VI · La Realidad Absoluta

Desde hace mucho tiempo lo he deseado… o bueno, siempre he querido tener esa capacidad absoluta de poder modelar mi futuro a mi antojo. Yo nací con la habilidad de ver cómo las cosas se relacionan entre sí, supongamos que las consecuencias del efecto mariposa no solo tienen que suceder al otro lado del mundo, también suceden a unos metros. Entonces cada acción, cada decisión afecta el entorno de una manera importante. Si en la mañana hubieras dado vuelta en esquina a la derecha la persona de a tu lado se movería un poco para abrirte paso, esa acción a su vez la distraerá de voltear a la derecha donde al otro lado de la acera hubiera visto como un perro callejero trata de robar las sobras de hotdogs de un carrito. Si todo esto no hubiera pasado esa persona habría notado al perro y lo hubiera adoptado, quien en un futuro lo salvaría de una fuga de gas.

Lastima que no lo hizo.

Y…

Bueno, mi don es ese. El de poder ver todos esos camino aleatorios que se trazan a través de las decisiones, al principio era abrumador pero de alguna manera aprendí a filtrarlos y solo poder notar los caminos que me interesaban. Día a día me preguntaba si esos caminos eran definitivos, si esas relaciones podrían ser cambiadas al antojo como un gran algoritmo que diera el resultado que quiero y así poder moldear el destino.

Con el tiempo noté que esos caminos están compuestos de cuatro factores: tiempo, espacio, materia y energía.

Y esto es lo que me trae al día de hoy a esta mansión. He descubierto que existen personas que pueden tejer estos factores a su antojo, aunque no tienen el control sobre el destino en sí, influyen en cómo se teje.

De alguna manera debía de obtener ese poder.

En la década de los cincuentas conocí a un físico alemán (tejedor de energía no muy brillante en su juventud) que se hizo famoso por descubrir la relación entre materia y energía, me demostró que gracias a mi don podía obtener control sobre estos factores siempre y cuando pudiese obtener lo elemental de estos individuos. Según él, sólo debía de trazar los caminos en reversa para convertirme en el anti-elemento de cada uno de ellos y así absorberlos, es una lástima que Albert no sobrevivió para poder explicarme la integración de estos cuatro elementos fundamentales, si lo hubiera hecho tal vez todos cambiaríamos esos caminos a nuestro antojo.

Lo cual no me convenía porque yo quiero ser el único capaz de hacer eso.

Es por eso que he convocado a los tejedores a esta casa, para arrebatarles sus poderes y alimentar los míos como el tejedor absoluto del destino. Mi pan es muy simple, solo tengo que lograr que ellos se destruyan entre sí y que el contenedor que les arrojé pueda absorber todo para canalizarlo hacia mí.

Aunque este grupo es muy similar a los anteriores, me preocupa demasiado, hay dos tejedores muy poderosos y con mucha experiencia que contrastan con la de las tejedoras. Será mejor que me apresure a deshacerme de ellos.

 

****

 

– ¿Lo es? –Lancé la pregunta que resonó en cada uno de los cuartos buscando responderle a quien aseguraba que era una mentira.

Tristán que sostenía en los brazos a una Juliana enloquecida, notó que ese cuerpo no emanaba energía, que al contrario se la estaba absorbiendo como un hoyo negro. Sintió como perdía sus fuerzas, sus recuerdos, su sabiduría, trato de soltar a la falsa Juliana pero en un abrir y cerrar de ojos se dio cuenta que era él quien estaba siendo abrazado por un anti-Tristán, su copia al carbón, lo único que se le ocurrió hacer fue sobrecargar el flujo de energía hacia el impostor.

–¿Quieres tener todo esto? Pues abre bien la boca –gritó Tristán mientras aumentaba el flujo de energía hacia el impostor quien no pudo contener tanto poder y terminó explotando, llenando la habitación de luz por un instante y arrojando a Tristán al vestíbulo de la mansión.

– ¡No, no lo puedo resistir más! –Escuchó Tristán justo en el momento en el que dejó de percibir la energía de uno de los tejedores.

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