La necesidad de volver

–Es que no entiendo Tobías, ¿por qué volviste? –dijo una voz que él sabía muy bien a quién le pertenecía.

–Ay no… ya me morí, ¿verdad? –dijo al comprobar quién era quien hablaba– sabía que la bestia tarde o temprano me iba a matar.

–Tobías… no estás muerto. Aún. –le contestó la voz impacientemente– hablamos de la bestia después, primero contéstame.

–Pero Siobhan, tú estás muerta. Vi la estatua en la que te convertiste.

–Eeemm… digamos que es algo complicado –dijo ella sin querer perderle el paso a la respuesta que buscaba.

–Soy todo oídos –dijo él con el mismo interés que ella por la respuesta.

–De hecho, en estos momentos, eres más fuego que oídos y no quiero que sea mi culpa. ¿Por qué volviste? –contestó ella cruzada de brazos, vestida con una túnica hecha de hojas de árbol que pareciera ser parte del mismo suelo donde estaba de pie. El bosque los rodeaba.

–Eeemm… digamos que es algo complicado –dijo él imitando el tono de voz de ella.

–Pues yo soy más bosque que oídos, así que te propongo algo, vamos contándonos lo que sucede para poder ver cómo vamos a solucionar todo el problema en el que estamos enraizados. Puede que no lo sepas pero cuando yo los expulsé a ti y a Iscariote junto con los espíritus del bosque fue por una razón. O bueno, más de una razón, pero una de las fuertes incluía el hecho de salvarte a ti, a él y a ellos. Lejos de la magia se suponía que estarías a salvo.

–¿A salvo de qué? –preguntó él ignorando lo demás.

–Esa herida que te causaron Augusto y el hechizo de Hilda –contestó ella al señalar la cicatriz que él portaba en el brazo–. Cuando sucedió, no sabíamos cómo hacer que mejoraras, hubieras muerto de no ser porque una parte del bosque aceptó vivir dentro de ti para curarte. Puedes hablar conmigo ahorita porque esa parte que está dentro de ti, la que está tratando de salir haciéndote una bestia de fuego, es parte de lo que ahora soy. Cuando los expulsé a ustedes yo hice por el bosque lo que él hizo por ti. Así que podrías decir que ahora somos uno mismo. Por eso no tenías que volver.

–La casa más vieja de la ciudad no dejaba de llamarme. –dijo él más para tratar de entender todo lo que estaba  sucediendo en su cabeza con esa nueva información– O eso es lo que pensaba antes, cada segundo que pasaba lejos de aquí sentía que el incendio me quemaba un poco más. El bosque estaba impaciente a regresar a sí mismo, supongo.

–El problema es que volviste con Iscariote y con quien él era antes de ser Iscariote. Yo pensé que congelando el tiempo y encerrando a Hilda impediría que le sucediera todo lo que la vida tenía planeado para él –dijo ella en un suspiro dejando salir toda la tristeza que había contenido en su conversación–. Supongo que es cierto eso de que el tiempo siempre encuentra cómo corregirse, aunque esté muerto.

–Espera… –dijo Tobías rascándose la cabeza– ¿de qué estás hablando?

–Iscariote y tu amigo Oliver son la misma persona.

–¿Cómo es eso posible?

–Lo es. Siempre lo fue. Cuando llegó al bosque por primera vez, o bueno… la segunda, creía que podía salvarte de alguna manera. Estaba buscando regresar al momento en el que estás hecho lobo de fuego pero llegó muchos años antes. Hasta podría decirte que somos amigos de la infancia. Decía que los cuervos le habían enseñado algo de magia para utilizar la caja de los vientos, que quería aprender más para salvar el mundo y el tiempo. Estudió con mi hermana y estudió conmigo. Se hizo muy bueno.

–Espera… esperaaaaa… –volvió a detener la conversación para asimilar lo que estaba escuchando. ¿Hilda y Oliver? ¿Hechiceros?

–Sí… este… –dijo Siobhan ahora siendo ella quien se rascaba la cabeza– verás, de nosotras dos Hilda siempre fue más adepta a la magia pero con todas las tragedias que nos sucedieron alrededor de la misma siempre lo negó. Yo hice todo lo contrario. Al principio me fue muy difícil aprender, incluso el mismo bosque me tenía muy poca esperanza pero yo siempre quise creer en mi misma. Egoístamente también creí que en la magia encontraría la manera de vengar a mi padre y hacer que la vida tuviera sentido de nuevo.

–¿Y te funcionó?

–Pues… no mucho realmente –dijo ella aún más triste–, si Oliver está en camino a ser Iscariote y tú estás aquí es posible que mi hermana encuentre la manera de ser libre de nuevo.

–¿Y por qué nunca volvió por mí? –preguntó al temer la peor respuesta– ¿nunca lo voy a volver a ver?

–Estaba muy triste y perdido. Se sentía terriblemente solo. Decía que el mundo estaba empecinado en dejarlo atrás y el único que se esforzaba por estar a su lado eras tú. Se cansó de que Hilda no quisiera salir del pueblo y empezó a entrenar más conmigo y con el bosque y los Quinqués Perdidos. Una de esas noches fuera la primera vez que dijimos “Aquí no estamos solos”, antes de que se convirtiera en el lema de todo el bosque. Mi hermana lo nombró consejero de la alcaldesa en un acto de celos. Quería tenerlo cerca, quería que nunca se fuera de su lado y que construyera su futuro con ella pero su corazón estaba conmigo y con el bosque. Lo mantuvimos escondido por muchos años. La idea de crear el libro de “Bajo la misma luna” era nuestra manera de estar juntos. Entre más fuerte sea el lazo con la otra persona, pueden compartir momentos y experiencias juntos, no importa la distancia. Cuando ella se enteró de esto ya estábamos en plena guerra. Le molestó mucho entender que había perdido a alguien más “por culpa del bosque”. Y luego llegaste tú.

–Tomaré esa larga respuesta como un “no, no lo volverás a ver” –dijo la voz triste de Tobías.

–Sí volvió. Aunque un tanto tarde. Lo verás cuando despiertes, con sus muchos años encima y su otro nombre.

–¿Qué le sucedió a su nombre?

–Eso es algo que no me toca a mí contarte –Siobhan guardó silencio por unos segundos, abrió los ojos lo más grande y puso cara de haber recibido la peor noticia.

–¿Qué sucede? –le preguntó Tobías preocupado.

–Te vas a enterar en unos segundos. Se fuerte, el bosque está contigo.

 

Todo desapareció.

Sentía que estaba dentro de un tornado que lo jalaba de un lado a otro sin poder ver absolutamente nada. Cuando despertó, Iscariote estaba jalando violentamente llamándolo por su nombre constantemente. Al parecer todo mundo tenía una excesiva prisa de irse de ahí.

–¿Qué sucede? –le preguntó tratando de poner los pies en la tierra para volver a sí mismo.

–Eso sucede –dijo señalando a la entrada de la cabaña donde estaba de pie una de las estatuas de ceniza como las que se encontraban a las orillas del pueblo. Los restos de toda la gente que perdió la vida a manos del rencor de Hilda.

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