XVII · Ver desde adentro

Los preparativos para el nuevo viaje habían requerido más tiempo del pensado, llevándose consigo las horas de sueño de los integrantes del circo. Habían estado demasiado ocupados alistándose, viendo cómo partía la ilusión creada por Bhel y esperando a ver si el ejército del Gremio mordía el anzuelo. Para cuando el circo ilusión se topó con ellos, el original ya había desaparecido de la vista humana, de nuevo bajo el mismo decreto que la adivina utilizaba desde que necesitaron no ser vistos.

El sol llegó a saludarlos con la noticia arcana de que, como dictaba el plan, el Gremio había caído en su trampa y estaban siguiendo a toda velocidad al circo que se dirigía hacia Kali y su ejército. En cuanto eso se confirmó, el Circo del Alma partió hacia Zhür escondido en el viento. Las casi doce horas de viaje sirvieron para que los integrantes fueran retirándose uno a uno a sus camarotes, a reponer la deuda somnolienta que arrastraban y para que nadie además de los directores se dieran cuenta en qué momento Bramms abandonó la caravana antes de llegar a su destino, donde Ethan los esperaba en el punto indicado.

En el mapa que Kali les había dado, el pueblo de Zhür se encontraba a la izquierda, debajo de Kynthelig en la falda de una pequeña loma. Era como un hermano recién nacido de la capital. El Circo del Alma se instaló al norte del pueblo al anochecer de ese mismo día mientras se encendía el alumbrado de los callejones, que funcionaba con pequeñas esferas de éter que se encontraban resguardadas en faroles de madera que salían de la tierra como si fueran arboles esparcidos por todas las calles. Algunos parecían, a primera vista, estar situados a la mitad de la nada, pero al observar más detenidamente, se podía notar que había un par de casas cerca o iluminaba un parque que se disfrazaba con los árboles del pueblo.

A la luz de la noche, el escenario resultaba romántico y tranquilo. En comparación con Kynthelig, el cambio de ritmo de vida era claramente notorio, muy poca gente transitaba el pueblo, menos de lo normal.

Ethan se presentó ante Voriana y Karad como estuvo acordado y, antes de saludar, fijó la vista sobre los vagones que cargaban todo el circo y sus integrantes, hizo un gesto de preocupación y preguntó dónde se encontraba el que faltaba.

−Hace falta una presencia. −dijeron sus labios tranquila y lentamente mirando ahora a Karad y Voriana. Ethan se molestó mucho al escuchar que habían modificado el plan. Si las instrucciones habían sido que todos llegaran a Zhür para ser protegidos, él se refería a todos, Bramms incluido. Ante tal postura no les quedó más que disculparse y prometer que mandarían a alguien por él lo más pronto posible. El maestro puso mala cara al escuchar eso, pero finalmente accedió, aunque agregó que mientras esto sucedía tenían que instalarse, ya que deberían ofrecer función al día siguiente. Karad al principio renegó alegando que era casi imposible, ya que montar la carpa y dejar todo listo para que la obra pudiera llevarse a cabo sin problema alguno, llevaba mucho más tiempo. Pero mientras él expresaba todas sus quejas, el maestro se encontraba dibujando un par de runas en el aire de los cuales nacieron un grupo de seres traslúcidos esperando órdenes.

−Si los dejan trabajar, tendrán todo listo por la mañana en lo que ustedes duermen, se ven cansados. −dijo haciendo una seña con la mano, la cual el pequeño ejército de Viento y Éter interpretó como la señal de ponerse a trabajar.

 

−Los veo mañana en la función −dijo Ethan retirándose lentamente hacia donde habían sido informados que vivía. −Quiero conocer a la mujer de la niebla. Fuera de eso, hagan lo que quieran, están en su casa y no se preocupen, están seguros.

No lo tenían muy lejos, el pueblo no era lo suficientemente grande como para no llegar en diez o quince minutos caminando a donde fuera.

