Esto en lo que crees

Me gustaría poder creer en fantasmas, me haría la vida más sencilla. Hay muchas otras cosas que me gustarían pues… pero la cosa no es tan fácil.   

Toda mi vida construí puentes. Fui ese tipo de personas que funcionan de engrane que te llevan a que conozcas al amor de tu vida, el que te pasa el consejo para el trabajo que buscas, gracias a mi aquél hospital logró ponerse en contacto con el doctor que le salvó la vida a tu esposa. Soy el eslabón invisible que al final nadie recuerda. Soy, pues, el fantasma que hace que las cosas sucedan. Me gustaba mucho esa vida aunque me causaba un vacío que día con día crecía cada vez más, una oscuridad que empezó a transitar entre mis calles y de la que en algún momento sería imposible esconderse.

Escapé de esa vida donde nadie me conocía pero todo mundo me necesitaba para encontrar otra donde pudiera ser alguien más, donde pudiera creer y donde pudiera estar vivo. Por medio de las palabras de un trabajador que conocía a un operador que supo llegar a otros organizadores de viajes logré que llegara hasta a mí un boleto de tren que me llevaría hasta el otro lado del país. Porque por alguna razón uno cree que yendose lejos puede huir de sí mismo. A la mitad del camino el tren se descarriló y aunque el conductor instruyó que nadie se bajara de los vagones, que esperáramos ayuda a nadie pareció molestarle que yo me bajara del dichoso accidente. Me alejé lentamente y me adentré en el bosque seducido por el canto de sus árboles. Un pie tras otro pie lo fui dejando todo en el camino. De repente el bosque se abrió para enseñarme un claro del tamaño de la espalda de un titán. Era casi absurda la perfecta redondez de aquél hueco de luz en el bosque. En el centro se encontraba una mujer dándome la espalda.

Intenté llamarla.

Intenté preguntarle qué sucedía.

Intenté romper su silencio.

Sobra decir que fallé.

Me senté a su lado para observar hacía donde ella tenía la mirada perdida y ahí nos cayó la noche.   

“Este sería un buen lugar para construir deseos” fue una frase que llegó a mi mente a media noche. A la fecha no estoy muy seguro si la pensé yo, si la estatua decidió ser persona y hablar o alguien más me la susurró al oído pero la escuché y se me quedó grabada para siempre. Mucha gente pasó por el claro dejando un parte de ellos a cambio de que el bosque escuchara sus deseos.  Tampoco estoy muy seguro de que se dieran cuenta de que con su voluntad aquellas cachitos de si mismos que dejaban me servían a mí para ir construyendo mi más grande deseo, dejar de ser invisible. Irónicamente el único que sabe que estoy aquí es el guardián sin nombre que, aunque juega a que no me ve, sé que lo hace y sé que me escucha cuando le pido que consiga material para la construcción de la torre de los deseos. Sé que lo hace porque escucha al bosque y está aquí casi tanto tiempo como yo. Sé que lo hace porque indirectamente siempre responde a lo que le pido. Lo que no se es qué tanto sabe lo mucho que me molesta cuando sugiere que debería creer en mío lo mucho que le repite a la gente que para que un deseo se cumpla debes creer en él y hacer algo al respecto.

Con el tiempo vi llegar al demonio, al café que solo abre los jueves, toda la comunidad que viene a cumplir sus deseos, incluso he visto a la estatua moverse aunque ella crea que nadie la ve. Con el tiempo se darán cuenta del fantasma que les ha construido casi todo lo que tienen aquí.

 Soy una historia de fantasmas y sólo puedes verme si crees en mí.

Y ese es todo mi problema.

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