Sobre monstruos y otros héroes

–¿Por qué la gente sale de su confort para encontrarse con un monstruo? –preguntó Hilda ante quienes la consideramos el peor de todos los monstruos. Escucharla decir tales palabras me hizo recordar todo lo que sucedió después de que la escuché decirlas por primera vez. La memoria es algo engañoso, con el paso del tiempo se va deslavando hasta que, de repente, unas cuantas palabras bastan para recordarlo todo como si estuviera sucediendo en ese momento. Aunque hayan pasado más de mil años desde entonces.

Y entonces, entiendes.

Era solo un hombre con una caja mágica que me daba el poder de creer que podía lograr lo que quisiera y una larga vida por delante que me convencería de todo lo contrario.

–Contestame Iscariote, ¿por qué la gente sale de su confort para encontrarse con un monstruo? –me preguntó Hilda el día que levantó la barrera que convirtió en ceniza a más de la mitad del pequeño pueblo en que vivíamos.

Conforme pasaron los días yo perdía la esperanza de salir de ahí con vida. La locura de Hilda ya no solo era encerrar al pueblo en una barrera mortal, ya se había expandido a matar a todo aquél que insinuara algo de interés por las afueras del pueblo. En un sólo día la pareja en la tercera casa que se dedicaban a investigar la medicina de otras ciudades habían muerto sin siquiera salir de su casa. Los panaderos de la primera calle ahora eran una estatua en la plaza central después de prometer preparar el mejor pan con la receta de la ciudad capital.

Quise hacer entrar en razón a Hilda de que no podía matar al pueblo que quería conservar y entonces volvió a hacer la pregunta.

Me fui a mi cabaña sin darle una respuesta. No porque no la tuviera si no por no querer dejar que el coraje dijera algo de lo que me podía arrepentir. Estaba tan enojado con ella, conmigo y con muchas de mis decisiones. Me había quedado para no estar solo y ahora hasta yo mismo me había abandonado. Pero también me fui porque por otro había planes. Si todo salía bien al día siguiente la rebelión, los cuervos y el resto de los Quinqués Perdidos llegarían a los límites del pueblo para tratar de salvarnos. Siobhan estaba segura de contar con un as bajo la manga que arreglaría todos nuestros problemas. ¡Tan incrédulos nosotros!

Recuerdo que pasé la noche en vela sin poder dormir por la incertidumbre de todo lo que estaba por venir. En algún punto de la madrugada la caja de los vientos iluminó toda mi recámara, nunca la había visto actuar de esa manera. La luz era tan intensa que tenía que entrecerrar los ojos parea que no me doliera al tratar de verla. Me acerqué para tratar de taparla y que la luz no llamara la atención de afuera pero me ganó la curiosidad y le quité la tapa. Recuerdo que la pasó a habitar mi cuerpo y me llenó de energía, la intensidad bajó  y cuando tomé la caja de su interior el agua comenzó a fluir hasta inundar todo el cuarto. Yo me quedé como estúpido observando el suceso. Estaba tan anonadado que no me importaba qué problema me traería aquello después, poco antes de que el agua me llegara a las rodillas el agua cesó y caja escupió tinta manchando las paredes. Dejé que mi nostalgia sonriera al recordar el primer día que la tinta me habló. El día que Tobías desapareció en el salón de la casa más vieja. El salón de esa casa que ahora es casi tan vieja como yo.

–Hola tinta –le dije en voz alta.

Las palabras empezaron a formarse una a una en mi pared. En ese entonces no reconocí la letra, había olvidado ese mensaje pero ahora sé por qué escribí lo que metí a la caja para salvar al bosque.

 

Este es mi cachito de vida para salvar al bosque que nos salvó a todos, ésta se supone que iba a ser la historia de otro. La historia que yo observaría desde lejos. La historia de la que hui con la excusa de querer salvarla y terminó siendo más mía que de nadie. Esta es la historia que mil años después todavía queremos arreglar. Lo siento.