 

Dahlia, que fue la última en dormirse a causa de los nervios, despertó en uno de los sillones del vagón al aire libre cuando escuchó el ruido que los etéreos causaban al mover todo del tren a un claro cercano donde se ubicaría el escenario y el carnaval. Al darse cuenta lo qué estaba sucediendo se puso de pie de prisa, molesta por haberse quedado dormida, pues ahora no tenía idea dónde quedaba la casa de los sabios, aunque probablemente ya habían enviado a alguien a recoger a Bramms. Bajó del tren y corrió con mucha prisa a donde estaban montando el circo. La urgencia de saber qué estaba sucediendo la empezaba a carcomer por dentro, algo dentro de ella le decía que las cosas no iban por buen rumbo. Entonces, vio a lo lejos a la adivina subiendo al tren y corrió lo más rápido que pudo en línea recta sin evitar chocar con algo, al cabo nada estorbaría su trayectoria.

−¡Vorianaaaaaa! −le gritó mientras se acercaba a ella− ¿Dónde está Bramms?

−Tú sabes dónde pequeña, el plan fue de ustedes. −dijo ella consternada por la pregunta− ¿Cuál es la urgencia?

−¿Ya fue alguien por él? −preguntó mientras trataba de recuperar el aire perdido en la carrera.

−No, aún no. −dijo ella dubitativa− ¿Quieres averiguar si alguien se presta para ir por él?

−¡Yo voy! –dijo ella rápidamente.

−Pero… −objetó preocupada buscando una excusa para decirle que no− Ni siquiera sabes dónde está la casa. ¿Qué tal que te encuentres con algún Bleizen? No podemos darnos el lujo de arriesgarnos así.

La enöriana guardó silencio unos segundos observando la mesa del primer vagón. Su respuesta estaba ahí, en las lucecitas que brillaban sobre el mapa.

−Yo no, pero el mapa sí sabe. −dijo ella poniendo la mano sobre la pequeña esfera que simbolizaba a Bramms.

−¿Cuál es la prisa? Insisto −dijo temiendo lo peor− Puede ir quien sea, podemos enviar a uno de los etéreos que Ethan invocó.

−¿Ethan? −preguntó Voriana al no reconocer el nombre.

−El arcano mayor, maestro de Bhel −dijo ella impaciente− Insistió mucho en que debe haber función mañana y puso al Éter a trabajar para que todo esté listo en la mañana y nosotros podamos dormir. Si te nos pierdes, sería terrible. No queremos molestarlo, ¿o sí?

−¡Volveré más pronto de lo que esperan! −mintió bajando con prisa del tren después de haber memorizado la lucecita que señalaba donde tenía que ir.

−¡DAHLIA DUNOD! −gritó la adivina con una voz más imponente que la suya−  ¡VUELVE AQUÍ!

−¡No tardo! −volvió a mentir fingiendo inocencia con una sonrisa y esperando que eso hubiera funcionado.

La adivina la vio desaparecer entre los árboles del bosque sin decir nada, preocupada por el destino de ambos. Dime que es una muy mala broma, ¿Éter? Pensó molesta al sentirse inútil. Tanto viaje, tanto plan, tanta precaución para proteger a los dos que ahora estaban lejos de su alcance. ¿Con qué cara vería a Ethan y a Bhel si no volvían al día siguiente?

 

Dahlia caminó por las afueras del pueblo hasta un pasaje que se veía bastante oscuro a falta de las esferas de éter que lo iluminaban. El pueblo terminaba ahí, pero sus habitantes le habían dicho que ese era el camino a seguir para llegar con la pareja de sabios. Que avanzara con precaución le habían dicho, ya que el bosque llegaba a ponerse realmente oscuro. Eso fue un consejo que realmente a Dahlia le importó menos que un comino, era obvio que no sabían lo poco que podrían hacer para intentar atacarla.

La noche parecía hacerlo todo más silencioso, podía escuchar el crujir de las hojas siendo arrastradas por el viento. Irónicamente, estaba sorprendida de todos los sonidos que podía percibir tras ese silencio. Se sentó bajo un árbol a descansar unos minutos antes de proseguir, tenía que pensarlo todo dos veces. No podía negar que un remordimiento por haberle mentido a Voriana le estaba zumbando en la cabeza, pero si estaba decidida a huir con Bramms tendría que superarlo, no podía estar lamentándose todo el tiempo, si no lo había hecho por su ciudad, tampoco lo haría por gente que tiene unos meses de conocer, pensó. Luego, el mismo pensamiento la hizo sentirse tremendamente mal pero algo la distrajo, el viento que transitaba entre los arboles sonó de una manera tan armoniosa que detuvo la lluvia de pensamientos que estaba cayendo en su cabeza y se dispuso a oír.  El concierto que el viento daba era algo digno de su completa atención.

