El tiempo, la tinta y la historia

La casa más vieja es mucho más grande de lo que la pequeña puerta en la entrada te haría pensar. Tobías guardó el libro que habían encontrado bajo el brazo cuando escuchamos como si un árbol cayera ahí dentro, a un par de cuartos de distancia. Yo lo perseguí como su propia sombra a través de los cuatros estrechos, de las ruinas, de un par de pasillos, escaleras arriba, a través de un salón hasta una puerta de madera degastada que parecía tener luz del otro lado.  Nos miramos y Tobías asintió en silencio, acción que aquí significaba que me estaba pidiendo permiso para abrir la puerta. Cuando le puso la mano encima a la perilla ésta brilló como si fuera la luna misma y, tratando de proteger nuestra vista de la luz, Tobías dejó caer el libro al suelo y éste cayó con las páginas abiertas.

Cuando bajé el brazo para ver, Tobías ya estaba dentro del cuarto con el libro una vez más bajo el brazo. Parecía haber todo un bosque ahí dentro entre lo restos de una biblioteca abandonada, al fondo había otro portón entreabierto. En la puerta donde me encontraba estaba escrito en tinta negra:

 

“Bienvenidos al bosque, está prohibido salir sin echar al tiempo andar.”

 

Al entrar al salón palabras que se escribían con la misma tinta que la de la puerta me distrajeron de llamarle la atención a Tobías.

 

“En ésta casa sucedió una tragedia que aunque ya murió hasta ahora no ha terminado. De hecho, con cada casa que le construyen a la ciudad, la tragedia crece sin que nadie recuerde como empezó todo.”

 

Levanté la mirada para ahora sí llamar a Tobías para que viera aquello y noté que se encontraba viendo el portón hasta el otro lado del salón. Dí un paso adelante y me disponía a gritar antes de que mi amigo empujara el portón para saber qué había del otro lado.

La tinta se pintó de nuevo en suelo.

 

“DETENTE”

 

Me dijo de tal tamaño que la palabra apenas cabía en mi vista.

Escuché al portón cerrarse, tragándose a mi amigo.

La tinta volvió a moverse.

 

“Estará bien, lee.”

 

-¿Por qué debería de confiar en ti? –dije en voz alta sin pensar en lo que estaba haciendo. Cualquiera que me viera en ese momento me tiraría de loco observándome conversar con la soledad de una biblioteca en ruinas y árboles que atravesaban loss techo y las paredes. Estaba platicando con la sangre de un bosque dentro de un bosque. Poético, lo sé. O patético, no sé.

 

“Porque tengo una historia que contarte”

 

-El de las historias es quien se acaba de meter por allá, no yo –le contesté.

 

“Necesitas la historia si quieres a tu amigo de regreso”

 

Ignoré al letrero y corrí para intentar abrir la puerta por donde perdí de vista a Tobías. Al segundo intento abrió para dejarme ver que todo lo que había adentro era un pequeño cuarto vacío.

Dí la media vuelta y la tinta estaba ahí.

 

“Esta casa se construyó por la familia de mi familia.

Aunque en ese entonces no se planeaba que existiera dicha familia.

Ni pueblo.

Y mucho menos la ciudad que es ahora.”

 

Una flecha que salió del último punto me guió a uno de los retratos que colgaban de las paredes. A un lado, las palabras seguían naciendo de la tinta.

 

“Ella es Hilda, fue la última Alcaldesa del pueblo, antes del exilio.

Su hijo está en el bosque, aullándole a la luna que no baja.

Su hermana está perdida en el bosque, haciéndole honor al nombre de su gente.

Ella está culpando al bosque de todos sus problemas”

 

-Lo que estás diciendo no tiene sentido –le contesté.

 

“Tu amigo se va a encontrar con uno de los tres. Espero por su bien y por el de todos que sea su hermana.”

 

-¿Si no qué?

 

“Todo va  seguir igual.

O peor.”

 

-Sigo sin entenderte, ¿quién eres?

 

“Mi papá se quedó atrapado en el pueblo y mi mamá detuvo el tiempo en el bosque para que pudieran encontrar la manera de solucionar las cosas. Se supone que sería sólo un poco. Pero ese poco ha durado toda una civilización entera. Mi papá intentó salvar al bosque desde el pueblo pero su magia y la de la alcaldesa chocaron. Tú y yo podemos hablar ahorita porque estamos compartiendo el abrazo de la soledad del bosque. La única manera de salvarlo todo fue guardando al bosque dentro de la casa. Transformando a la casa en un reloj de arena que tiene muchísimo sin ser volteado.”

 

-Y… ¿mi amigo de qué sirve? –le pregunté tratando de tener un par de cabo que atar.

 

“De tiempo”

 

-¿Y la historia?

 

“De arena, de conexión entre aquí y allá. El libro ayuda un poco, mientras estemos bajo la misma luna, estamos en el mismo lugar.

Espera, el bosque est…”

 

La tinta se diluyó como agua y por más que le grité no volvió a escribir nada. Golpeé el suelo, las paredes, la puerta por donde Tobías desapareció y nada. Salí de la biblioteca, cerré la puerta y la volví a abrir y ya no había nada de todo lo que había visto. El cuarto estaba en ruinas, sí, pero ahora era un comedor que realmente no tenía tanto tiempo abandonado como aquél cuarto en el que la tinta hablaba.

Me volví a salir, cerré la puerta y la golpeé con fuerza. Pocos segundos después había luz de nuevo detrás de ella. Y las puertas se abrieron como si un tornado las empujara. Tobías estaba ahí, con la ropa desgarrada y una cicatriz que le recorría todo el brazo.

-¿Óliver? –me preguntó confundido- No… no… necesito volver, NECESITO VOLVER.

Pero el salón seguía siendo un comedor abandonado.

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