El nombre, el hombre y todo lo perdido

Ésta ciudad es todo lo que no debería ser, así como todos los años que he vivido aquí desde que debí morir. Perdí al pueblo, perdí al bosque, perdí mi nombre, perdí el libro, perdí a Siobhan y perdí mucho tiempo lamentándolo todo. Lo único que no pierdo es la pesadilla recurrente que no me deja dormir, la que me recuerda cuando Hilda se volvió loca, cuando proclamó que había dejado de ser el consejero para ser un traidor más y por lo tanto debía morir como todos los que habían intentado salir del pueblo. Ese día en que todo se fue al carajo.

Y hoy hasta eso fue diferente.

En ese sueño había alguien más al lado de Siobhan y Augusto defendiendo el bosque. Alguien que estoy seguro que antes no pertenecía a esa escena y sin embargo mi mente no podía imaginar las cosas sin él. Alguien que cargaba el libro que perdí bajo el brazo. Y justo en el momento que estaba por recibir el golpe fatal, él se cruzó usando al libro como escudo y desapareció. El consejo de cuervos dicen que perdí mi nombre desde aquél día porque ellos intervinieron. Que era dejar mi nombre con el bosque o dejar mi vida. Se fueron por lo que creyeron más conveniente. Lo curioso es que aquello es un recuerdo que, por más que lo intento, estoy seguro que antes de ayer no formaba parte de mi memoria.

Tengo que hablar con los cuervos hoy.

Tengo que saber qué sucede.

Es un día de suerte cuando el consejo no está ocupado. Siempre alguien quiere algo, siempre alguna ciudad perdida a plena vista está a punto de ser descubierta por quien no debe,  siempre hay alguien que descubrió que pertenece a donde creía que no lo hacía. Y cuando no, el Distrito Arcano los necesita para algo.

Hoy no es un día de suerte.

Me encontraba en la sala de espera, sin saber en qué entretenerme, para no perder la cordura en lo que tocaba mi turno, cuando no pude evitar escuchar parte de lo que estaban hablando ahí adentro.

–¡Tengo que volver! –gritaba una voz que se me hacía familiar– ¡Debe haber una manera!.

Hubo un silencio en el que estoy seguro que fácilmente cabe la respuesta de los cuervos a dicha demanda.

–¡Iscariote está a punto de morir si no hacen algo! –volvió a gritar la voz– ¡Nos costó mucho trabajo quitárselo a la alcadesa como para dejar que vuelva a sus garras!

Silencio otra vez.

Iscariote.

Yo… lo conozco.

Sí, estoy seguro.

¿Quién es?

 

Las puertas se abrieron de golpe y del salón salieron furiosos dos chicos. Uno de ellos me miró a los ojos y se puso más pálido que la luna llena. Traía el libro bajo el brazo, como en mi sueño.

–Te dije que estaba vivo –dijo uno de los cuervos a su espalda.

–Pe… pe… ¿cómo? –habló la incredulidad a través del chico.

–Vamos, no tenemos todo el día –le contestó el cuervo y luego me volteó a ver a mi-, váyanse afuera y averígüenlo. Ustedes tienen mucho de qué hablar y nosotros tenemos mucho tiempo que arreglar. Shú.

–¿Hilda volvió? –preguntó el chico preocupado.

–Nunca más –dijo el cuervo en un susurro.

–¿Entonces?

–Shú –dijo el cuervo dándonos la espalda y cerrando las puertas de su salón sin decir nada más.

Nos vimos a los ojos sin saber qué decir por más tiempo del que me hubiera gustado.

–Ese libro… –le dije buscando la manera de romper el hielo– ¿es EL libro? ¿Dónde lo encontraste?

–En la casa más vieja –dijo él tratando de ocultar su nerviosismo–. Supongo que sí, lo es.

–¿Sabes quién soy?

–¿Iscariote?

–Ese era mi nombre, sí. Hace muchos años que nadie me llama así, los cuervos dicen que se quedó con el bosque y los demás. Pero sí, ese soy yo. Y el creador de ese libro que tienes entre tus brazos.

–Este… creo que lo descompuse…

–¿Cómo descompones un libro?

–No sé… antes escribía algo y me contestaba. Con el tiempo supe que era Siobhan la que contestaba, gracias a que la tinta que vivía en el libro también vivía en la copia que tiene ella. Aunque ésta copia dejó de funcionar desde que llegué a estar con ella, cuando atravesé el bosque dentro de la casa más vieja.

–Es un poco más complicado que eso, pero dejemos esa explicación para otro momento. Así que por ahora sólo digamos que es magia. ¿Qué es lo que le pasa?

–Simplemente ya no contesta, ni siquiera puedo escribir en él por más que lo intente… es como si estuviera muerto.

Aquella oración casi me mata a mí, después de todo es casi como escuchar que mataron a tu hijo. En eso, el otro chico que había estado en silencio todo el momento se acercó.

–Creo que yo sé qué le pasa… –dijo con esa timidez que uno tiene cuando se cree que lo que se va a decir es una estupidez– O bueno, no sé si tenga que ver, antes de que Tobías desapareciera al atravesar el portón en la biblioteca de la biblioteca, yo estuve platicando con manchas de tinta sobre toda la casa. La tinta me dijo que vivía en el libro, así que supongo que es de la misma de la que hablamos. Tal vez… no sé… se cayó.

–Eso es imposible –le contesté descartando toda posibilidad–, a menos de que se haya salido intencionalmente.

–También dijo algo de que los tiempos estaban conectados porque él contaba la historia, ahí en el centro de donde todo había sucedido –añadió el chico mientras podía leerse en su cara que estaba tratando de recapitular todo detalle que estaba dejando fuera–.

–Pero cuando tratamos de volver a la biblioteca el cuarto no nos dejó volver a entrar –interrumpió Tobías intempestivamente–, sólo está un comedor en ruinas y nada de libros y ventanales y portones como antes.

–Pues sólo se me ocurre algo que podamos intentar –les dije a los dos de la manera más optimista que pude.

–¿Qué? –dijo Tobías a la defensiva– ¿Más magia?

–Digamos que sí –le contesté tratando de aguantarme la risa.

–¿Y va a funcionar? –dijo el otro chico.

–Esperemos que sí –respondí más por decreto que por querer decir algo.

En todo el camino a la casa platicamos sobre qué otras opciones podíamos tener como si fuéramos un equipo que tenía toda una eternidad trabajando juntos, como si nada más importara, hasta que Tobías se animó a preguntar lo que desde su primer miraba exigía respuesta.

–Sólo contéstame algo –dijo y luego se detuvo a formular su pregunta– ¿Cómo es que estás vivo y fuera del bosque? Digo, independientemente de que hayas muerto cuando me fui… si mis teorías son correctas, eso fue hace muchisisisisisisisisimos años, ¿eres inmortal?

–Digamos que mi tiempo está detenido, como todo lo está allá adentro. Digamos también que los cuervos me ayudaron a salir, así como te ayudaron a ti. O más bien, yo fui un daño colateral de sacarte a ti y así como tú regresaste justo a este día, yo viví todo el crecimiento del pueblo a ciudad. Tú sabes, magia. Y pues, siendo sinceros, lo que quiero es volver y voltear el reloj de arena que está detenido ahí, para que todo vuelva a andar. Sé que se puede, porque aquí estamos, pero no sé cómo hacerlo yo solo. La verdad es que aquí sí he estado muy solo.

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