Sentencia

“Cerca de una centena han dejado de respirar” decía el periódico que leía mientras se terminaba su desayuno. Una de las ventajas que tenía, al haber aceptado el trato con el zorro de la corbata es que se había hecho invisible. Pasó de ser Silvanna, la sensación mundial, a la chica de pelo castaño que a nadie le importa en aquella esquina del café. Todos estaban demasiado ocupados en encontrar a la culpable de aquél desastre para darse cuenta de que la tenían enfrente, pidiendo un café, caminando en el parque, cargando la culpa de algo que no sabía que así iba a suceder, oculta detrás de un hechizo que a la estaba escondiendo de otro más grande.

Sabía que en algún momento la bruja la volvería a encontrar, que tenía pocos días para cumplir su parte del trato. Leyendo las noticias, horas, quizá.

***

 

-Puedo ayudarte -le dijo el zorro la noche en que sucedió todo, cuando estaba asustada de lo que había hecho, tratando de huir de quien la había engañado- en mi maletín tengo la respuesta y la solución para lo que necesites. Pero a cambio, tienes que ayudarme.

-¿Qué necesitas? -contestó a prisa su propia urgencia de esconderse.

-Tranquila, tranquila -dijo el zorro, sentándose sobre un tronco, acomodándose la cobata como si tuviera todo el tiempo del mundo- siéntate querida, ven.

El zorro sonrió de una manera tan tierna que lo hacía parecer hasta un poco, por así decirlo, paternal. Que la chica decidió hacerle caso. Como si fuera una niña pequeña, esperando a escuchar una historia antes de dormir.

-Cuentame, querida -le dijo una vez que ella estaba sentada a su lado-. ¿Sabes con quién te estabas metiendo?

-No, no lo sabía… -dijo ella escondiendo la mirada en el suelo- Ella dijo que sólo necesitaba un poco de energía, que no pasaría nada. Que si la ayudaba, a cambio me compartiría de su poder para que yo pudiera hacer lo que quisiera. Por meses me entrenó en sus artes arcanos y me enseñó a manejar el poder. Pero en el concierto… no pude con tanto poder. Y las sombras, las pesadillas, los sueños de tantos. Y sus vidas. Tuve que detenerme.

-Te ha estado buscando como histérica por eso, ¿sabías? -dijo el zorro, al poner su maletín sobre sus patas- “¡El peor error que he cometido!” Te llamó, aunque ella no sabe que ha cometido peores. ¡Y los que estan por venir!

-¿La conoces? -dijo la chica, asustada de que la fuera a entregar, de que su cabeza tuviera cierto tipo de recompensa. Con el poco rato que estuvo en su mente quedó muy convencida de que esa mujer es de las que harían hasta lo imposible por cumplir lo que quieren. Por algo se habían llevado tan bien en un inicio.

-Por supuesto que me conoce. Eventualmente todos me conocen -hociqueó el zorro, acomodándose el nudo de la corbata orgulloso-. Todos en estos reinos me deben algo, digamos que me gusta ayudarlos.

-Siento sus ojos encima de mí, todo el tiempo -dijo ella mientras le buscaba la mirada al zorro-. Quizá me equivoque de nuevo, pero no importa. Ayúdame. Escóndeme de ella, aunque sea por un rato, en lo que encuentro cómo arreglar todo, ¿puedes?

-¿Y si te equivocas de nuevo… qué? -La miró dubitativo hasta que ella respondió.

 

Bajo la luz del día, de todas las mañanas

Soy esclava de la rutina y las palabras

Bajo la oscuridad de las noches

Me pierdo en la belleza de esta impureza

Te busco entre el humo de lo que se ha ido

En las tinieblas de lo que no es

Te encuentro en la niebla

de lo que pudo haber sido y no fue.

Me gusta equivocarme, saber que erré

Contar mi historia a los espejos

e  imaginar que voy muy lejos a pie

Cuando me coman los besos que no he dado

Y los delirios de amor encantado

Me haré vecina de  lobos y cuervos

Y colgaré mi vida de tus huesos  

 

-Muy bien, muy bien -dijo el zorro, mientras aplaudía la canción de Silvanna-, hablemos de negocios entonces. Puedo esconderte, considéralo un hecho.

De su maletín sacó un pañuelo casi invisible que lo desdobló y lo desdobló y lo volvió a desdoblar hasta que alcanzó a cubrir a Silvanna por completo.  Cuando la tela tocó su piel, despareció. Como si nunca hubiera estado sobre ella.

-A partir de ahora, nadie te va a molestar. Será como si no estuvieras. A menos de que tú les hables o los busques, ni siquiera notarán que estás ahí. Eso aplica para aquí y allá.

-Muchas gracias señor zorro, ¿a qué precio? -dijo ella tratando de ocultar lo nerviosa que se sentía, estos tipos de favores nunca salían gratis. Mucho menos baratos.

-Gracias a ti, querida -contestó, al cerrar su maletín satisfecho-. Tienes que encontrar a una chica, allá en el mundo de los soñantes. No puede ser aquí, porque tiene guardianes que no te pueden ver cerca de ella, tu invisibilidad no funciona con ella aquí. Por eso, mejor allá, donde nadie las verá.

-¿Qué chica? -preguntó intrigada, en su mente espera escuchar a alguien importante, alguien famoso, alguien fácil de encontrar.

-A la que sobrevivió el concierto -dijo el zorro en un tono de voz que hizo que a Silvanna se le pusieran los pelos de punta-. Anda por ahí respondiendo al nombre de Zarzamora. Es muy importante que la encuentres antes de que la bruja lo haga. No vas a tener mucho tiempo. De la energía soñante que juntaste, mucha va a perecer pronto. Y eso la va a molestar, bastante. Y bueno… tú sabes cómo se pone cuando se molesta.

-Y ya que la encuentre, ¿qué sucederá? -dijo ella, segura de que el golpe fuerte apenas estaba por venir.

-Tienes que advertirle que no le quedan muchos días. Que sobrevivió por uno de sus olvidos y sus dos corazones y por, bendita conciencia soñante, esa prudencia tuya de detenerte. Tienes que evitar que la bruja la encuentre. Tienes que evitar que sepa quién es. Debemos evitar que la bruja salga de este reino. Vas a saber quien es, con solo verla.

Silvanna se quedó en silencio un buen rato. No sabía cómo iba a lograr encontrar a una completa desconocida y cómo iba a encontrar la fuerza para decirle que tenía los días contados. Muy contados.

-Si te equivocas y no lo logras -añadió el zorro-, serás totalmente invisible para siempre. Por más que busques ayuda, nadie te va a escuchar. No vas a existir para nadie. Ni para el hombre con el que sueñas, por el que traicionaste a todo el mundo soñante y decidiste ayudar a la bruja.

-¡Eso no es justo! -gritó Silvanna con los ojos ojos llenos de lágrimas.

-Considera justo que si lo logras, podemos buscar que te quedes aquí con él, sin el manto de invisibilidad. Tienes mi palabra -dijo el zorro al ponerse de pie antes de partir, cual negociante satisfecho de la transacción- Hasta luego, Silvanna.

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