−Gracias −le dijo al viento y éste sopló un poco más en contestación. No escuchó palabras, ni la paz que había sentido en aquél sueño donde había hablado con el Éter, pero sabía que le había contestado.

Tal vez debería aprovechar la oportunidad y consultar con los sabios si escapar con Bramms es buena idea. Si son tan sabios como dicen, sabrán darme un buen consejo. Pensó viendo el pequeño pedazo de cielo que los árboles dejaban entrever. Según le había dicho Karad, ellos sabían mucho de todo Angharad, ya que eran muy viejos, “de otra época” había dicho el director del circo cuasi bromeando. Después de los guardianes del árbol de las almas, eran el oráculo más consultado de toda la isla. Por donde lo viera, tenía que escuchar lo que pudieran decirle.

Se descubrió a sí misma cabeceando cuando un ruido que no provenía del bosque la hizo volver en sí, eran pasos, estaban cerca y se movían rápidamente,  identificó que eran seguidos por otros pasos que se escuchaban agitados. Interesada en saber quiénes eran los dueños de esos sonidos, se dejó guiar por su oído. Se movió sigilosamente hasta un claro donde alcanzó a ver a un par de hombres iluminados por la luz de la luna, los trajes blancos resaltaban más de lo normal en aquella oscuridad natural. Inconscientemente de escondió detrás de un árbol observando qué sucedía. ¿Porqué había bleizens cerca de pueblo? ¿No se habían ido de ahí todos? Pensó mientras los observaba a lo lejos. Amenazaban a una mujer acorralada bajo la sombra de un árbol, pero también pensó que si se distraían,  la mujer podría moverse rápidamente y huir de los embusteros que querían abusar de la desconocida.

Los bleizens no se movieron de donde estaban por un buen rato. Pensó que tal vez estarían discutiendo algo que no alcanzaba a escuchar. Fue cuando uno de ellos levantó el brazo y lo transformó en una filosa espada de agua, que Dahlia gritó “¡Déjenla!”. Al oír el grito, los soldados olvidaron por un segundo a quien atacaban y pusieron su atención en ella. La pura energía de su voz concordaba más con lo que estaban buscando. Genial, así podrá escapar, ya veré qué hago yo. Pensó la enöriana.

Pero eso no fue lo que la mujer en peligro hizo. Dahlia vio cómo la mujer de pelo corto y blanco salió de la sombra tranquilamente, como si fuera algo que hace todos los días, rápidamente abrazó por la espalda al ser de agua y poco a poco se fue hundiendo en su cuerpo. El otro bleizen vio a su compañero fusionarse con aquella mujer, esperando que éste reaccionara o lo impidiera. Al ver que no decía nada, se acercó a ver qué sucedía.

−¡Lárgate o te mato! −gritó el bleizen de agua a su camarada.

Sin dudarlo, el otro ladrón obedeció aquél grito. Estaba tan asustado de haber visto a aquella mujer fusionarse con él que ignoró a Dahlia cuando pasó corriendo a un lado de ella. El que había gritado, ahora estaba retorciéndose en el suelo de dolor. ¿Y la mujer? Pensó Dahlia ¿Desapareció?

Se acercó al hombre que se retorcía en el suelo, cuando estaba a sólo unos pasos de él, éste dejó de moverse. Ella se detuvo en seco, pensó que en cualquier momento se levantaría, pero lo que se puso en pie no fue otra cosa que la mujer de pelo blanco saliendo del hombre inerte.

−Tú… −dijo impactada, viéndola a los ojos mientras ella se hacía a un lado.

−¿Yo? ¿Quién eres tú? −dijo la mujer de pelo blanco agitadamente. Se sentó al lado del hombre y se recargó en el árbol para recuperar el aliento.

Dahlia pensó por varios segundos qué contestar, había tantas cosas que quería decir. Tenía enfrente a la mujer que había hecho que Ellioth se separara del Circo, estuvo a punto de gritarle toda la sarta de quejas personales que juró decirle si alguna vez se la encontraba. Pero se detuvo antes de hacerlo.  Esperaba que no se notara lo impresionada que estaba de habérsela encontrado en ese lugar. Después pensó decirle que venía con el Circo del Alma y toda la faramalla, pero al final decidió que no quería decirle nada. De esa manera terminó por decir:

−Estoy buscando el consejo de los viejos sabios. ¿Sabes dónde está su casa?

