Sombras

Se encontró sin fuerzas, sin ganas y básicamente sin ella misma. “Bien podría ser una sombra” se dijo a sí misma cuando, después de bailar con las sábanas por más de una hora, se obligó a levantarse.

Arregló un poco su casa, luego lo ignoró todo por comida que luego ignoró porque la computadora le recordó el trabajo que tenía pendiente, también eso lo ignoró al recordar que seguía sin encontrar la escoba. Se sentó en la sala por unos segundos y se preguntó a sí misma “¿dónde estás?”, era una pregunta doble para ella y para la escoba, que bien podría ser triple cuando le vino a la mente que era la segunda mañana que no desayunaba con Sabina.

“Necesitas aprender a estar sola” se dijo en un momento que la arrastró a meterse a bañar. Si bien la historia no les ha contado más, Zarzamora siempre está poniendo a alguien antes que ella, queriendo ayudar, queriendo querer y el hecho de tener que pensar por y para ella misma era lo que la estaba empezando a cansar desde hace un par de días. Sin embargo, el silencio que la acompañaba desde el día anterior la ponía ansiosa, le molestaba al grado de no querer estar en donde regularmente le encantaba pasar sus tardes.

Cuando estaba con los zapatos listos sintió que alguien se le quedaba viendo desde el marco de la puerta. Al levantar la vista todo lo que encontró fue a su sombra alargandose hasta fuera del cuarto.

-Raro -le dijo a su sombra, sin dejar de mirarla, como si esperara que se moviera en cualquier segundo. Cuando no lo hizo, terminó de ponerse los zapatos, agarró su bolsa, guardó el segundo corazón en ella y salió. No iba ni a media cuadra y empezaba a arrepentirse de haberlo cargado, de escuchar todo lo que casi le gritaba latido a latido, empezaba a hartarse de que cada cinco segundos le hiciera voltear a ver a su espalda.

“Nadie te está siguiendo, Zarzamora” se dijo así misma, cosa que causó lo contrario que ella esperaba en su mente y la puso aún más ansiosa, caminó más rápido, sin saber a dónde, sin saber que quien la seguía prácticamente ya la había alcanzado y estaba a punto de agarrarla de un tobillo, para no soltarla nunca más. Y venía un ejército más de ellas a invadir todo su mundo.

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