Zarzamora y lo que no se terminó de contar.

Hace cuatro años y un par de meses -pinche tiempo que prisa tienes- estaba yo ayudando a mi madre a entretejer una historia sobre una brujita que no encontraba su escoba, que tenía dos corazones, que le gustaba cantar, que perseguía ciegamente la espalda Orfeo -aunque el mito le advirtiera que eso no iba a acabar bien- y que una enfermedad que amenazaba con matarla.

Pocos meses después lo mismo le sucedió a mi madre y la amenaza se cumplió,  así que la palabras dejaron de caer de su cabeza  a la pantalla y la historia se quedó a medio hilar.

Éste es el inicio de ese algo que quizá algún día acabe. O quizá no porque sólo ella sabía lo que quería contar pero me encontré los apuntes entre mis textos, al hacerlo casi pude escucharlos rogarme porque los compartiera y no encontré una buena razón para decirles que no, así que de eso se trata el fósforo de este mes, espero lo disfruten. 

 

De silencios por vivir y otras razones para morir

Hay gente que cree en la música como algunos creen en los cuentos de hadas. Gente que necesita de algo más tangible para tener paz. Gente como la chica enzarzada, eternamente enamorada y de un humor deliciosamente ácido de esta historia que está por empezar. Dado a su forma de ser, llamaremos a este personaje Zarzamora.

Nació con algunos problemas congénitos: unos dulces ojos soñadores, un alma adolescente incapaz de madurar y varios cuarzos en el cerebro de donde brota un negro cúmulo de rizos enredados. Por si esto fuera poco, Zarzamora tiene dos corazones, uno que late fuerte e involuntariamente dentro de su pecho y otro que le da vida a sus elecciones. Lo que ustedes no saben es que al tener dos corazones, los problemas son de sincronía y, en ella en especial, suelen generar impulsos contradictorios. Por lo mismo, mantiene a éste último en desuso, lo guarda en un cajón junto a su cama. Así como tiene la firme creencia de que uno tiene que seguir su corazón, también supone que a nadie, incluida a ella misma, le gusta lidiar con alguien tan incoherente.

Por supuesto, como toda mujercita que se precie de serlo, desea ser amada. Aunque en realidad no sé si  “ser amada” sea la expresión más afortunada en este caso, considerando que posee dos corazones y tumores de amor en el cerebro, más bien lo que a ella le gusta es andar amando.

Antes de que anden por ahí, empezando a creer algo que no es el caso con esta chica tengo que explicarles sobre esas piedras que la acompañan desde que nació. Ella los llama tumores del amor porque la obligan a tratar permanentemente de hacer feliz a alguien o a algunos alguienes. O a la mayor cantidad de alguienes posibles. Claro que con algunas excepciones, pues siempre hay quienes a uno no le importa un carajo si son felices o no. En su caso es siempre y cuando las piedras no estén molestando. Porque cuando ignora el efecto de tanto amor en la cabeza o cuando sus dos corazones laten a destiempo, esas malditas rocas le provocan migrañas insoportables.

Otra consecuencia de tener la cabeza llena de piedritas es que frecuentemente olvida, como por ejemplo dónde deja las cosas. Así que gran parte de su tiempo lo pierde buscando,  porque también suele suceder que se le olvida qué andaba buscando. Pero esto no siempre es malo. A veces, sin querer, encuentra tesoros perdidos. Y bueno, esto la ha hecho un tanto adicta a la sensación de encontrar. También adora los rompecabezas, porque mantiene su cabeza ocupada y sin amores de por medio, busque y busque y con por lo menos 2500 posibilidades de encontrar la pieza adecuada para el hueco presente.  

Ahora bien, ser mujer hoy en día, tener un espíritu libre y un alma adolescente, no me van a dejar mentir que no resulta sencillo de conciliar en un mundo como el nuestro.  Por lo que ha desarrollado una profunda vocación para embaucar y embaucarse, ahí es donde viene ese ácido humor que la mantiene de pie.  Pero en el fondo, su alma guarda secretos que no comparte con nadie, ni con ella misma  y sólo en sueños se revelan las sombras que la acompañan.

Y bueno, como toda chamanita que se precie de serlo, tiene su escoba mágica pero le da miedo usarla para volar despierta y como no le gusta barrer, de día es sólo un lindo accesorio que hace juego con su atuendo y aporta a su personalidad. Pero de noche, cuando sueña y ensueña, no sólo vuela por los aires. También la usa para surfear sobre las aguas,  patinar en hielo, bailar con el fuego o dibujar en el tiempo.

Pero el verdadero problema de tener dos corazones, más allá de hacerla parecer como una loca inconsistente, es que es incapaz de decidir nada por completo. Situación que más de algún alguien aprovecha para decidir por ella, mientras ella rinde culto al azar,  apelando a la suerte de su encuentro.  

Lo único que logra conciliar los corazones de Zarzamora, haciéndolos pulsar a un mismo ritmo, es su indomable pasión por Orfeo, maestro de los encantamientos. Quien en realidad es  hijo de Apolo, aunque algunos hayan querido negar dicha paternidad y atribuirla a Oagro, rey de Tracia. Sólo su música logra ablandar a los demonios que frecuentemente la acompañan y hacer bailar su alma. Y aunque el mito no profetiza final feliz,  ella se conforma con la ilusión del trayecto, de algún día alcanzarlo y verle la cara, de la compañía de Sabina, su amiga y ocasional compañera de viajes, que aunque no platica nada, sabe sonar bien su pandero.

Por las noches, cabalgan juntas en su escoba, persiguiendo a Orfeo. Guiada por la pasión que se mece en el pulso de sus corazones, como si fuera combustible de un fuego devastador que tiene su derecho y su revés: por un lado desvanece la farsa de su vida y por el otro, genera actos prodigiosos. Además esa pasión es contagiosa.

Por eso quiero que ella les cante lo que tiene entre mis manos:

 

Me gusta mojarme en la lluvia de tus manos

escuchar el compás preciso de tu marca pasos.

Saborear tu agridulce risa con veneno y

el olor de tu nombre a hierba con deseo.

Quiero que me descubras con los ojos cerrados.

Encontrarte en el camino que no va a ningún lado,

roer los límites del bosque encantado.

Te sigo despacito para no cambiar el viento.

Te cuento un cuento de hadas para robarte un secreto.

Te sigo de cerquita para no soltar tu aliento.

Y me cuento un cuento de hadas para soñarte cuando despierto.

Me gusta como miras

cuando no dices nada

y el color de tu voz

…cuando tu alma está cansada

Quiero descubrirte  con los ojos cerrados

Encontrarnos en el camino que no va a ningún lado

roer los límites del bosque encantado

Te sigo despacito para no cambiar el viento

te cuento un cuento de hadas para robarte un secreto

Te sigo de cerquita para no soltar tu aliento

Y me cuento un cuento de hadas para soñarte cuando despierto

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