Entre el pecho y la espalda

Se encontró a sí misma enredada o, para hacerle honor a su nombre, enzarzada.

–Volviste –dijo el ángel sorprendido.

–Realmente no quería, pero ya sabes, los sueños tienen vida propia –dijo la chica, resignada a estar donde se encontraba.

–Perdona por hacerte enojar –dijo él, escondiendo la mirada en el suelo–, no era mi intención. Pero en verdad hay que tener cuidado en los siguientes días, en cuanto logremos salir de aquí.

Aunque había avanzado en su tarea la noche anterior, no lo había hecho lo suficientemente rápido, estaba muy cansada de buscar la escoba todo el día y el progreso casi no se notaba. Tener que hacer esfuerzo físico también en sus sueños, la iba a terminar desgastando algún día.

–Perdona por darte esa cachetada… –contestó ella, minutos después del silencio en el que se habían metido– y por dejarte aquí solo.

–No te preocupes, aquí no paso nada, más que matarme de hambre. Un poco. –dijo él, casi en un susurro, casi no queriendo– ¿Aún no encuentras tu escoba, verdad?

–¿Por qué te preocupa tanto? –preguntó intrigada, pero con verdadero interés.

–Tengo mis creencias –dijo él, levantando la cabeza al hueco por donde entraba la poca luz que les llegaba–. La gente que fue a ese concierto está a pocos días de morir. La bruja que los hechizó es de este mundo, quiere irse para allá, donde el tiempo es estable. Pero para lograrlo, necesita de la esencia vital de muchas personas. Necesita de sus sueños. La verdad es que, yo creo, que sólo tiene miedo de ser el sueño de alguien más. De desaparecer cuando ese alguien despierte.

–¿Y yo qué tengo que ver? –Interrumpió Zarzamora, sin poder atar cabos por ella misma.

–A eso voy, escucha –dijo el ángel en un tono paternal que la hizo sentirse avergonzada. No estaba acostumbrada a escuchar, ella habla y Sabina escucha. Así había sido siempre. Tenía más amigos, pero Sabina era la que la acompañaba a todos lados.

–Eres la única que sobrevivió porque olvidaste tus elecciones en casa, en tu otro corazón. Porque eres la única con dos corazones que asistió. Porque tienes algo que también es de este mundo, tu escoba. Y creo, sólo creo, que la bruja todo lo que pudo robarte de tus sueños, de tu energía, fue tu escoba. Cuando se entere de que existen personas como tú, que pueden vivir en ambos mundos, vendrá por ti. Y nada podrá detenerla. Por eso es que quiero protegerte.

Cuando a Zarzamora la enseñaron a volar, le habían dicho que era más fácil hacerlo en la ciudad de los sueños porque las escobas de las chamanitas no sólo eran de ese mundo. Eran parte de sus mismos sueños. Parte de ella. Si lo que el ángel estaba diciendo era cierto, una parte de ella había muerto ya. Eso la llenó de tristeza, pues volar es algo que la hacía muy feliz. Sin embargo, había otra duda que la llenaba de curiosidad

–¿Y por qué es que dices que perseguir a Orfeo va a matarme? –preguntó Zarzamora, mirando todo el trabajo que le quedaba limpiando esas alas.

–Porque él también quiere protegerte –dijo Ike sin pensarlo– pero él cree que la mejor manera de hacerlo, es sacarte de este mundo. Ir más allá de los sueños. Más allá de los límites. A los terrenos en blanco. Por donde nadie ha cruzado jamás. Pero yo no ceo que cruzar sea la mejor opción, cruzar es ir al otro lado. A la muerte.

–¿Quiere protegerme? –dijo ella emocionada, ignorando todo aquello sobre la muerte y demás. Todo lo importante, pues. Y es que en verdad sus dos corazones corrían a toda velocidad al escuchar que Orfeo quería protegerla y no la dejaron escuchar todo lo demás– ¿Por qué?

–Porque eres su más devota escucha, porque le pones letra a su música –dijo Ike con cierto desprecio. Recelo, quizá.

–¿Y por qué nunca voltea? –dijo más confundida que sus dos corazones– ¡Que se detenga y me diga algo!

–¡Yo que sé! –Gritó Ike algo desesperado– Si arreglas mis alas primero, podemos hacer lo que sea después, pero por amor de Dios, ¡salgamos de aquí ya!

De hecho, ella también comenzaba a desesperarse.

–No puedo, no lo lograré, menudo lío en el que estoy metida –Le contestó– Esta maraña es irreparable. No puedo, simplemente no puedo.

Por un momento pensó en romper la promesa, romper su palabra y mandarlo al diablo, dejarlo ahí y buscar una salida ella sola como pudiera. Pero inmediatamente los tumores en su cabeza dieron señales de alerta, “ni lo pienses, de verdad se preocupa por ti” parecían decir haciéndose sentir como alfileres.

–Podrás si de verdad lo quieres –dijo Ike, quien quería ayudar pero no podía desenredarse por sí mismo, cosa que a ella la hizo sentirse presa de la situación e incluso estaba perdiendo esas ganas de mecerse en esas sucias alas grisaceas de nuevo. Notando la desmotivación que los estaba inundando a los dos, lo mejor que Ike pudo hacer es cantar mientras ella trabajaba, con la esperanza de conciliar sus corazones y hacerlos latir juntos.  Como dos corrientes en un río con la misma dirección.

No puedo dormir

No puedo pensar

No puedo correr

No quiero entender

No puedo escribir

No puedo llorar

No puedo salir

no quiero saber

No puedo soñar

No puedo escapar

No puedo cantar

No quiero creer

Este corazón es uno sólo

Aunque tenga frente y revés

Tu y yo somos lo mismo

Aunque no puedas creer

Sé que tu sabes que yo sé,

Que no hay nada más que entender

Entre el pecho y la espalda

Tenemos todo el poder

Al derecho o al revés ,

aquí vamos otra vez

No quiero dormir

No quiero pensar

No quiero correr

no puedo entender

No quiero escribir

No quiero llorar

No quiero salir

no puedo saber

No quiero soñar

No quiero escapar

No quiero cantar

no puedo creer

Este corazón es uno solo

Aunque tenga frente y envés

Tu y yo somos lo mismo

Aunque no puedas creer

Sé  que tu sabes que yo sé,

Que no hay nada más que entender

Entre el pecho y la espalda

Tenemos todo el querer

Aunque la cancioncilla surtió su efecto y Zarzamora trabajo sin parar, la pesadilla parecía no tener fin: pluma por pluma, pieza por pieza, palabra por palabra.  

“Si no fuera porque soy adicta a encontrar, a buscar lo que falta, lo que sobra, lo que se necesita, lo que andaba buscando, lo que había perdido, lo inesperado, ya me hubiera despertado.” pensó al observar que todavía le faltaba mucho y, a pesar de todo, le estaba tomando cariño a esas alas. Las estaba haciendo suyas.

 

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