Pasado entretejido

–Creo que la pregunta más importante en éste momento es, ¿quién es éste anfitrión que quiere destruirnos? –dijo Tristán analizando las ramas del árbol genealógico de tejedores.

–O, ¿por qué nos juntó en un mismo lugar para hacerlo? –continuó Isaac al tratar de encontrar todos los cabos sueltos

–O, si se supone que somos los últimos en la línea de nuestra energía, ¿qué importancia tienen mis supuestos hermanos en éste árbol? –remató Juliana.

–Yo puedo ir contestando todo eso mientras ustedes se aseguran de continuar con vida –les contestó la voz misteriosa que parecía venir de todos lados.

–Podrías empezar por mostrarte y decirnos quién eres –contestó Isaac intempestivamente.

–Yo soy la casa en la que se encuentran –dijo la voz con paciencia–, ¿Sabes por qué le tienes tanto miedo a las arañas, Juliana?

–¿Porque son horribles? –dijo ella confundida.

–Hay una razón más a fondo, escondida en el pasado que al parecer no recuerdas. Estabas muy chica para hacerlo, supongo. Ésta solía ser tu casa cuando eras niña y también ésta solía ser la casa central en toda la telaraña que los tejedores solían llamar la fábrica de la realidad.

Verán, hace poco más de treinta años las cinco casas se vieron amenazadas por un grupo de gente que no estaban de acuerdo en cómo funcionaba el mundo, en su afán por cambiarlo todo quisieron buscar el control de las casas principales para tomar las riendas de la telaraña y tejerla a lo que ellos creían que estaba correcto. El problema aquí es que querer controlar el orden de la vida es como pedirle al fuego que moje, que no se expanda y  que aprenda a soplar. En incontables ocasiones los humanos han buscado la manera de ser dioses para encontrar la respuesta de qué hay más allá de la humanidad.  Y en todas esas ocasiones han fallado. Muchas familias cayeron en ese entonces y muchas rebeldías también. Sin embargo, el mundo ciertamente cambió: El tiempo parece que transcurre más rápido porque la casa del tiempo está en ruinas, perdida en algún punto del ayer y mañana. La gente parece haber perdido la conciencia del espacio queriendo ocuparlo todo en unos pocos metros convirtiendo a su mansión en un edificio de departamentos.

Tu verdadera familia, Juliana, eran los guardianes de la casa catalizadora de la realidad. Cada uno de tus hermanos era un tejedor de los distintos aspectos. Tu hermano mayor, el tejedor de la energía, fue por mucho tiempo espía de los tejedores entre los rebeldes. Hasta que la oscuridad lo consumió y mató primero a tus hermanos, se hizo de un ejército que lo apoyara y controló mentalmente a toda la raza de Ixchel para invadir la ésta casa. Las arañas mataron a tus padres despiadadamente, poniendote como testigo. Tenías como cinco años en ese entonces. Tu deseo de escapar de ahí fue tan grande que tu habilidad de tejer la materia te destejió de ahí y te llevó hasta Irlanda donde viviste con tu actual familia, la cual creaste inconscientemente en un ataque de pánico con los restos de otras tragedias y la ayuda de un tejedor de energía que murió poco después y que en tu memoria recordarás como tu abuelo.      

Desde ese día que huíste, los pocos tejedores historiadores que quedan me nombran como la mansión Anansi por las arañas que casi lo destruyen todo.

–¿Por eso es imposible leer su conexión con toda la telaraña del tiempo? –preguntó Isaac como si de repente lo pudiera ir desenredando todo.

–Así es –contestó la casa–, no es que sea imposible. La cosa es que entre su pánico y el pánico de su hermano, ambos borraron toda su conexión con la maquinaria de la vida. Pero las paredes de una casa no olvidan nunca. Menos una casa como yo.

–Y bueno –interrumpió Tristán–, ¿nosotros qué vela tenemos en este entierro?

–Ustedes tienen que salvar el día, antes de que sea un entierro de verdad.

–Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿alguna sugerencia? –preguntó Isaac.

–No… no, no, no, no –dijo Juliana más parece buscar paz mental consigo misma qué otra cosa- estás queriendo decir que toda mi vida ha sido una mentira y no estoy dispuesta a dejarte decir eso. Hasta antes de la invitación tuve una vida buena. Tengo amigos y una profesión y un camino. Me niego a que una casa parlante venga a decirme que todo eso no es cierto.

–Me temo que si no lo adoptas y hacen algo al respecto, todo eso que estás negando va a destruir todo eso que querías –contestó la voz de la casa–. Si tu hermano logra consumirlos a todos ustedes, va a lograr destruir lo que queda de las casas y quién sabe qué más pueda hacer con ello. Deben permanecer juntos, creer en lo que tienen y restablecer el orden de las casas. Sólo así la realidad podrá continuar siendo verdad y no la historia que un psicópata le quiere contar al mundo antes de dormir. Encuentren a Ixchel y examinen los hilos que el anfitrión ha estado jalando, por ahí podemos empezar. Deshacer los nudos en la telaraña que lo hacen fuerte, corregir los tejidos. Tienen una ventaja, la casa de la realidad está de su lado y en ella pueden encontrarlo todo sabiendo seguir el hilo adecuado.

Lamento no poder decirles más, pero no quiero arriesgarme a que él nos escuche.

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