Razones para callar

Detrás de la muchedumbre de estatuas que parecían querer huir había una voz que llamaba a Oliver.  Una voz que fue echando raíces en su mente, sacando todo lo demás de sus prioridades. Nunca escuchó cuando le gritaron que regresara, tampoco escuchó los gritos de dolor de Tobías. Mucho menos escuchó cuando sus amigos lo dejaron atrás, el pueblo ya lo había abrazado con fuerza para ese entonces. Las calles vacías le hacían llegar esa voz como el canto de una sirena buscando a su presa. Cuando se dio cuenta se encontró a si mismo frente a la casa que, en la Ciudad de Allá Lejos, lo había empezado todo.

-Entra –le dijo la voz- tengo mucho que contarte.

Oliver notó que su cuerpo obedecía a la voz sin que él tuviera opinión al respecto.

****

 

En lo más profundo del bosque, en una pequeña choza que era parte de la aldea de los sobrevivientes a la muerte del tiempo, la mancha de tinta que advertía el despertar de Hilda desapareció.

-Y… -dijo Iscariote- ¿nosotros podemos hacer qué al respecto?

-Por lo pronto, esperar que eso no desate otra tragedia. El bosque no aguantaría otra guerra como la que nos dejó en esta condición –dijo Luna al levantarse del lugar donde descansaba para acercarse a lobo de fuego en el que Tobías se había convertido-. Y tratar de ayudarle a tu amigo a que vuelva a ser humano.

-¿Se puede? –preguntó Augusto con una notoria preocupación que estaba a punto de matarlo de los nervios.

-Sí, él solito va a regresar –dijo ella con una sonrisa-. Sólo tiene que ser fuerte y querer regresar, saber que no está solo.

-Me siento un poco culpable de que esté así –dijo él rascándose la cabeza.

-No creo que debas, ¿hay una buena razón para ello? –lo miró sabiendo que había mucho pasado que contar.

-¿Sabes quiénes son ellos? No sé qué tanto el espíritu del bosque te haya contado. Él –Augusto señaló a Tobías y luego a Iscariote- y él estaban aquí el día en que Siobhan desapareció, el día en que los cuervos llegaron y… y… bueno, mucho antes de que tú tomaras el manto del consejo del bosque. Ellos saben de la guerra de que mató al tiempo.

-Espera… -interrumpió Iscariote- nosotros desaparecimos de aquí ese día, sí. Pero tampoco sé mucho de lo que en verdad sucedió, los cuervos nunca me han querido contar y estoy seguro que Tobías tampoco sabe.  Todavía sigo sin entender por qué le confiaron la llave de la casa y por qué el bosque lo dejó entrar tan fácil.

-Eso bien fácil de responder –dijo Augusto apenado-, porque los cuervos siempre le han tenido mucha confianza a los lobos. Son parte de la manada, ellos sobrevuelan donde nosotros podamos cazar y al final todos comemos. Supongo que confiaron en que él podía resolver lo que ellos no han podido hacer. Los lobos pueden encontrar el amanecer donde sea, solo es cuestión de que crean en él.

-¿Y por qué él? –dijo Iscariote perdiendo la paciencia- si lo que querían es un lobo, ¿por qué no tú? ¿Por qué no vienen ellos?

-Porque ellos nos pueden venir al bosque, morirían…

-Y si mueren, morimos todos los que estemos aquí.

-¿Por qué? –insistió Iscariote.

-Hay muchas razones para que el bosque haya callado lo que pasó aquél día.

 

****

 

Dentro de la casa, Oliver encontró a quien lo hechizaba con su voz sentada en un diván. Su pelo negro se perdía entre la misma oscuridad del vestido, de donde estaba recostada y la poca oscuridad que había en el cuarto.

-¿Por qué te tardaste tanto? –le preguntó a él con exasperación.

-No sé de qué hablas, ni siquiera sé quién eres –le contestó Oliver con la sensación de querer irse corriendo.

-No te vayas, yo no te voy a dejar atrás como tus amigos. –dijo ella al ponerse en pie- Si me ayudas yo puedo ayudarte.

-¿Por qué debería de ayudarte?

