditi e Irving Banda.

Familia

–Tristán, Tristán, ¡despiertaaaaa! –exigió Ixchel cansada y ansiosa por ver a su amigo con vida. Un símbolo en su pecho que brillaba con fuerza empezaba a apagarse.

            –Vamos Tristán, te perdiste del final de todo este embrollo  –dijo Isaac acompañado de una risa un poco nerviosa.

            –Ixchel salvó el día de una manera increíble y no estuviste ahí para verlo  –dijo Juliana casi en forma de regañó, se sentó al lado de sus dos amigos que observaban a Tristán descansar en el suelo. Seguir leyendo Familia

El camino de siempre

Siempre he pensado que es complicado describir una batalla, sobre todo si eres partícipe y más aún cuando estás inconsciente la tercera parte de ella. Pero ahí estábamos Isaac, Juliana y yo de frente a nuestro anfitrión que mantenía a Ixchel como rehén.

-¿Qué los hizo demorarse tanto? –preguntó nuestro contrincante soltando a Ixchel quien se desplomó contra el suelo-. Suponía que eran más inteligentes pero ahora que son como sus antecesores, sólo un puñado de inútiles que nunca comprendieron el peso de sus poderes, gente sin ambiciones que se limitaban a observar y “proteger” las redes de la realidad.

            Con un único gesto abrió un portal detrás de él para dejar entrar al ejército de arañas humanoides del que acabábamos de escapar. Seguir leyendo El camino de siempre

Esto que tú eres

Al abrir los ojos sintió que no podía enfocar bien, la luz era como la de de esa hora del día en que por más que enciendes las luces no alumbran mas y por más luz que haya está oscuro. Se incorporó y trató de observar a su alrededor, no había más que neblina y el suelo era como de ladrillos pintados que se extendían donde el horizonte alcanzaba a ver. Al examinar mejor el suelo descubrió, para su sorpresa, que ahí se dibujaba una rosa de los vientos con… algo… diferente. Los puntos cardinales eran los símbolos de las puertas de la casa donde los había convocado su extraño anfitrión.  

Pum, pum, pum, le hacía la cabeza cada vez que la movía con brusquedad.

En una de la puntas de esa rosa estaba el símbolo de la puerta que le correspondía, el cual empezó a crepitar en cuanto se acercó a él.

-Ixchel, no temas –escuchó que le decía una voz que provenía de todos lados.

-¿Quien esta ahí? –preguntó asustada– ¿Qué quieres de mí?

-Escucha Ixchel, hay poco tiempo, estas en el punto de comunión de las 4 fuerzas. El anfitrión es un ser muy poderoso y peligroso que debemos detener, yo soy la guardiana de la casa de Anansi donde todos ustedes fueron convocados, desde hace tiempo he tratado de contactarlos a ustedes, los últimos tejedores, para advertirles sobre el peligro que se avecina pero fue demasiado tarde, gracias  al destino he encontrado una segunda oportunidad al traerte aquí.

-Pero yo que puedo hacer –le respondió asustada – Estoy perdida no puedo encontrar a los demás y apenas si puedo entender lo que me dices.

-Escucha muy bien lo que te voy a decir –Dijo con más severidad la voz –para poder detener a este rufián primero debes de tomar posesión de la casa del espacio, la casa que te pertenece y asi podrás abrir el portal para que todos converjan aquí en la plaza de la realidad. Para lograr eso debes de acercarte a  ella y probar que eres digna de tomar control de la casa.  Esto a través de un gran sacrificio que te permitirá abrir las puertas de la casa.

Eso suena muy complicado –pensó Ixchel –¿Qué puede sacrificar alguien que prácticamente no tiene nada? –se preguntó a sí misma.

