Epílogo · Oportunidad etérica

Dahlia… Dahlia… escúchame.

Al escuchar aquellas palabras, Dahlia sintió la presión de la oscuridad sobre ella, pero también sentía cómo la caricia del Viento aligeraba su peso.

−¿Éter? −dijo recostada sobre la oscuridad, sin abrir los ojos.

Bienvenida de nuevo resopló el Viento.

−¿Estoy muerta? −preguntó con una sonrisa.

Depende… resopló el Éter.

−¿De qué? −preguntó ella abriendo los ojos para mirar la luz verde en el horizonte y descubrir que esta vez estaba mucho más cerca.

¿Quieres estar muerta y descansar en paz? Soltó las palabras el impaciente Viento.

−¿Tengo otra opción? −cuestionó Dahlia mirando hacia arriba.

Sí, que nos ayudes a luchar sopló traviesamente el Viento con intención de  levantarla del suelo.

−¿Contra quién? −preguntó extrañada− Saben que no soy muy hábil, que nunca he librado una sola batalla.

Sí, pero eres un alma libre, no tienes cuerpo, nuestro pacto con el mundo no te afecta, nada te ata a él. Nosotros podemos darte un cuerpo nuevo, sólo tendrías que bañarte en mi corriente. No sería un cuerpo de carne y hueso como el que alguna vez tuviste, ni funcionaría igual, pero podrías ser una persona tangible si así lo deseas y tendrías una vista especial: la nuestra.

Nosotros te enseñaríamos a usar ese nuevo cuerpo y te entrenaríamos para la batalla. Antes de decidir, debes saber que el Gremio quería matarlos, a ti y al bleizen de fuego, para poder llevar a cabo el exterminio de Angharad silenciosamente, para que nunca nadie supiera lo que sucedió. Su ignorancia y su soberbia no tienen límites: quieren destruir todo aquello que tenga que ver con nuestras artes arcanas: las ciudades, personas y demás; quieren que todas las razas de todos los continentes, no sólo de Angharad, olviden que existimos. No se han dado cuenta que los bleizen son una raza privilegiada. El agua, el viento, el fuego y la tierra son el Éter dividido en cuatro. Yo puedo ser sin ellos, pero los elementales no pueden existir sin mí. Están hechos de esta corriente, por eso no pueden aprender a usar las artes, porque ellas son su esencia.

−¿Y el ejército de Kali y Bhel? −preguntó rápidamente antes de siquiera pensar en su oferta. −¿Qué no se acabó la guerra, ya?

Piénsalo, si supiéramos que ganarán… ¿estaríamos aquí pidiéndote ayuda?

−¿Han muerto muchos? −interrogó una vez más, esperando escuchar que el Circo del Alma y sus integrantes se encontraban con bien. Se puso de pie rápidamente y dudó si avanzar o no.

¿Tu ciudad y todos sus habitantes no te parecen suficientes? Rugió el Viento en tono de reproche. Del ejército de los dos hermanos, murieron unos cuantos soldados, pero una cantidad muy pequeña en comparación a los bleizens que volvieron a mí cauce. Eso hizo que retrocedieran, pero volverán a atacar y necesitamos estar listos para entonces.

Está bien, acepto. Aunque sigo sin entender porqué yo −dijo avanzado lentamente hacia el río, pues la presión de la oscuridad trataba de aplastarla para hacerla parte de su negrura. El Viento cálido la empujó suavemente  a su nueva vida.

             Porque tú eres Iseldis.

             Tienes que regresar a proteger lo que es tuyo.

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