−No lejos de aquí… pero no son sabios, no saben nada, ni te molestes en ir. −dijo en respuesta, sonando bastante molesta sin separar la mirada de sus ojos. Estaba sorprendida del parecido que tenían, Dahlia reconoció la misma mirada de aquel cuadro de Ellioth, se sintió culpable de saber quién era ella y que ella no supiera, pero por otro lado le gustaba tener esa ventaja. Tenía que mirar a otro lado para esconder la mirada como si con ello pudiera esconder su secreto, volteo al suelo y vio al hombre que estaba inconsciente.

−¿Y tú? −dijo la enöriana sin mirarla−. ¿Qué le hiciste?

−Está muerto. −dijo muy seria− Fue en defensa propia, él me quería matar a mí.

−¿Por qué? ¿Qué le hiciste? –Dahlia estaba impaciente por saber cómo lo había hecho. ¿Acaso su parecido iba más allá de apariencia física? No recordaba haber oído sobre ninguna maldición que rodeara a la mujer de Ellioth.

−Nada. Venía de consultar a los sabios y a mi regreso me salieron de entre los árboles, no dejaban de repetir algo sobre la niebla y la mujer del secreto, nunca entendí lo que querían, estaba demasiado ocupada pensando como escapar. En un intento de acorralarme rompieron mi último… −la mujer se calló antes de terminar, hurgó en las bolsas de su falda y extrajo un pendiente roto. Al verlo partido en sus manos, sollozó− Era lo último que tenía de él.

−¿De él? −se puso Dahlia en cuclillas para poder verlo de cerca.

−De alguien con quien vivía, un pintor. −dijo la mujer aún mirando el dije roto.

Dahlia no quería tocar el tema “del pintor” con ella, por lo menos aún no. Tenía que hablarle de otra cosa antes de que algo que no quería, sucediera.

−Y… cómo… ¿eres como yo? −preguntó Dahlia tratando de sonar interesante.

−¿Cómo tú? −volteó a verla confundida.

Bien, pensó Dahlia. Por lo menos ya  había ganado su atención.

−Sí, cómo yo. Mira. −dijo la enöriana estirando un brazo para atravesar uno de sus hombros. La mujer miró a la enöriana sin interés hasta que sacaba su mano de su hombro.

−¿Eres un médico de Soleth? −preguntó la mujer suponiendo que entendería.

−¿Eh? No… hasta donde sé… soy de Enör. −dijo confundida.

−Entonces, ¿por qué puedes entrar en las personas? −preguntó Alieth igual de confundida.

−No… no puedo meterme, sólo atravieso las cosas. Nadie puede tocarme y no puedo tocar nada. −dijo un poco decepcionada de repetir la misma historia otra vez.

−Yo sí puedo −dijo Alieth con una sonrisa traviesa.

−Inténtalo si quieres. −Dijo la enöriana incrédula con un poco de impaciencia en su voz. Alieth sonrió de nuevo y murmuró una palabra que la otra no alcanzó a escuchar. Tranquilamente levantó el brazo derecho y con su mano le acarició la cara. Aún incrédula, Dahlia agarró la mano que la estaba acariciando para cerciorarse de que, en efecto, la podía sostener. La volvió a mirar a los ojos con esperanza y un par de lágrimas salieron de ellos.

Pero… ¿Por qué? ¿Cómo? −dijo Dahlia sollozando.

−¿Por qué, qué?  −preguntó Alieth

−¿Por qué me puedes tocar?

−De donde vengo, los médicos tienen la habilidad entrar en las personas. Así, podemos mirar por dentro las enfermedades de los pacientes, curar lo que podamos y darle tratamiento a lo que necesita más tiempo que medicina. Por lo tanto, también podemos destruir a nuestros enemigos desde adentro, podemos meternos a lo que sea mientras sea más o menos de nuestro tamaño. Y pues… yo vengo una familia de médicos. Mira… ¿me dejas intentarlo?

Emocionada, Dahlia asintió pensando que si podía curarla sería muy feliz, podría abrazar a Bramms que había sido muy lindo con ella y por fin podría ser una mujer normal.