Al entender eso se acercó a la casa del espacio, que se hacia mas nitida a cada paso que daba: era una casa alta con tres torres, techos de dos aguas con tejas verdes y amarillas que formaban un entramado de una belleza peculiar. Todas las ventanas estaban cerradas y tapiadas como si la casa se protegiera de un huracán, en el porche había varios objetos tirados, parecía que un cartógrafo había huido de ahí dejando todos sus instrumentos de medición en el piso. Había brújulas, compases, un astrolabio partido a la mitad, varias cuerdas de medición y otros objetos que no reconocía pero que podía intuir servían para medir cosas. Ixchel no tenía idea de que era lo que tenía que sacrificar para tomar posesión de esa casa, de hecho no tenía idea de querer tener una casa extraña y de qué tenía que hacer para poder mantenerla. Le sorprendía mucho lo rápido que habían cambiado sus prioridades en cuestión de horas y ahora tenía que decidir qué sacrificar para poder tomar posesión de algo que hasta hace unos segundos no sabía que quería. Los nervios no dejaban de hacer estragos en su cabeza mientras seguía viendo los objetos del porche de los cuales le llamó la atención un taumatropo de una jaula y una ave, lo tomó entre sus manos y empezó a jugar con él.

Pum, pum, pum, le volvió a hacer la cabeza cuando se dío cuenta de que era lo que podía sacrificar.

En eso la puerta de la casa se abrió.

VII · Laberinto vivo

La ilusión se rompió y la oscuridad los había envuelto a todos una vez más cuando escucharon el grito. Isaac trató de levantarse y encontrar una manera de salir de aquello, la telaraña del tiempo le decía que sí había una salida pero estaba tan oscuro que no encontraba dónde. Golpeó todo lo que pudo hasta que se cansó y se dejó caer por el cansancio. De repente escuchó como si un espejo se cuarteara, era fácil encontrar de dónde provenía eso ya que un rayo de luz entraba de la rajada cada vez más grande. Cuando la oscuridad se rompió pudo ver que algo se acercaba a él, no podía distinguirlo porque su vista todavía no se acostumbraba a la luz, porque la oscuridad estaba quitándole toda la energía que la permitía estar en pie.

-Vamos, es hora de encontrar qué sucede –dijo una voz que le sonó familiar-. Salgamos de aquí.

Sintió que un par de brazos lo ayudaron a ponerse en pie y aquello lo llenó de energía. Incluso su vista se recuperó en un instante.

-¿Tristán? –dijo lleno de felicidad.

-Así es… -dijo el hombre de anteojos- y Juliana también. Vamos a buscar a Ixchel y salir de aquí. No puedo sentir su energía, pero estoy seguro que está escondida en alguna parte de ésta mansión.

-¿Qué fue lo que pasó? –Le pregunté cuando la oscuridad se terminó de romper y los tres nos encontrábamos en el recibidor de la casa una vez más.

-Al parecer hay alguien más dentro de la casa. Alguien que puede controlar la forma de sus pasillos y cuartos a su gusto. Alguien que quiere lo que es nuestro y está dispuesto a matarnos para conseguirlo –dijo Tristán al acomodarse los anteojos sobre su nariz-. Lo que no sabe es que se topó con la gente equivocada, tú sabes lo que dicen “metete con el toro y tendrás los cuernos”.

-¿Y qué vamos a hacer al respecto? –dijo Isaac al mirar la incomodidad con que Juliana los observaba a ambos.

-Juliana tiene una idea –dijo Tristán.

-¿Yo? –dijo ella aún más incómoda- No es gran cosa, tenemos la teoría de que la casa no es más que un gran laberinto esperando a ser resuelto. Y al poder manipular algunas de sus características tenemos una gran ventaja. Sólo tenemos que encontrar a Ixchel y hacerlo sin que quien está detrás de todo este se dé cuenta.

-Suena más fácil de lo que seguro es –admitió Isaac con pesadumbre.

-Y yo pienso hacerlo aún más difícil –dijo una cuarta voz que al parecer no provenía de ningún lugar y de todos al mismo tiempo- no van a ir a ninguna parte.

El salón comenzó a temblar inmediatamente, las puertas y ventanas estaban siendo borradas una a una pero había algo raro en todo aquello. Algo que los tres que buscaban refugio de aquél desastre podían notar gracias a la materia, la energía y los hilos del tiempo; parecía que la casa estaba resistiéndose a aquél cambio.

Su presentimiento se confirmó cuando en una de las paredes vacías se escribió una nota por si sola.

 

“Necesito que confíen en mí un poco”

 

Debajo de dicho letrero había una pequeña puerta abierta.

¿Deberíamos? –preguntó Juliana en voz alta sin ver a sus compañeros.

El letrero cambió a una sola palabra.

 

“Rápido”

 

-Sólo hay una manera de saberlo –dijo Tristán al jalar a sus compañeros de la mano- pero creo que la casa misma nos está intentando ayudar. Sólo creo.

