El reloj de arena

¿Cuántas veces has escuchado que el bosque es peligroso, que no te salgas del camino, que la gente se pierde ahí dentro, que la tragedia te va a encontrar si lo intentas atravesar de noche?

De todas esas veces, cuántas tragedias han caído sobre sus víctimas por quien iba pasando, por los caminos cruzados de uno, dos o tres destinos o por una mujer que no soporta ver espacios donde la humanidad no tiene control.

Lo que quiero dejar claro es que la  culpa no es mía como muchas historias te lo han querido hacer creer sino de quien se esconde donde puedan decir que la maldad es ajena.

Por eso hice lo que hice antes de ser bosque, por eso soy quien soy.

Cuando las horas transcurrían y el tiempo podía contarse en años Hilda me declaró la guerra y muchos de los que fuimos bosque peleamos por defendernos, peleamos por no dejar que ganara  su ambición de destruir nuestra libertad de saber aquí se vive mejor.

Y todo porque ella no quería escucharse ni  a si misma, porque me obligó encerrarlo todo en una burbuja que evitara la destrucción, porque juzgó la soledad del bosque a la par de la suya propia; confundir una soledad con la otra fue como querer decirle luna al sol. Hizo mal en comparar lo terrible de no poder evitar el tener que escuchar sus pensamientos que llegaban a acompañarla cuando estaba sola con su persona a tener que escuchar al viento enredarse entre las hojas, al río correr con prisa y a todo lo verde abrazar a quienes viven aquí adentro.

Aunque entiendo que si no hablas bosque, todo lo que digo te parezca inteligible.

Desde que le di mi corazón al bosque y el tiempo se detuvo comprendí toda la verdad que había detrás de lo que por mucho tiempo fue un saludo y una marca de complicidad: Aquí no estamos solos.

Desde aquí, desde cada rama, cada hoja, cada roca y cada pedazo de musgo puedo verlo todo y esperar el momento en el que llegarían quienes nos regresarán el amanecer. Aunque yo nunca vuelva a ser la misma, aunque eso le de la libertad a mi hermana de despertar y darse cuenta que el bosque aún está aquí, de atacar y de querer volver a matar la soledad que vive en ella.

Y desde aquí los vi llegar.

Desde aquí reverdecí de gusto al verlos tomar la llave de la mujer que fui, la llave que guarda el secreto para que todo el bosque que soy pueda volver a vivir. Aunque primero tengan que resolver el acertijo de dónde se esconde.

Desde aquí los vi irse de nuevo para buscar ayuda y los vi volver tal como se fueron.

Desde aquí me preocupa la oscuridad que ha crecido en el pueblo con todo el resentimiento y odio que ha echado raíces en mi hermana desde el exilio del tiempo.

Los veo dudar.

Discuten más tiempo del que deberían.

Si lo que escucho que dicen es cierto, la situación es como un reloj de arena. De un lado está con vida la ciudad del tiempo de donde provienen y de éste otro lado está todo lo que está detenido en el pasado. ¿Qué va a suceder cuando volteen el reloj y la arena de un lado empiece a caer en el otro?

Iscariote argumenta que si los cuervos no han podido hacer nada por salvar lo que quedó congelado, ¿qué pueden lograr dos humanos, un hechicero y un poco de tinta hecha conciencia?

Los tres dicen que si afuera el bosque no existe porque la ciudad creció entonces no van a ganar. Tobías argumenta que algo debe de haber sucedido porque si la ciudad existe allá es porque el tiempo volvió a avanzar de éste lado.

Augusto se desespera de que si no encuentran pronto la manera de salvarme a mi y al bosque, toda la magia morirá y… ¿entonces cuál es el beneficio de volver a vivir?

¿Vamos a perder contra mi hermana, verdad?

La incertidumbre me carcome como a ellos el miedo los inunda.

Pero el niño de tinta que llamo hijo insiste que alguien tiene que romper la burbuja y dejar que la vida suceda.

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