Esto que tú eres

Al abrir los ojos sintió que no podía enfocar bien, la luz era como la de de esa hora del día en que por más que enciendes las luces no alumbran mas y por más luz que haya está oscuro. Se incorporó y trató de observar a su alrededor, no había más que neblina y el suelo era como de ladrillos pintados que se extendían donde el horizonte alcanzaba a ver. Al examinar mejor el suelo descubrió, para su sorpresa, que ahí se dibujaba una rosa de los vientos con… algo… diferente. Los puntos cardinales eran los símbolos de las puertas de la casa donde los había convocado su extraño anfitrión.  

Pum, pum, pum, le hacía la cabeza cada vez que la movía con brusquedad.

En una de la puntas de esa rosa estaba el símbolo de la puerta que le correspondía, el cual empezó a crepitar en cuanto se acercó a él.

-Ixchel, no temas –escuchó que le decía una voz que provenía de todos lados.

-¿Quien esta ahí? –preguntó asustada– ¿Qué quieres de mí?

-Escucha Ixchel, hay poco tiempo, estas en el punto de comunión de las 4 fuerzas. El anfitrión es un ser muy poderoso y peligroso que debemos detener, yo soy la guardiana de la casa de Anansi donde todos ustedes fueron convocados, desde hace tiempo he tratado de contactarlos a ustedes, los últimos tejedores, para advertirles sobre el peligro que se avecina pero fue demasiado tarde, gracias  al destino he encontrado una segunda oportunidad al traerte aquí.

-Pero yo que puedo hacer –le respondió asustada – Estoy perdida no puedo encontrar a los demás y apenas si puedo entender lo que me dices.

-Escucha muy bien lo que te voy a decir –Dijo con más severidad la voz –para poder detener a este rufián primero debes de tomar posesión de la casa del espacio, la casa que te pertenece y asi podrás abrir el portal para que todos converjan aquí en la plaza de la realidad. Para lograr eso debes de acercarte a  ella y probar que eres digna de tomar control de la casa.  Esto a través de un gran sacrificio que te permitirá abrir las puertas de la casa.

Eso suena muy complicado –pensó Ixchel –¿Qué puede sacrificar alguien que prácticamente no tiene nada? –se preguntó a sí misma.

Al entender eso se acercó a la casa del espacio, que se hacia mas nitida a cada paso que daba: era una casa alta con tres torres, techos de dos aguas con tejas verdes y amarillas que formaban un entramado de una belleza peculiar. Todas las ventanas estaban cerradas y tapiadas como si la casa se protegiera de un huracán, en el porche había varios objetos tirados, parecía que un cartógrafo había huido de ahí dejando todos sus instrumentos de medición en el piso. Había brújulas, compases, un astrolabio partido a la mitad, varias cuerdas de medición y otros objetos que no reconocía pero que podía intuir servían para medir cosas. Ixchel no tenía idea de que era lo que tenía que sacrificar para tomar posesión de esa casa, de hecho no tenía idea de querer tener una casa extraña y de qué tenía que hacer para poder mantenerla. Le sorprendía mucho lo rápido que habían cambiado sus prioridades en cuestión de horas y ahora tenía que decidir qué sacrificar para poder tomar posesión de algo que hasta hace unos segundos no sabía que quería. Los nervios no dejaban de hacer estragos en su cabeza mientras seguía viendo los objetos del porche de los cuales le llamó la atención un taumatropo de una jaula y una ave, lo tomó entre sus manos y empezó a jugar con él.

Pum, pum, pum, le volvió a hacer la cabeza cuando se dío cuenta de que era lo que podía sacrificar.

En eso la puerta de la casa se abrió.

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