Cinco casas para salvar la realidad

Si podemos definir a la vida como ese algo sustancial que permite desarrollarnos y cambiar el entorno para adaptarlo a nuestra supervivencia podríamos decir que muchas cosas que creemos muertas en realidad no lo están: los monumentos, altares, iglesias y demás sitios de concentración masiva pueden absorber energía acumulándola, cobrando vida.

Existen varios ejemplos de estos objetos y lugares que en un tiempo se consideraron inanimados y después empezaron a latir (Estatuas, construcciones, fuentes, hasta algunos juegos infantiles de parques muy concurridos), los más importantes son cinco puntos que cobraron vida hace mucho tiempo y han pasado desapercibidos por gran parte de la humanidad. Cinco casas que son puntos claves para mantener la realidad unida. Si una se ve afectada por desastres naturales, guerras, incendios, etc. las otras crean lazos emergentes que procuran mantenerla íntegra, como la historia de la casa negra que sobrevivió los bombardeos de Londres.  En algunos casos se reconstruye o cambia de locación, como aquella casa en Montevideo que se incendió hasta sus cimientos sin dejar una sola ceniza. Cada una de estas casa constituye en sí una manifestación de los ingredientes fundamentales de la realidad: tiempo, espacio, materia y energía; la quinta casa es el catalizador de la realidad, donde confluyen estas energías y por decirlo así, se produce todo lo que conocemos.

Esa es donde probablemente nos encontramos ahora.

Ésta casa -la de la realidad- por definirla de algún modo, nos había salvado de la ilusión maldita con la que nuestro anfitrión pretendía quitarnos nuestros poderes.

 

El cuarto al que nos condujo la casa tenía al fondo cuatro paneles de madera donde estaban grabados unos inmensos árboles genealógicos con el inicio tan alto que no se alcanzaba a leer con claridad lo que decía. Muchas de las ramificaciones terminan de manera abrupta y otras eran tan largas que casi llegaban al piso. Ahí, al final de cada panel, sobresalían nuestros nombres encendidos por una luz verde. Cada rama de los árboles era el registro exacto de nuestros antepasados: quiénes eran tejedores, fecha de nacimiento, de muerte y de cómo había sido el deceso. Cada quien se acercó al panel que le correspondía y pudimos notar que éramos los últimos tejedores de cada clase, que nos venían cazando desde hace mucho tiempo.

 

-No!!! –gritó Juliana- No puede ser  ¿Entonces todo el tiempo fui adoptada? –Agregó estupefacta.

-¿Cómo? –Preguntó Isaac asomándose al panel de los tejedores de materia.

-Estos que están arriba de mi no son los nombres de mis padres –dijo exaltada- y de hecho, según esto tengo otros tres hermanos.

Tristán soltó la carcajada –¿Como es posible que teniendo todo éste problema en nuestras manos te preocupe eso? -Le dijo a Juliana entre risas.

Juliana solo lo miro con desaprobación y de repente se soltó a reír también.

-¡Miren! –interrumpió Isaac señalando al panel de los tejedores del espacio.

La luz que emanaba del nombre de Ixchel se atenuaba hasta casi desaparecer.

-No se preocupen –dijo un voz que llenó todo el cuarto- Ixchel está bien, sólo esta en otra parte de la casa, la luz parpadea porque sabe que nuestro anfitrión puede detectar las huellas de los tejedores y precisamente eso eso es lo que queremos evitar, así que está ocultando su propia huella.

-¡Oh! ya veo –interrumpió Tristán- Entonces, ¿Todos podemos ocultarnos del anfitrión de la misma manera?

-¡Claro! –Respondió la voz misteriosa- Pero como ustedes son muchos es más improbable que lo puedan lograr estando juntos, es por eso que los traje al corazón de la casa, ésta parte de la casa está sellada y su anfitrión no podrá sentirlos pro el momento. Pero lo más importante es que los he conducido a esta sala porque sé cómo podemos deshacernos de este villano y así salvar la realidad.

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