La puerta desapareció a sus espaldas y alguien, en algún lado, no estaba muy contento al respecto.

VI · La Realidad Absoluta

Desde hace mucho tiempo lo he deseado… o bueno, siempre he querido tener esa capacidad absoluta de poder modelar mi futuro a mi antojo. Yo nací con la habilidad de ver cómo las cosas se relacionan entre sí, supongamos que las consecuencias del efecto mariposa no solo tienen que suceder al otro lado del mundo, también suceden a unos metros. Entonces cada acción, cada decisión afecta el entorno de una manera importante. Si en la mañana hubieras dado vuelta en esquina a la derecha la persona de a tu lado se movería un poco para abrirte paso, esa acción a su vez la distraerá de voltear a la derecha donde al otro lado de la acera hubiera visto como un perro callejero trata de robar las sobras de hotdogs de un carrito. Si todo esto no hubiera pasado esa persona habría notado al perro y lo hubiera adoptado, quien en un futuro lo salvaría de una fuga de gas.

Lastima que no lo hizo.

Y…

Bueno, mi don es ese. El de poder ver todos esos camino aleatorios que se trazan a través de las decisiones, al principio era abrumador pero de alguna manera aprendí a filtrarlos y solo poder notar los caminos que me interesaban. Día a día me preguntaba si esos caminos eran definitivos, si esas relaciones podrían ser cambiadas al antojo como un gran algoritmo que diera el resultado que quiero y así poder moldear el destino.

Con el tiempo noté que esos caminos están compuestos de cuatro factores: tiempo, espacio, materia y energía.

Y esto es lo que me trae al día de hoy a esta mansión. He descubierto que existen personas que pueden tejer estos factores a su antojo, aunque no tienen el control sobre el destino en sí, influyen en cómo se teje.

De alguna manera debía de obtener ese poder.

En la década de los cincuentas conocí a un físico alemán (tejedor de energía no muy brillante en su juventud) que se hizo famoso por descubrir la relación entre materia y energía, me demostró que gracias a mi don podía obtener control sobre estos factores siempre y cuando pudiese obtener lo elemental de estos individuos. Según él, sólo debía de trazar los caminos en reversa para convertirme en el anti-elemento de cada uno de ellos y así absorberlos, es una lástima que Albert no sobrevivió para poder explicarme la integración de estos cuatro elementos fundamentales, si lo hubiera hecho tal vez todos cambiaríamos esos caminos a nuestro antojo.

Lo cual no me convenía porque yo quiero ser el único capaz de hacer eso.

Es por eso que he convocado a los tejedores a esta casa, para arrebatarles sus poderes y alimentar los míos como el tejedor absoluto del destino. Mi pan es muy simple, solo tengo que lograr que ellos se destruyan entre sí y que el contenedor que les arrojé pueda absorber todo para canalizarlo hacia mí.

Aunque este grupo es muy similar a los anteriores, me preocupa demasiado, hay dos tejedores muy poderosos y con mucha experiencia que contrastan con la de las tejedoras. Será mejor que me apresure a deshacerme de ellos.

 

****

 

– ¿Lo es? –Lancé la pregunta que resonó en cada uno de los cuartos buscando responderle a quien aseguraba que era una mentira.

Tristán que sostenía en los brazos a una Juliana enloquecida, notó que ese cuerpo no emanaba energía, que al contrario se la estaba absorbiendo como un hoyo negro. Sintió como perdía sus fuerzas, sus recuerdos, su sabiduría, trato de soltar a la falsa Juliana pero en un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta que era él quien estaba siendo abrazado por un anti-Tristán, su copia al carbón, lo único que se le ocurrió hacer fue sobrecargar el flujo de energía hacia el impostor.

–¿Quieres tener todo esto? Pues abre bien la boca –gritó Tristán mientras aumentaba el flujo de energía hacia el impostor quien no pudo contener tanto poder y terminó explotando, llenando la habitación de luz por un instante y arrojando a Tristán al vestíbulo de la mansión.

– ¡No, no lo puedo resistir más! –Escuchó Tristán justo en el momento en el que dejó de percibir la energía de uno de los tejedores.

V · Tal vez, quizá, no.