Alieth se acercó más a ella y la abrazó tiernamente. Era raro sentir aquella paz viniendo de alguien que acababa de matar a un sujeto, pero no trató de impedir que hiciera lo que estaba tratando de hacer, total, no tenía ninguna razón para hacerle daño. Ninguna que ella supiera, mejor dicho. Sentía como si cada vez la abrazara más y más hasta que el sentimiento de un abrazo venía de dentro de ella.

−Intenta tocar algo, mientras esté dentro de ti, no debe haber problema. −dijo la mujer utilizando la voz de Dahlia.

No tuvo que decírselo dos veces para que la mujer se pusiera de pie e intentara tocar el árbol más cercano. Había olvidado la textura tan especial de la corteza. Sin pensarlo, lo abrazó.

−¡Es genial! −dijo llena de felicidad− Oye… no sé si funcione… pero… si eres lo que dices. ¿Podrías saber qué es lo que está mal en mí? Creo que es algo arcano… pero nada se pierde.

−¡Sin problema! –dijo Alieth dentro de ella.

Alieth empezó a buscar por todo su ser revisando parte por parte. Repasando todo el cuerpo físicamente no podía encontrar ningún error. No había nada que estuviera funcionando mal como para que necesitara arreglo; así que decidió intentar penetrar su alma. Dahlia sentía cómo una esfera de calor se paseaba por todo su cuerpo, era una sensación extraña que no sabía cómo describir.

−Creo que encontré algo. –dijo indecisa la  voz de Alieth.

−¿Qué es?

No recibió respuesta, la llamó un par de veces más y siguió sin contestar, empezó a preocuparse, no quería que se enterara de todo lo que ella sabía. La llamó a gritos por su nombre, pero seguía sin responder, se preocupó aún más cuando dejó de sentir la esfera cálida que se movía de un lado a otro dentro de su cuerpo. Una sensación de pánico estaba a punto de apoderarse de ella cuando sintió un par de puertas abrirse, como aquél día en que se unió al circo.

−¡No! ¡Espera! No te me… −histérica no alcanzó a demandarle que no se metiera. El anfiteatro de su memoria la llamaba a función y no admitía prórrogas. Pero esta vez no podía ver nada dentro de él, no había proyecciones como la vez pasada, ni escenario, ni butacas, ni nada, estaba todo oscuro. Intentó avanzar para averiguar si llegaba a algún lado, pero nada cambiaba, todo era tan negro como en el río del éter, pero sin esa presión intentando aplastarla. En eso, a lo lejos, vio una mariposa color carmín acercarse, conforme se aproximaba, el negro empezaba a bañarse de rojo con lo que ella pensó era una luz que provenía de la misma mariposa. Se posó frente a ella agitando sus alas y una pantalla apareció entre las dos. Ésta proyectaba imágenes fijas como hologramas, pero pasaban demasiado rápido como para que Dahlia tuviera tiempo de identificar qué eran. Pero no lo necesitaba, estaba segura de que todas y cada una eran escenas de su vida. Estaba tan preocupada por saber si sólo ella estaba viendo aquellas imágenes que no se dio cuenta que la mariposa cambiaba de color. De repente, las imágenes se detuvieron en el cartel del Circo, la imagen creció y la mariposa, ahora de color violeta, expandió sus alas. Lo último que Dahlia alcanzó a ver antes de caer inconsciente fue a la mariposa aletear alrededor de la imagen del cartel del circo.

−Dahlia… ¡Dahlia! Despierta. ¿Estás bien? −dijo la voz de la mujer que había estado dentro de ella.

 

Al abrir los ojos, vio el rostro de la mujer que no había sido más que una pintura hasta ese día. Estaba recostada cerca de uno de los árboles del bosque.

−¿Cómo sabes mi nombre? −de pronto la intuición de que su pregunta fue  bastante estúpida la invadió−. Oh, cierto. Viste mi vida.

−Sí y me gustaría saber… −dijo ella interrogante.

−Vengo de un circo que acaba de instalarse en las afueras del pueblo, la imagen que viste es el cartel de la gira que estamos presentando, te llevaría con ellos, pero estoy huyendo de ahí. En la casa de los sabios me espera con quien huiré −Dahlia interrumpió a Alieth antes de que terminara.

−Sólo quiero saber quien lo pintó. −dijo un poco molesta de que no la dejara hablar.

