Sobre donas, conexiones y la fe en la humanidad

“No eres ningún extraño, leemos a los mismos autores” dijo alguien a quien le pedí un favor y que nunca he visto en la vida. Y entonces pienso, ¿cuantos  extraños tienes en tu vida que dicen conocerte, que te ven a diario (o no te ven nunca pero dicen ser parte de tu vida), que comparten tus días y sin embargo tener una conexión con ellos es de lo más difícil?

Es bien extraño y padre eso de conectar puntos.

En estos días pasé varias veces de un “mira, esto está padre”, “fui muy fan de lo que hiciste” con una persona que contestó “ah, órale, gracias” y el eslabón se rompió a un “que bueno que viniste, me gusta mucho lo que has hecho” con otra persona y que un par de horas después, entre el mar de millones de gente lo vuelvas a topar y te digan “hello again” con una sonrisa que te expresa un sincero gusto por verte de nuevo. O que después de platicar un minuto con otra te pidan un abrazo, sin saber quién eres al agradecer por sentirse vistos.

Por otro lado, hay un grupo en facebook que nació para reunir a los que apoyamos a cierta cantautoracompositora  en el que –al parecer- todos tenemos este tipo de hambre emocional si así quieren llamarlo. Y la interacción ha sido algo que yo jamás había visto, la gente se atreve a contar sus problemas, dan de los mejores consejos que he leído, cuando piden ayuda al menos un par la da (o a veces más de un par), cuando proponen una ociosidad se participa y nadie se queja y/o exige una explicación de porqué y cuál es el motivo ulterior de hacerlo. De esa manera he visto gente que se mudó de ciudad con ayuda, un montón de amistades nacer –un par conmigo incluso-, he recibido por correo un disco de música desde Alemania, un par de postales de otros países, trabajé con una chica en Escocia de lo más agradable y aunque nadie está aquí los considero más familia que la propia, escasa y poco presente familia que hace su vida en otras historias que no son la mía.

Así también tengo a mi manada que están físicamente cerquita: con quien puedo chismear con una cerveza, con quien puedo hablar de cómo y por qué funciona la música, con quien puedo viajar a ñoñear durísimo, con quien nos contamos cómo nos funciona la vida en nuestras ciudades que aunque están separadas los dos vivimos en ambas y compartir los mundos que leemos, con quien tener asilo cuando viajo a donde nací, con quien ser gordo de sillón y netflix. Todos ellos hacen que tejer la alfombra de la vida diaria y la cotidianidad se ponga padre, que las ausencias de los que dicen estar y no lo hagan no se note. Porque es obvio que habrá quien no acepte el abrazo, la dona o la sonrisa que ofrezcas con buena intención temiendo a que sea una trampa, cuando el mundo se pone feo es fácil perderle la fe a las buenas acciones y muy decepcionante que después te las cobren.

Toma la dona y tenle un poquito de fe a la humanidad, se pone padre a veces.

Y si la música es buena, baila.

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