Isaac ayudó a Tristán a ponerse de pie para después golpear una pared invisible que no le permitía pasar al cuarto donde Ixchel había entrado. Para el tercer golpe la puerta se cerró en sus narices. Por el impulso cayó al suelo de un sentón y fue ahí, en ese momento que trató de llamar a sus otros dos compañeros, cuando escuchó otras dos puertas cerrarse. Sólo quedaba una abierta a unos metros de él. Se puso de pie y se acercó a dicha puerta para observarla como si fuera un espejo.

–¿Qué clase de trampa es esta? –pensó en voz alta y obviamente, para su decepción, nadie le contestó. Lo que sí llegó a sus oídos fue cómo la casa cambiaba de forma una vez más a sus espaldas. Dio media vuelta para examinar la nueva apariencia del pasillo y se encontró a la mitad de un pequeño cuarto sin ventanas cuya única salida era aquella puerta que seguía abierta, anunciando una red abstracta hecha de figuras geométricas.

–Está bien… –dijo Isaac burlándose de su situación– si tú insistes.

Y la puerta se cerró a sus espaldas.  

El nuevo cuarto era obscuro para los cuatro. Se intentaron llamar entre sí para descubrir su completa soledad. Unos pasos más adelante la negrura se pobló para volver a dejar ver el salón donde habían dejado atrás al cadáver. Sólo que en esta ocasión estaba vivo, leyendo y sentado en el marco de uno de los ventanales.

Ixchel estuvo tentadísima a acercarse para averiguar cómo era posible de que estuviera vivo quien hasta hace unos momentos estaba más que muerto pero la entrada intempestiva de un tercero al cuarto la interrumpió.  Los dos hombres discutían sobre la telaraña del tiempo, sobre la muerte y el destino hasta que debido a un erro de cálculos el hombre antes muerto acabó muerto a manos del otro. Cuando este dio retrocedió, Ixchel claramente pudo reconocer a Isaac. Se quedó congelada al tratar de asimilar lo que acababa de presenciar. ¿Qué estaba sucediendo?

 

Juliana también tuvo toda la intención de acercarse y preguntarle a aquél hombre quién era. A ella la interrumpió una pequeña niña que caminó lentamente hacia él, se trepó en el marco de la ventana y se acostó sobre su regazo. El hombre sonrió con cariño y la despeinó, dejándole ver a Juliana que aquella niña era Ixchel.

Al acercarse un poco más el pánico la inundó.

Lo que había sido Ixchel había mutado en una araña gigante que usaba el cuerpo del hombre como nido para ella y un millón de arañitas que tenían mucho muerto de dónde alimentarse. Quiso correr, quiso gritar, pero una densa telaraña la mantenía en su lugar. En su cabeza sólo se repetían sus posibles acciones una y otra vez: De alguna manera tenía que escapar, tenía que matar a la araña, tenía que avisarle a los demás del peligro. Eso es lo que tenía que hacer.

 

Cuando Tristán se dio cuenta de dónde estaba lo único que vio fue a Juliana enterrarle un atizador de hierro en el pecho al hombre muerto. Lo hacía una y otra y otra vez mientras le gritaba que tenía que morir, que no se los iba a comer a todos. Cuando ella dejó caer el atizador él corrió a abrazarla para tratar de tranquilizarla.

 

Isaac se sentía fuera de lugar en aquél cuarto. Estaba acostado sobre la mesa del muerto. De alguna manera estaba observando el lugar desde los ojos del cadáver y tenía a un Tristán desquiciado a muy pocos centímetros, sintiendo cómo le absorbía la vida hasta matarlo.

–¡Todo esto es una mentira! –gritó como si eso fuera a detener lo que fuera que estaba sucediendo y escuchó como sus palabras se replicaron en un eco que le sonó a tres voces que acababa de conocer cuando llegó a la mansión.

Y entonces, una quinta voz les contestó:

–¿Lo es?  

4 · Las paredes de la casa

¡BLAM!

Y tras ese sonido, mi instinto hizo ponerme contra la pared.

Con uno de los palpos pude sentir a las cinco personas que nos encontrábamos en el salón y también pude trazar algunos cuartos contiguos, sin embargo, de alguna manera que se escapaba a mi tacto no podía dibujar toda la casa en mi cabeza. Y había algo más, otra presencia que no podía distinguir. Era como si dejara sus huellas dibujadas en el piso antes de que…

-¡Se está acercando a nosotros!

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