-Para que dejemos de perder a los que queremos, para que no se vayan de nuestro lado nunca más. He estado sola por mucho tiempo. Quédate.

-No puedo quedarme, tengo que regresar.

-¡TE VAN A ENGAÑAR! –le gritó la mujer abriendo los brazos- ¡ES LO ÚNICO QUE SABEN HACER!

Asustado, Oliver volteó a ver la puerta por la que había entrado. Comprobó que había recuperado el control de su cuerpo. La puerta se cerró con fuerza.

-No puedes irte, no todavía –le dijo ella en una muy fingida actuación de conservar la paciencia- Hay muchas razones por las que me vas a ayudar.

-¿Y cuáles son esas? –le contestó él por puro nerviosismo.

-Porque tú puedes salir, porque me tengo que vengar de los que me encerraron con engaños, porque al venir aquí con el tiempo andando en sus vidas me dieron una segunda oportunidad, porque el bosque ya se robó a tu amigo también y porque juntos podemos acabar con todos los que nos han robado tanto. Éste era un buen pueblo, ¿sabes?

-Y el pueblo creció… -él contestó-, de donde vengo ahora es una ciudad. La ciudad de Allá Lejos.

-¿Sí? –dijo ella con una sonrisa tan fracturada como quien no la había usado en más de 500 años- Eso quiere decir que tal vez gané. Tal vez. Sólo necesito romper la burbuja y averiguarlo.

-Señora… -dijo él desesperado- en verdad, si los cuervos no lo han podido hacer, dudo que usted pueda hacer algo al respecto.

-¡CUERVOS! –exclamó ella antes de carcajearse histéricamente- Esos cobardes no van a volver nunca, huyeron cuando estuve a punto de matarlos.

La mujer se acercó a él, le susurró algo al oído y con el dedo índice lo empujó de la frente.

-Claro que sí, mi señora. No será problema alguno –dijo Oliver como cuando un mayordomo recibe una orden y se retira del cuarto para cumplirla.

 

****

 

-Hace mucho tiempo, los espíritus del bosque vivían entre nosotros. Ésta pequeña aldea es donde podías encontrarlos, junto al árbol más viejo de todo el bosque –dijo Augusto al sentarse a un lado de lobo Tobías que descansaba en paz-. Por muchos años, el pueblo fue amigo del bosque y muchos de sus habitantes incluso fueron aprendices de los espíritus del bosque y aprendieron a ser uno con la magia. Entre esos aprendices estaban los padres de mi madre Hilda y mi tía Siobhan. Y gracias a eso ellas dos tuvieron el don de la magia innato. Cuando mis abuelos murieron defendiendo al bosque, ellas empezaron a separar su camino. O al menos así es como Siobhan solía contarlo. Mi tía se inclinó por refugiarse más y más en el bosque, haciendo de él toda su vida y mi madre prefirió el bullicio de los pueblos y las ciudades. Un par de pérdidas después, el odio de mi madre ya estaba muy arraigado en ella y… bueno… cuando la magia se manifestó en ella ustedes saben todo lo que hizo.

-Nosotros no, llegamos aquí mucho después –dijeron Luna y Orfeo al mismo tiempo-, aunque las estatuas al límite del bosque me dan una idea.

-Por ahí va el asunto –contestó Augusto-. En el afán de no perder a nadie más, mi madre encerró al pueblo en una burbuja mágica en la que nada salía y nada entraba. Cerca de esos días fue cuando Tobías llegó con el libro que Siobhan había perdido bajo el brazo.  Con el niño de la tinta de “Bajo la misma luna” pudimos establecer contacto con Iscariote que tenía el otro libro e, incluso, pudimos suministrar al pueblo de provisiones a escondidas de Hilda. Pero eso no duró mucho e Hilda nos declaró la guerra. En una de las muchas batallas, un hechizo estuvo a punto de golpear a Tobías si no hubiera saltado yo para quitarlo del camino. Esa cicatriz que tiene en el brazo es culpa de un garrazo mío. Por semanas pensamos que no iba a poder volver a mover el brazo, hasta que de repente pudo hacerlo. Desde ese día yo temía que el lobo se apoderara de él. Y supongo que él también, siempre hizo todo lo posible por evitar el tema. Lo que sí no entiendo es por qué se trasformó hasta ahora y por qué es un lobo de fuego.