−Alguien en Wynn. −dijo Dahlia mordiéndose la lengua por no decir la verdad completa.

−Las imágenes no me lo mostraron. –dijo Alieth decepcionada.

−Es que yo no lo conocí. −Dahlia mintió dejándose llevar por un ataque interno de celos, agradeciéndole a su memoria no haber mostrado a Ellioth− ¿Encontraste algo sobre mí?

−Muy poco, las imágenes por si solas no dicen mucho. ¿Sabes? Tiene que ver con Enör. Pero no sé qué… Todos los caminos invariablemente terminaban en tu ciudad. ¿Dónde dices que se instaló el circo? −terminó esperanzada de que ahí podría saber algo sobre su pintor− ¿Te molesta si voy?

−¡Pero tu dijiste que podías curarme! – dijo Dahlia emberrinchada.

−Nunca dije que podía… puedo curar enfermedades, pero no maldiciones. Supongo que en tu ciudad podrían ayudarte. −replicó renuente− ¿Me llevas al circo, por favor?

−No sin ver a los sabios antes. −dijo la enöriana tercamente− Necesito ir por mi amigo.

−Los sabios no saben nada… vengo de hablar con ellos. Les pregunté sobre la gente de Soleth, mi gente, y todo lo que me dijeron es que la ciudad de donde vienen está cerca de la capital. ¡Pero Soleth está al norte de Lienns! Debajo del lago. Y la ciudad nunca fue atacada por magos, ni guardianes, ni nada por el estilo. En mi opinión son unos viejos seniles que no saben de lo que hablan.

−Pero… se dice que saben mucho. –dijo tratando de defenderlos sin saber porqué− Lo que me interesa es encontrar a mi amigo, ¿no lo viste ahí?

−A menos de que sea uno de los dos viejos o su gato, no vi a nadie. −dijo Alieth burlonamente.

−¿Segura?−respondió Dahlia sin entender la burla.− Debería estar ahí, esperándome.

−Te doy mi palabra que ahí no había nadie más. −dijo Alieth levantando la mano− Si me llevas al circo, te llevo con los sabios para que te quedes tranquila.

Tranquilidad, eso era lo que estaba buscando desde hace varios días y lo que el ser de fuego le había prometido, pero Bramms se había ido. No sólo se había ido, si no que ahora estaba sola en el bosque, no había cumplido su promesa. Se sentía traicionada, burlada… molesta.

−¿Sabes dónde está Enör? −preguntó interesada.

−¡Claro! Todo mundo sabe dónde está Enör: a sólo un par de horas de Lienns. −aseguró tratando de sonar como una persona con autoridad sobre el tema sólo para impresionarla, porque realmente no conocía del todo bien la isla.

−Más bien… ¿sabes llegar? −dijo pensando que había formulado mal su pregunta.

−Ya te lo dije, está cerca de Lienns… hacia el norte. −la miró intrigada ¿acaso está sorda?− Si tienes un mapa de Angharad, puedo decirte donde está, sería mi forma de agradecerte que hayas distraído a los que me perseguían. Si no hubieras llegado, no sé qué hubiera hecho.

−En el circo tenemos uno muy bueno. −dijo Dahlia resignada a regresar− No tienes nada que agradecer, no podía quedarme y ver cómo te mataban… Oye, ¿y el muerto?

−Cuando desperté, sólo encontré su ropa mojada donde había muerto −dijo Alieth tratando de recordar el momento− ¿Por?

−Eh… No nada… −dijo la enöriana sin saber qué decir. La tranquilidad con la que aquella mujer decía las cosas la dejaba boquiabierta. En sus palabras parecía que no hubiera pasado nada extraordinario, como si fuera matar fuera cosa de todos los días.

−Por cierto, soy Alieth. –dijo la solethense con una cálida sonrisa− Mucho gusto.

−Ya sabía −dijo Dahlia respondiéndole la sonrisa.

−¿Ah sí?

−Sí −dijo ella pensando en cómo terminar la conversación. Decirle “ya sabía” no fue buena idea, pero no pudo evitarlo. Fue un golpe de guante blanco que el orgullo la obligó a dar− ¿Estuviste dentro de mí, recuerdas? Así como tú viste toda mi vida, mínimo yo puedo saber tu nombre, ¿no?

−Pues… sí, supongo. −contestó Alieth no muy convencida.


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