El que busca, encuentra

Los tres tejedores observaban el bosque genealógico que se extendía por toda la pared como si ahí se explicara la respuesta a sus existencialidades. Ramas de un árbol se cruzaban con otro y se entrelazaban creando un gran laberinto de nombres y vidas. Un largo silencio los acompañó. A Juliana le llamaban la atención los nombres que brillaban en toda la pared.

–Deberíamos movernos, antes de que el Anfitrión nos encuentre –dijo Isaac.

–Daniel –dijo ella sin separar la mirada de la pared.

–¿Qué? –dijeron Tristán e Isaac al unísono sin entender esa respuesta.

–Así se llama… lo dice la pared. Y lo recuerdo –dijo ella acariciando el nombre en la pared– Sé que no miente.

–¿El Anfitrión? –preguntó Isaac– Daniel suena mucho menos atemorizante de lo que nos ha hecho creer hasta ahora.

–Esa siempre fue su cualidad, siempre fue el niño tierno que parecía que no mataría ni a una mosca. El indefenso. El que los mató a todos.

En la pared el nombre no brillaba pero Juliana notó que al tocarlo podías sentir su latir.

–Ya sé cómo podemos encontrar a Ixchel –dijo ella–, este árbol también es un mapa.

A Tristán se le iluminaron los ojos como cuando uno tiene una idea que parece ser la mejor de todas. Se acercó más al mapa y puso su mano sobre el nombre de Ixchel. Una pequeña flama iluminó el nombre de la niña araña. Ocho patas le salieron a la flama y empezó a caminar lentamente. En todo el árbol empezaron a surgir otras flamas azules, con sus ocho patas también, todas caminaban hacia la misma dirección.

El cuarto tembló y las paredes crujieron.

–Eeeh… oigan… –dijo Isaac antes de entrar en un ataque de pánico.

–¿Qué sucede? –dijeron Tristán y Juliana acechando el camino de las flamas para ver qué sucedía. Ambos querían creer que el temblor era circunstancial a lo que lo que sucedía en el árbol.

–Creo que tenemos que irnos… ¡YA!

–¿Cuál es la pri… oh… detalles… –dijo Tristán al voltear para encontrar que los tres estaban siendo rodeados por un ejército de hombres araña. No tenían a dónde escapar. A sus espaldas sólo estaba la pared, el árbol y las luces moviéndose a través de las ramas para alcanzar un mismo nombre.

Tristán tomó de la mano a Juliana y le pidió que se concentrará en la pared y en Ixchel, tejiendo juntos sus habilidades crearían un hoyo por el que pudieron escapar dejando a las arañas del otro lado. Los tres habían logrado cruzar segundos antes de que las arañas los alcanzaran. O de que el cuarto les cayera encima. Ahora se encontraban en una especie de jardín interno, había muchos árboles y pasto que del suelo se trepaba a las paredes.

Más allá el Anfitrión se sentaba en la orilla de una fuente y sostenía de un brazo a un Ixchel triste y derrotada.

–¿Qué los hizo demorarse tanto? –dijo él con una sonrisa triunfal.

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