 

Como si no hubiera suficiente agua en el cuarto, me solté a llorar en ese momento. Lo curioso del dolor es que es que más fuerte cuando te golpea después de evitarlo por tanto tiempo.

Las palabras se reacomodaron poco a poco con otros trazos, otra forma de escribir, otra letra que sí reconocí.

 

Volví a ti porque era mi única esperanza. Toda mi vida he estado perdido sin encontrarle sentido a la vida. Si nada importa y todos vamos a desaparecer, ¿para qué peleamos? Mi más grande héroe me dijo alguna vez que por eso me gustan los lugares viejos y abandonados, porque han perdurado a través del tiempo a pesar del tiempo y la historia. Pero incluso a ese héroe lo perdí, tu tiempo está muerto, yo no me puedo salvar ni a mi mismo y estamos aquí esperando que todas nuestras soledades te puedan salvar. Lo único que nos queda cuando todos tus héroes han muerto es tomar todo lo que te han dejado y levantarte.  

Por favor, vuelve.

 

Más de mil años me tardé en comprender que yo era tu héroe, Tobías, por estar cegado por el hecho de que tú fuiste el mío por muchos años.

 

 –Hay ocasiones en que la gente se va huyendo de monstruos como tú, Hilda–. Le puse una respuesta a su pregunta en el presente ahora que el recuerdo me había llenado de valor– Pero invariablemente hay que volver, para vencerte.

–La última vez no les fue muy bien –dijo ella levantando sus brazos como si tuviera la intención de abrazarnos pero algo terrible sucedía a sus espaldas. Un ejército de hombres de ceniza se levantó listo para acabar con nosotros–. ¿Están listos para morir?

–Madre, por favor… –digo Augusto parándose de brazos cruzados a un lado de mí y de Tobías, controlando a la fuerza de la bestia que vive en su interior para brincarle encima tirarlas con un garrazo– Podemos hacerlo de otra manera.

–Ya no tienes el poder de decidir quién muere, Hilda. No voy a permitir que le hagas más daño a toda esta gente que es parte de mí –interrumpió Siobhan con una mano al frente uniéndose al grupo–. Ahora no tienes una barrera que te proteja, somos más bosque que tú y no puedes matarme porque ¿adivina qué? Los fantasmas que viven en el bosque ya están muertos.

–Eso vamos a verlo, ¿cómo pretenden detenerme?

–Ya lo hicimos, mira atrás de ti –dijo Siobhan levantando el otro brazo y acercándose lentamente a su hermana. Atrás de ella, el bosque estaba creciendo alrededor de las estatuas de ceniza, abrazándolas con fuerza para no dejarlas ir. Arriba, los tres cuervos volaban en círculo sobre la amenaza en la que Hilda se había convertido. Cuando ella regresó la mirada hacia el frente, Siobhan estaba a unos centímetros de abrazarla. La miró a los ojos confundida– ¡CUERVOS!

–¿Qué haces? –preguntó tratando de dar un paso hacia atrás antes de verse inmovilizada por lo que sintió como un abrazo fuerte.

–Tranquilizando al monstruo –le susurró Siobhan al oído–. Tranquila, ya nadie se va a ir. No vas a estar sola nunca más.

Los cuervos descendieron rodeándolas mientras que ambas mujeres poco a poco se transformaban en madera. De los brazos les crecían ramas, hojas y flores salían de su cabeza. Sus pies estaban enraizados con el bosque.

El abrazo se había convertido en un gran árbol que aún tenía los rasgos de dos mujeres abrazándose

“Puede que haya sido un monstruo despiadado pero aún es mi hermana. Era la única forma de salvarlos a todos. Cuiden al bosque, no dejen que se sienta solo y ustedes nunca lo estarán” fue lo último que escucharon todos los que estaban reunidos alrededor del gran árbol.

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