Tu más grande deseo

Lo encontré cuando todo era bosque y un montón de caminos que sabían llegar a donde yo no. No era lo que buscaba pero estaba seguro que se convertiría en ello.

Este mundo se cruza con el nuestro en puntos a veces aleatorios y otras hasta parece que muy pensados para que algo acontezca, he llegado a creer que todos los mundos son uno solo. Todo depende de los ojos con que se mire. Y de la hora a la que llegues, sobretodo de la hora.

Fui enviado aquí a aprender. Se me dijo que nunca llegaría a ser un guardián hechicero hasta que no entendiera la naturaleza del más grande deseo, hasta que no supiera qué quería y qué necesitaba la magia para suceder. Si entender a un corazón humano y latente es difícil, creía que uno intangible, lleno de energía y capaz de hacer cualquier cosa realidad sería mucho peor.

Ese fue mi primer error.

Me perdí tratando de ayudar a quien no pedía auxilio.

Me desvié al querer encontrar camino con quien no sabía a dónde iba.

Lo entendí todo a la mala manera, a base de fracasos, engaños, ausencias y mentiras. Pero para mi suerte no todo era tan terrible, también tuve abrazos y sonrisas y miradas para curar las heridas anteriores. Siempre me repetía a mí mismo “todo es para aprender, hay una razón”. Aunque hubiera llegado al punto en el que ya no sabía qué era lo que se suponía debía aprender. Por un tiempo dejé de buscar porque encontré unos brazos y un refugio que me hacían sentir bien. Sabía que no estaba haciendo lo que debería pero no me importó porque mi mundo se había librado de la angustia y la incertidumbre. Sin embargo el reloj siempre me recordaba que yo solía tener un deseo. Siempre, a las 11:11, me traía a la mente la promesa que en otro tiempo me había hecho. Con el paso de los años el vacío creció sin que me diera cuenta y un terrible día me atacó con todas sus fuerzas. Inundó todo lo que había construido y, a la misma hora de siempre, alguien vino a mi rescate. Nunca pude verle la cara, era un montón de recuerdos, de ansiedades y de ganas de salir adelante. Una fuente rebosante de voluntad que hidrató el terreno árido en quien me había convertido. En ese momento fue cuando entendí que el miedo a perder lo que había conseguido irónicamente me había hecho perder lo que alguna vez tuve. Por otro lado también me había enseñado a escuchar lo que hay entre los latidos, así como lo que se puede leer entre líneas en una historia. Poco a poco me recuperé a mi mismo y volví a andar en la búsqueda pendiente dejándome guiar por aquel ser de luz que poco después nunca volví a ver.

Así fue como lo encontré.

Era un paraje hipnótico. Un círculo gigante dentro del bosque, sin vegetación alguna más que un pasto suave y de color verde brillante, al que se podía llegar por una serie de entradas distintas que lo rodeaban. El lugar latía con una fuerza aterradora que nunca antes había experimentado. Cuando conté las entradas mi imaginación proyectó sobre el lugar todo lo que quería que ahí cupiera. Todo lo que llegaría a ser. En ese momento no era lo que buscaba pero la certeza de que podía llegar a serlo había echado raíces en mí. Con ayuda de mi sombra lo visualicé como un gran reloj de sol el cual me señaló que, para variar, mi entrada había sido por la hora once. Perdí toda la tarde hablando con el bosque, con los planes, con el deseo de habitar lo que había encontrado. El viento entonces me susurró un secreto que no escuché del todo bien pero al levantar la vista admiré al fantasma de lo que iba a ser una imponente catedral que se levantaría como la manecilla del reloj en que aquella plaza donde todo estaba por suceder.

Ahora lo que necesitaba era el inicio que tenía bien claro en mi mente. Regresé al pueblo para dormir y a la mañana siguiente conseguí tinta y volví a aquel lugar. Lo hice tan rápido que me sorprendió no encontrarlo antes en una vuelta por equivocación. Incluso hasta me sentí un poco estúpido y ciego. Recordé la catedral para visualizar dónde caería su sombra para anunciar que eran las 11:11 y ahí fue donde clavé un gran tablón en el suelo.

Así fue como todo empezó, conmigo escribiendo sobre las ganas de encontrar y la hora en la que creía que todo podría suceder.

El sol iluminó el letrero para que todo el bosque y quien fuera llevado ahí en su búsqueda entendiera a donde había llegado:

Si lees esto a la hora indicada, dime, ¿cuál es tu más grande deseo?

||||| 0 I Like It! |||||