Archivos de la categoría Waldeinsamkeit

(sustantivo) La soledad del bosque; el sentimiento de estar solo en el bosque.

Los tres y la herida

La calle de Havre estaba en silencio, una casa que ante cualquier ojo humano estaba abandonada. Aquello era un simple disfraz para alejar a quien no creyera en la oportunidad y a quien no necesitara la ayuda de un trío de cuervos que, en concilio, podrían parecer toda una parvada.  Lo cierto era que la casa por dentro era también mucho más grande de lo que la fachada te hacía creer.  Ese día se escuchaba una discusión en su interior.

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Desde afuera

No pertenezco a ésta historia, de eso estoy seguro.

Siempre soy el que se queda atrás, el que nunca se entera de lo que sucede hasta que ya pasó, el pudo haber ayudado si le hubieran tenido confianza desde antes.

Conozco a Tobías desde que éramos niños y siempre ha sido así.  Con los años entendí que en cuanto a él sólo sería un mero espectador y que siempre sería sólo Oliver. Por eso cuando entré al bosque me sorprendí de estar ahí, de ver con mis propios ojos todo lo que Tobías decía que había existido.

Aunque todo estuviera muerto.

Cada día que pasábamos en el bosque buscando una solución a su misterio a otra pregunta le crecían las raíces en mí ser: ¿cuánta soledad le cabe a un bosque como éste?

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Razones para callar

Detrás de la muchedumbre de estatuas que parecían querer huir había una voz que llamaba a Oliver.  Una voz que fue echando raíces en su mente, sacando todo lo demás de sus prioridades. Nunca escuchó cuando le gritaron que regresara, tampoco escuchó los gritos de dolor de Tobías. Mucho menos escuchó cuando sus amigos lo dejaron atrás, el pueblo ya lo había abrazado con fuerza para ese entonces. Las calles vacías le hacían llegar esa voz como el canto de una sirena buscando a su presa. Cuando se dio cuenta se encontró a si mismo frente a la casa que, en la Ciudad de Allá Lejos, lo había empezado todo.

-Entra –le dijo la voz- tengo mucho que contarte.

Oliver notó que su cuerpo obedecía a la voz sin que él tuviera opinión al respecto.

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Todas las posibilidades

Pensamos que sería más fácil. Tomábamos la llave, íbamos a donde se escondía el alma de Siobhan y la dejábamos libre. Todo volvía a su curso y felices por siempre. Pensábamos muchas cosas. ¿Qué tan equivocado se puede estar? Aunque el tiempo aquí no pase, conforme avanza las cosas se enredan más.

Yo, Iscariote, fui testigo de cómo se creó la burbuja en el tiempo que separó todo lo que quería de lo que viviría después. De cómo la tiranía de Hilda casi destruye todo un pueblo. De como la tierra que me vio crecer  quedo atrapada y al mismo tiempo se convertiría en la Ciudad de Allá Lejos. Ahí la gente es otra, la vida es otra porque todo lo que debió ser se quedó adentro de la casa más vieja. Los cuervos se encargaron de que así fuera. Trabajé con ellos por muchos años para volver y nunca logramos nada. Hiciéramos lo que hiciésemos sólo podíamos observar la burbuja desde afuera. Siempre supimos que llegaría el día en que alguien se interesaría en volver y abrir las viejas heridas pero han pasado tantos años que ya no reconozco nada de lo que aquí podría haber sido. Es lo que más me causa conflicto, si dejamos vivir lo que sea que tenga que suceder aquí, ¿qué va a suceder con lo que viví allá afuera? Hay mucho de eso que tampoco quiero perder. Digo, sería egoísta querer borrar la existencia de toda una gran ciudad sólo por querer regresar a algo que quizá nunca estuvo bien desde un inicio. Y sin embargo aquí estoy, discutiendo con dos almas jóvenes, una mancha de tinta y un hombre que se transforma en lobo sobre todas las posibilidades.

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El reloj de arena

¿Cuántas veces has escuchado que el bosque es peligroso, que no te salgas del camino, que la gente se pierde ahí dentro, que la tragedia te va a encontrar si lo intentas atravesar de noche?

De todas esas veces, cuántas tragedias han caído sobre sus víctimas por quien iba pasando, por los caminos cruzados de uno, dos o tres destinos o por una mujer que no soporta ver espacios donde la humanidad no tiene control.

Lo que quiero dejar claro es que la  culpa no es mía como muchas historias te lo han querido hacer creer sino de quien se esconde donde puedan decir que la maldad es ajena.

Por eso hice lo que hice antes de ser bosque, por eso soy quien soy.

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Ella

La entrada a mi pasado estaba en mucho peor estado del que yo tenía mis ganas de continuar viviendo atrapado en él. Aunque el tiempo sí había pasado por el exterior de dicha construcción lo importante es que, como yo, seguía en pie y no se había perdido entre las ruinas de la modernidad.

Observé a Tobías abrir la puerta y mi estómago se hizo un nudo que estaba seguro iba a necesitar otra eternidad para deshacerlo.

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El nombre, el hombre y todo lo perdido

Ésta ciudad es todo lo que no debería ser, así como todos los años que he vivido aquí desde que debí morir. Perdí al pueblo, perdí al bosque, perdí mi nombre, perdí el libro, perdí a Siobhan y perdí mucho tiempo lamentándolo todo. Lo único que no pierdo es la pesadilla recurrente que no me deja dormir, la que me recuerda cuando Hilda se volvió loca, cuando proclamó que había dejado de ser el consejero para ser un traidor más y por lo tanto debía morir como todos los que habían intentado salir del pueblo. Ese día en que todo se fue al carajo.

Y hoy hasta eso fue diferente.

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El tiempo, la tinta y la historia

La casa más vieja es mucho más grande de lo que la pequeña puerta en la entrada te haría pensar. Tobías guardó el libro que habían encontrado bajo el brazo cuando escuchamos como si un árbol cayera ahí dentro, a un par de cuartos de distancia. Yo lo perseguí como su propia sombra a través de los cuatros estrechos, de las ruinas, de un par de pasillos, escaleras arriba, a través de un salón hasta una puerta de madera degastada que parecía tener luz del otro lado.  Nos miramos y Tobías asintió en silencio, acción que aquí significaba que me estaba pidiendo permiso para abrir la puerta. Cuando le puso la mano encima a la perilla ésta brilló como si fuera la luna misma y, tratando de proteger nuestra vista de la luz, Tobías dejó caer el libro al suelo y éste cayó con las páginas abiertas.

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Exilio

Ha sido un largo mes en el pueblo.

Por órdenes de la alcaldesa nadie tiene permitido cruzar los límites entre el bosque y el pueblo bajo la advertencia de que “es por nuestro bien”.

El problema radica en que la gente que se encargaba suministrar al pueblo de provisiones se quedó afuera y si nadie puede entrar sólo contamos con lo que tenemos. Quien ha intentado salir del pueblo, especialmente si lo hace por el bosque, ha dejado de existir de una manera u otra. El primero fue un valiente de toda una comitiva que no se animaba a averiguar qué sucedería si desafiaba las reglas, se separó del grupo al dirigirse al camino que llevaba al bosque y desapareció frente a todos, nada espectacular ni revelador, simplemente caminó hasta que ya no estuvo ahí. El segundo llegó hasta el límite y se derritió hasta ser agua. Con el tercero… la estatua de cenizas sigue en pie, haciendo más evidente dónde están los límites y la advertencia.

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