VII · Laberinto vivo

La ilusión se rompió y la oscuridad los había envuelto a todos una vez más cuando escucharon el grito. Isaac trató de levantarse y encontrar una manera de salir de aquello, la telaraña del tiempo le decía que sí había una salida pero estaba tan oscuro que no encontraba dónde. Golpeó todo lo que pudo hasta que se cansó y se dejó caer por el cansancio. De repente escuchó como si un espejo se cuarteara, era fácil encontrar de dónde provenía eso ya que un rayo de luz entraba de la rajada cada vez más grande. Cuando la oscuridad se rompió pudo ver que algo se acercaba a él, no podía distinguirlo porque su vista todavía no se acostumbraba a la luz, porque la oscuridad estaba quitándole toda la energía que la permitía estar en pie.

-Vamos, es hora de encontrar qué sucede –dijo una voz que le sonó familiar-. Salgamos de aquí.

Sintió que un par de brazos lo ayudaron a ponerse en pie y aquello lo llenó de energía. Incluso su vista se recuperó en un instante.

-¿Tristán? –dijo lleno de felicidad.

-Así es… -dijo el hombre de anteojos- y Juliana también. Vamos a buscar a Ixchel y salir de aquí. No puedo sentir su energía, pero estoy seguro que está escondida en alguna parte de ésta mansión.

-¿Qué fue lo que pasó? –Le pregunté cuando la oscuridad se terminó de romper y los tres nos encontrábamos en el recibidor de la casa una vez más.

-Al parecer hay alguien más dentro de la casa. Alguien que puede controlar la forma de sus pasillos y cuartos a su gusto. Alguien que quiere lo que es nuestro y está dispuesto a matarnos para conseguirlo –dijo Tristán al acomodarse los anteojos sobre su nariz-. Lo que no sabe es que se topó con la gente equivocada, tú sabes lo que dicen “metete con el toro y tendrás los cuernos”.

-¿Y qué vamos a hacer al respecto? –dijo Isaac al mirar la incomodidad con que Juliana los observaba a ambos.

-Juliana tiene una idea –dijo Tristán.

-¿Yo? –dijo ella aún más incómoda- No es gran cosa, tenemos la teoría de que la casa no es más que un gran laberinto esperando a ser resuelto. Y al poder manipular algunas de sus características tenemos una gran ventaja. Sólo tenemos que encontrar a Ixchel y hacerlo sin que quien está detrás de todo este se dé cuenta.

-Suena más fácil de lo que seguro es –admitió Isaac con pesadumbre.

-Y yo pienso hacerlo aún más difícil –dijo una cuarta voz que al parecer no provenía de ningún lugar y de todos al mismo tiempo- no van a ir a ninguna parte.

El salón comenzó a temblar inmediatamente, las puertas y ventanas estaban siendo borradas una a una pero había algo raro en todo aquello. Algo que los tres que buscaban refugio de aquél desastre podían notar gracias a la materia, la energía y los hilos del tiempo; parecía que la casa estaba resistiéndose a aquél cambio.

Su presentimiento se confirmó cuando en una de las paredes vacías se escribió una nota por si sola.

 

“Necesito que confíen en mí un poco”

 

Debajo de dicho letrero había una pequeña puerta abierta.

¿Deberíamos? –preguntó Juliana en voz alta sin ver a sus compañeros.

El letrero cambió a una sola palabra.

 

“Rápido”

 

-Sólo hay una manera de saberlo –dijo Tristán al jalar a sus compañeros de la mano- pero creo que la casa misma nos está intentando ayudar. Sólo creo.

La puerta desapareció a sus espaldas y alguien, en algún lado, no estaba muy contento al respecto.

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