Todo va a estar bien, dicen.

Me tardé poquito con este cachito porque todavía no supero todo lo desconsolado que el número 11 de The Wicked +The Divine (ve a leerlo, es realmente bueno… sólo… no, mejor, haz lo que quieras. Lo importante es que lo leas.)

Y como buena terapia vengo con ustedes a hablarles de villanos.

A lo largo de lo que hemos vivido hemos pasado por una larga cadena de antagonistas que van desde los reales como el terrible maestro que te regañó enfrente de todo el salón o el jefe que destruye todos tus sueños y ese compañero de trabajo que sabotea todo lo que haces hasta los ficticios que aunque le hagan la vida imposible a alguien más, sus traiciones a veces se sienten personales. Hay algunos con los que simpatizas, hay otros que no entiendes por qué tiene que ser “el malo” y esos que, simplemente, son una patada en el trasero que te hacen querer desearles el peor sufrimiento existente.

Los dos de allá arriba en la ilustración son un buen ejemplo de eso.

Para los que no los conozcan:

Ananke -de The Wicked and the Divine- puede darte cierta divinidad y transformarte en alguien destinado para la música, para ser amado, odiado y al paso de dos años, morir.

Kyubey -de Madoka Magica- puede concederte tu más grande deseo a cambio de que te conviertas en una especie de guerrero que combate demonios de la desesperanza que en la misma serie llaman brujas.

Ambos son el peor tipo de villanos que existe en el mundo real y el ficticio:

Los que se ganan tu confianza, te dan lo que quieres, lo que siempre haz querido, lo que podría hacerte muy feliz para luego, en el menor descuido, disfrutar de hacer que inevitablemente tu vida caiga en picada.

Y los odio.

Mucho.

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