De la mesa en el centro del cuarto, donde descansaba “Bajo la misma luna” salió la tinta una vez más para formar un nuevo mensaje.

 

Yo puedo explicar, eso… un poco. Por que él viene de donde el tiempo no ha muerto. En los últimos días de la guerra se creía que íbamos a lograr llegar a una tregua, hasta que Hilda puso un límite más estricto entre el pueblo y el bosque. Siobhan vino a hablar con los espíritus del bosque para que intervinieran en la guerra y así lo hicieron. El plan era llegar a un acuerdo con la Alcadesa, ofrecerle a Hilda entrenamiento mágico y tratar de hacerla entender que la gente viaja para ver el mundo, que hay mucho más allá que el bosque y el pueblo.

Hilda en un principio aceptó.

Pero sus intenciones eran otras, quería ganar el suficiente poder para destruir el bosque y cuando los espíritus del bosque habían accedido a salir de sus terrenos para entrar en los de ella, básicamente se estaban entregando a sí mismos en bandeja de plata para ser eliminados. Los espíritus habían previsto esto y habían trazado el plan de emergencia con Siobhan de que, en caso que algo pasara, ella quedaría como el espíritu del bosque.

Ese fue el día en que ella entregó su corazón.

Tobías y yo íbamos como guardaespaldas de la triada de espíritus e Iscariote con la otra mitad de mí bajo el brazo.

Y todo parecía ir por buen camino hasta que Hilda se sintió amenazada.

En su desesperación atacó a uno de los espíritus y lo hirió gravemente. Los espíritus llenos de ira empezaron a maldecirla, jurando encerrarla en una burbuja de la que no podría salir nunca aunque tuvieran que sacrificar a todo el pueblo. Mi otra mitad que vivía en el segundo ejemplar de “Bajo la misma luna” se escurrió del libro y se lanzó en contra de los espíritus para tratar de detener la maldición que, sin saberlo, iba a afectar a todo el bosque.

Los espíritus verdes de luz, de vida y magia fueron manchados de la tinta que soy ese día. Eso los convirtió en los cuervos que son y les otorgó el poder que tengo de escribir sobre la historia y hacer realidad las intenciones de quien escribe si la conexión del lector es demasiado fuerte. Con ese poder crearon la burbuja que encerró todo y los desterró del resto de la existencia. Por supuesto esto hizo enfurecer a Hilda aún más y atentó con matar a los dos espíritus restantes, a Iscariote y a Tobías pero yo que aún vivía en el libro sabía cómo salvarles la vida. Sabía que Oliver, amigo de Tobías, estaba en su tiempo con un poco de tinta que se quedó ahí y escribí su salida e hice que Tobías la leyera al mismo tiempo que Oliver en su tiempo. Eso sacó a los cuervos y Iscariote de la burbuja que habían creado y regresó a Tobías a su propio tiempo.

A través de mi otra mitad, lo cuervos entendieron todo lo que había pasado y se retiraron al no poder romper la burbuja que ellos mismos habían creado. Tenían que ayudar a su tercero a recuperarse aunque sabían que entre más tiempo pasaran afuera del bosque, más difícil iba a ser que volvieran a ser lo que eran.

Al abandonar el bosque, éste mismo echó raíces sobre la vida de Siobhan y la convirtió en la estatua que conocen, ya que lo que una triada de seres mágicos podían mantener armónicamente sin problemas es demasiado para que una humana lo pudiera sostener por sí misma.

Y por esa misma razón, es que aquí no hay tiempo.

Hay vida porque el alma de Siobhan está íntimamente enraizada al bosque y porque Luna se encarga de ser como un catalizador de la vida. De no ser por ellas y la fuerte esperanza de Orfeo, quienes ya vieron el amanecer alguna vez, el bosque sería un desierto.

 

-A… A eso… te referías cuando… -dijo una voz que claramente le costaba trabajo respirar- dijiste que… era hora… de echar al tiempo a andar.

Al escuchar esto, todos separaron la mirada de las letras en el suelo para voltear a ver dónde antes estaba el lobo de fuego y una forma humana había vuelto a estar en su lugar.

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